La pesca busca titulados para relevar a 6 de cada 10 mandos, que se jubilan

Inmigrantes palían la escasez de marineros rasos que paralizaría a la flota


redacción / la voz

Quedan unos 8.000 pesqueros de bandera española, 7.640 en caladeros nacionales y 360 en internacionales, según los últimos datos del Ministerio de Agricultura y Pesca. Solo a bordo emplean a unos 28.000 profesionales, 3.000 de ellos de otros países, revelan las cifras de afiliados a la Seguridad Social. Porque quien puede evita la pesca y, también, porque España exige más marinería y titulados que otros países de la UE y del mundo, los armadores barruntan naufragios a pocos años vista. Obviamente, no pronostican que los barcos se hundan físicamente, pero sí como generadores de riqueza y de empleo. Si nadie lo remedia, se irían a pique sin soltar amarras, obligados a permanecer inactivos en puerto porque carecen de tripulantes.

El diagnóstico lo comparten Basilio Otero, presidente de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores; Sergio López, gerente de la Organización de Productores Pesqueros (OPP 7) de Lugo; y Manuel Bermúdez, responsable de proyectos en la sociedad de armadores Puerto de Celeiro, pero también Juan Martín, gerente de los productores de Marín y otros representantes del sector.

Por mucho que los dueños de pesqueros proclamen la mejora de las condiciones laborales y de vida bordo, lo de trabajar en un medio hostil como el mar y separado de los seres queridos no motiva a los jóvenes españoles.

Flexible en altura, no en litoral

Sin los inmigrantes embarcados como marineros rasos, numerosos pesqueros gallegos y españoles sumarían paros forzosos o ya habrían desaparecido. Sobre todo de la flota de altura y de gran altura, minoría de la nacional, pero con tantas capturas e ingresos como para ser puntal económico. Advertido de una cascada de amarres por falta de mano de obra, el Gobierno aceptó en el 2019 flexibilizar la contratación de tripulantes de terceros países.

Así solventó el problema de la marinería para los que faenan fuera de aguas españolas. Aunque es similar, no resolvió el de los pesqueros del caladero nacional. Acuciados por la necesidad, y sin respuesta de los servicios públicos de empleo a sus demandas de personal, cientos de armadores gallegos, asturianos, cántabros y vascos aún aguardan respuestas. Con su respaldo, la Asociación de Volanteiros de Galicia apeló a Inmigración. Ahí continúan con «reuniones con otros organismos y Administraciones, intentando facilitar el encaje de estos marineros respetando la normativa vigente».

Suplir con extranjeros la falta de mandos es mucho más complicado que con la marinería. Aunque la acreditación del Estado de origen carezca de validez en España, el personal de cubierta puede ser enrolado con un curso de marinero-pescador de tres días. Convalidar títulos de otros países o ampliar las competencias de algunos españoles requiere que se ajusten al Convenio Internacional sobre Normas de Formación, Titulación y Guardia de la gente de mar, STCW, por sus siglas en inglés.

Retirarse a los 55 años

Cerca del 65 % de los mandos en activo rondan la jubilación. Por la dureza y penosidad del trabajo en el mar, pueden retirarse a los 55 años. Y no hay relevo, ni se prevé a corto plazo porque la mayoría de alumnos de escuelas náutico-pesqueras y de formación profesional eligen derroteros distintos a la pesca. Experiencias de formación profesional dual no han dado los resultados esperados, pese la implicación de armadores que querían crear canteras de tripulantes. Ya hace tiempo que la escasez de patrones y maquinistas los ha revalorizado. Los armadores se los disputan tirando de talonario y ofreciendo todo el bienestar profesional y personal posible. Las autoridades no permiten zarpar a ningún barco si no enrola al personal cualificado mínimo que exige España en puente y máquinas, igual que en cubierta.

«O futuro das tripulacións de base pasa por contratar estranxeiros», dicen las cofradías

Dueño de un pesquero de artes menores, patrón mayor de Burela y presidente de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores, Basilio Otero constata como la «principal preocupación» y asignatura pendiente «facer a pesca atractiva para a xente nova». Mientras, «o futuro das tripulacións de base pasa por contrata estranxeiros», como ya hace la flota de altura y pretende la de litoral, en condiciones similares.

A los jóvenes que rehúyen la pesca como opción laboral les dice que «hai salarios realmente interesantes na maioría de pesqueiras, con varias ducias de miles de euros ao ano para un mariñeiro, e soldazos para os mandos».

En su opinión, como la escasez de marineros se está resolviendo con los inmigrantes, para la falta de patrones y maquinistas «a solución máis inmediata é moi fácil»: cambiar la normativa española de titulaciones y, por ejemplo, equiparar las atribuciones de un patrón costero polivalente a uno de litoral. Eso está pendiente de que España apruebe el curso con el que podrían ampliar sus competencias ajustándose a los requisitos marcados por el convenio STCW. Otero cree que ese podría ser «o primeiro paso» para frenar las disputas entre armadores por los titulados. Otra posibilidad sería «o recoñecemento na formación non regrada, acreditar capacitación por experiencia, como fai Asturias».

«Hai xente que gana 4.000 euros ao mes», sostiene la OPP de Lugo

«A falta de titulados é o problema número un de todas as flotas», subraya desde Burela Sergio López, gerente de la OPP de Lugo. «Houbo e hai barcos amarrados» porque sus dueños no encuentran quién los mande, un problema «que vai a maiores porque moitos dos que están en activos pasan de 50 anos». Si nadie los releva, «en 2 ou 3 anos os amarres de barcos serán maiores». «Polas convalidacións» de títulos, «non se poden» cubrir esas vacantes con extranjeros, un remedio ante el desinterés de los españoles por la pesca «que máis ou menos se solucionou con inmigrantes». En ese escenario, López demanda «algunha solución urxente, que pode ser aproveitar os patróns costeiros para que poidan exercer como patrón de litoral». Otra posibilidad sería «flexibilizar os ascensos» y, al mismo tiempo, «facilitar a formación por Internet» de los profesionales en activo interesados.

Avances a bordo

Ratifica los «avances moi importantes en conciliación e condicións de vida a bordo», no todos los que quisieran porque la UE continúa sin «permitir mellorar as condicións dos barcos» aumentando los espacios donde viven los tripulantes, no su capacidad de pesca. Tiene claro que la falta de tripulantes «non é por cartos: hai xente que gana 4.000 euros ao mes». Aun siendo «un traballo moi duro, nun medio hostil e condicionado ao que capturas, os traballadores que máis ganaron nos últimos anos son os do mar, unha clave positiva que non puxemos en valor».

«Por cada oficial que non se substitúe, pérdense 32 empregos»

Cuando el mes pasado el ministro de Pesca los visitó para pulsar la realidad de la pesca gallega, dirigentes de Puerto de Celeiro le describieron una «situación moi preocupante» que explica Manuel Bermúdez, responsable de proyectos en esa sociedad de armadores de Viveiro: «O 65 % dos mandos da ponte da nosa flota pasan de 50 años, unha radiografía que se repite na de toda España e que significa que nos próximos cinco ou sete años se van retirar».

«Vaise ir a xeración máis importante e dende as escolas non chegan relevos suficientes», añade. La escasez de patrones y de maquinistas no se mitiga con extranjeros, mano de obra que ha aliviado «bastante a falta de personal de cuberta». Y pone el acento en la gravedad del problema «porque formar a un oficial require tempo e si non atopamos unha solución seria se compromete o futuro de unha maneira aterradora porque por cada oficial que non se substitúa pérdense uns 32 empregos».

Dificultades

Bermúdez constata que ahora «é complicado atopar xente de aquí que queira traballar no mar, igual que na agricultura». Aunque los mandos «están ben remunerados e ningún titulado de formación profesional gana tanto como un da pesca», lo cierto es que ahora «é difícil convencer aos mozos aínda que lles asegures un emprego fixo e un salario interesante». Barcos más cómodos y sueldos mejores parecen contar menos que las aspiraciones de las nuevas generaciones, «que valoran máis unha vida máis próxima en terra».

Armadores de Marín recurren a Internet para tener una bolsa de trabajo

Antaño, cuando un acuerdo pesquero obligaba a contratar nacionales de un tercer país, los armadores bufaban por tener que incorporar a gente sin experiencia. Hoy, ese imperativo se ha convertido en una «válvula de escape» para la flota, señala Juan Martín, gerente de Opromar, e incluso se embarca a más del 60 % que exige, por ejemplo, Mauritania. Pero aún así hay problemas para completar tripulaciones. En altura, en litoral y en bajura. Solo en los barcos adscritos a esa organización de productores harían falta, en cálculos de Martín, unos 200 trabajadores. «La gente tiene que relevarse y el problema es encontrar esa doble tripulación», dice.

Para paliar esas carencias, los armadores de Marín han abierto una bolsa de trabajo digital en el que recogen los currículos y las solicitudes para embarcar. Se han dado de alta más de un centenar de aspirantes, pero es pronto para «analizar resultados».

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