¡Disfrutad de la política de salón!


La gestión política debería ser el arte de resolver problemas y no de crearlos…

La pesca es una actividad complicada donde se citan competencias de diferentes niveles y Administraciones, organizaciones internacionales, europeas, nacionales y autonómicas, e incluso distintos departamentos de una misma Administración. Por ejemplo: Pesca, Trabajo, Sanidad, Fomento, Interior, Transición Ecológica…

En el último año, la pesca ha sido calificada como sector esencial y ha mantenido su actividad para suministrar a las familias un alimento rico, saludable y con una adecuada relación calidad-precio. Al principio de la pandemia ni teníamos, ni nos permitían comprar EPI (equipos de protección individual), bajo amenaza que nos los podían confiscar. Los canales de venta funcionaron de forma inestable, aún así, la mayor parte del sector mantuvo el tipo. Otros departamentos que tenían que prestar servicios tan básicos como el ISM o las Capitanías Marítimas plegaron velas y cerraron sus puertas.

Para poder resolver los problemas suelen hacer falta dos cuestiones: saber y querer...

Acercarse al sector para conocer de cerca los problemas reales y buscar las soluciones adecuadas no debe considerarse un desprestigio para los gobernantes, sino todo lo contrario. Esa tan anhelada «cogobernanza», utilizada de forma recurrente en el discurso público, es lograr una gestión inteligente al corresponsabilizar y compartir entre todos los actores implicados, los análisis de la situación y sus soluciones.

El problema es cuando no quieren… y de esto tenemos experiencias todos los días.

Quizás la más llamativa de estas últimas semanas tiene que ver con la gestión del marrajo, especie capturada por la flota de palangre de superficie dentro de los cánones legales de la pesca internacional regulada por ICCAT (Comisión de Pesquerías del Atlántico Norte) y el Ministerio de Pesca, pero donde el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico considera que no se debe comercializar por ser una especie incluida en el apéndice II de CITES. Ante esta prohibición, tan aplaudida por las oenegés de ámbito conservacionista y medioambientalista, deberíamos recordar algunas cuestiones importantes: la decisión de incluir en el apéndice II de CITES al marrajo dientuso (por cierto, es la primera especie incluida que se dedica al consumo humano) fue un objetivo político de algunos países en defensa de otras especies pesqueras competidoras, cuestión acordada además en contra del propio criterio técnico de los expertos de la FAO y de la Secretaría Técnica de CITES. La inclusión en el anexo II, en agosto del 2019, no significa que la especie esté prohibida, sino que debe tener más controles para su comercio internacional. Estas oenegés que aplauden tanto la prohibición, con escaso conocimiento de la situación coyuntural del stock, atienden en la mayoría de los casos a intereses de grandes multinacionales de este y otros sectores, molestos con la actividad de nuestros buques porque interfieren en su política de expansión y enriquecimiento y frenan su apropiación del medio marino… En otras palabras, es como si para evitar los accidentes de tráfico en las carreteras, se nos prohíbe circular. Necesitamos más gestión y menos prohibición…

Un segundo ejemplo tiene que ver con lo que desde nuestro punto de vista es el principal reto del sector pesquero: la renovación de las tripulaciones y sobre todo de los titulados, cuestión que llevamos años alertando y que ha provocado que algunos barcos (empresas) queden amarrados sin poder salir a faenar. Cualquiera empresa parada involuntariamente debería ser un trauma para la clase dirigente, porque es el resultado de que NO han hecho su trabajo y NO han resuelto los problemas a tiempo.

Pero aquí, nadie se inmuta. La cuestión es hacer cada vez más regulación y poner el mayor número de pegas posible. Y si desde el sector aportamos soluciones, surgen Instrucciones de varios departamentos, contradictorias entre sí, que lo único que hacen es complicar todavía más la situación.

Vemos que la mayor parte de los sectores productivos tienen el mismo problema  de falta de personal; en agricultura, forestal, piedra, construcción, hostelería… Pero el pesquero tiene una casuística especial, ya que para embarcarse hacen falta una serie de cursos previos que no siempre están disponibles. El INEM sigue sin enterarse y responde a las ofertas de puesto de trabajo con perfiles que no se pueden contratar porque no son aptos para embarcar. Por otro lado, todos nuestros certificados tienen caducidad y hay que renovarlos entre dos y cinco años. No sirve que lleves en el sector 20 años ininterrumpidos, cada cierto tiempo hay que pasar por caja. En los momentos actuales, otro ejemplo de incoherencia es la obligatoriedad de renovar ciertos títulos en aulas sin distancias de seguridad, incluso con sesiones prácticas donde hay contacto entre los participantes y sin medidas de protección…

En fin, hay muchas cuestiones que se engloban en lo que llamo la política de salón, cuando los que nos gobiernan no saben o no quieren saber, y que además de desconocer la realidad, tampoco se preocupan en buscar soluciones. Vemos que la gestión pública se está reduciendo en muchos casos a globos sonda, solo a hacer eslóganes y enviar mensajes a través de las redes sociales, con excesos de populismo, de imposición y no de interlocución, echando la culpa siempre al contrario… Lo que da como resultado una verdadera política de salón, aquella que realmente no conoce la realidad ni pretende mejorarla…

Por Sergio López Gerente de la Organización de Productores Pesqueros de Lugo (OPP7)

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