La Xunta exige a Madrid que impida la destrucción de 90 toneladas de marrajo

Insta al Gobierno a dar salida a la mercancía retenida en barcos y frigoríficos


redacción / la voz

O desde Madrid se proporciona una solución, o a la flota de palangre de superficie -mayoritariamente gallega- no le quedará más remedio que destruir las 90 toneladas de marrajo dientuso que un ministerio -el de Agricultura y Pesca con Luis Planas al frente- le autorizó a pescar en el Atlántico norte, pero que otro departamento del mismo signo político y Gobierno -el de Transición Ecológica, bajo las órdenes de la vicepresidenta Teresa Ribera- no le permite comercializar.

Noventa mil kilos que ahora están almacenados a bordo de los propios pesqueros, ocupando espacio en la bodega, o en contenedores y frigoríficos, generando gastos. Y más costes que provocarán si el Ejecutivo central continúa vetando su destino al consumo humano, pues deshacerse de ellas entregándolas a un gestor autorizado para que destruya esas toneladas de proteína no saldrá gratis. Al revés. En medio millón de euros cifra la patronal pesquera Cepesca el impacto económico que eso tendría «para unas empresas familiares que ya están al límite por el covid y por las dificultades de mercado».

Un desperdicio alimentario de dimensiones escandalosas que la Xunta trata de evitar que se consume. Tras reunirse el pasado fin de semana con las organizaciones representativas del palangre de superficie gallego y con las empresas de transformación asociadas, la conselleira de Mar, Rosa Quintana, exigió a Madrid «unha solución urxente ao bloqueo que está a sufrir a comercialización do marraxo», veto que está poniendo en serio peligro la rentabilidad de las casas armadoras.

Ejecutivo gallego y sector coinciden en que es el Gobierno central el que tiene que proporcionar solución a un problema que él mismo ha generado al «autoimponer unha cota de comercialización da especie inferior ás posibilidades de pesca fixadas pola organización responsable da xestión pesqueira». Y no fue porque desde Galicia no se le hubiera alertado: la propia Consellería do Mar «advertiu á Administración central en varias ocasións desde finais do 2019 dos graves prexuízos que xera á frota e á industria vencellada a ela» ese desfase entre los dos ministerios.

El origen del bloqueo a la comercialización de marrajo está en la inclusión de la especie en el apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) en agosto del 2019. Desde entonces, todo lo que se comercialice tiene que ir acompañado de un certificado de la Secretaría de Estado de Comercio, previo informe favorable de Transición Ecológica. Ocurre que ese departamento emitió esa autorización para 350 toneladas, cuando la flota podía pescar hasta 900. Así, cuando se alcanzó la cantidad aprobada por Ribera, las capturas que amparó Planas quedaron bloqueadas por la falta del certificado que se exige para vender el marrajo en el mercado internacional.

Complemento

Aunque no es la especie principal del palangre de superficie gallego, el marrajo dientuso sí es un importante complemento para este segmento de flota. El veto a la comercialización de la especie afecta de lleno a 120 buques de palangre de esta modalidad que dan empleo a más de 850 tripulantes, según datos de la Consellería do Mar. Además, se trata de un sector que exporta, junto a la industria asociada, cerca de 125 millones.

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