Cierre hostelero y cercanía del entroido dejan las mariscadas a precio de saldo

Bogavante, cigala o camarón cuestan ahora la mitad que en diciembre


redacción / la voz

A Carmen aún le duele la mano al recordar los 120 euros que hace escaso mes y medio pagó por cada kilo de cigalas compradas. Muy buenas, muy frescas, de gran calidad y, según quienes las degustaron -porque Carmen es alérgica al marisco y no pudo dar cuenta del manjar-, riquísimas. Pero no eran muy distintas a las que el viernes lucían su buen color a 42 euros el kilo en un puesto del mismo mercado en el que las compró en diciembre -la coruñesa plaza de Lugo-. Y podían encontrarse más baratas. A 38 se vendían anteayer en una pescadería de Monte Alto e incluso se podían encontrar, descongeladas y de Gran Sol, a 16 euros, que era el precio que tenían, también el viernes, en la sección de pescadería de una conocida cadena de supermercados. La misma que publicitaba un precio especial para la centolla de importación: 3 euros el kilo.

Porque la cigala no es el único producto que se ha dejado un tercio de su valor por el camino que lleva del 23 de diciembre a la cuesta de enero y baja hasta el valle que el desenfreno -este año frenado- del entroido supone para el consumo de pescado. En esta ocasión, ese descenso es más pronunciado porque las cachuchas, chorizos y lacones han coincidido con otro campo abonado para reducir la oferta: las restricciones hosteleras y las limitaciones de la restauración.

El percebe, sin ir más lejos, es otro de los damnificados. Si no se ha dejado cien euros en ese lapsus de tiempo, poco menos. Da fe Israel Martínez, de la casa subastadora Paco Moinelo, la que más de este crustáceo comercializa en la lonja del Muro. Claro que no se puede perder de vista que el percebe en las fiestas alcanzó los 270 euros el kilo, «era muy bueno». Y que alcanzó ese precio porque hubo muy poco, dado que el temporal no permitió trabajar bien. Eso mismo, el castigo climatológico, es lo que está impidiendo que ahora, en febrero, el percebe cueste todavía menos, en especial el de mayor calidad. «En el mercado hay dos placeras que venden bien, pero los que tienen por clientes a los propietarios de bares y restaurantes lo están pasando mal», argumenta Martínez. Es cierto que se compra para casa lo que antes se comía en restaurante y que hay quien lo dispensa online, pero con la hostelería medio cerrada «no es lo mismo». Así, el precio medio en la lonja de A Coruña está en los 23 euros y en los dos últimos meses, el máximo no llegó a los 33 euros. Y aunque hay contadas excepciones -en Cedeira alcanzó hace una semana 129 euros-, son realmente contadas, fruto de la coincidencia de encargos ineludibles en días de escasa oferta de producto.

Mejor que en diciembre

La centolla es otro de los mariscos que se han puesto al alcance de bolsillos más modestos que en diciembre. En aquellas fiestas hubo plazas en las que se pedían entre 40 y 60 euros el kilo. Ahora es posible encontrarla por debajo de los 10 euros. Y de la ría. Porque si viene de Francia u otras latitudes -menos apreciada que la de O Grove, por ejemplo-, puede degustarse por 3 euros, como ya se ha dicho. Y lo mejor de todo es que en estas fechas está mejor que hace un mes. Ha ido ganando en cuerpo y sabor a medida que decaía el tirón navideño...y su precio.

Otro producto susceptible de añadir a esa mariscada en tiempos de laconada es el bogavante. Hace mes y medio se pedían fácilmente 60 euros por kilo. Hoy puede encontrarse en el mercado en una horquilla que se mueve entre los 25 y 35 euros. En todo caso, la mitad de lo que costaba en plenas fiestas de Navidad.

Eso sí, hay que olvidarse de la nécora. Y no porque esté cara, sino porque está en veda.

«Quen non come agora camarón é porque non quere», dice el patrón mayor de A Illa

El precio del camarón también ha bajado. Tanto, que el patrón mayor de A Illa, Juan Rial Millán, exclamaba esta misma semana que «quen non come agora camarón, é porque non quere». En la plaza de Vilagarcía, el precio de este marisco ha caído alrededor de 20 euros con respecto a la Navidad. Hablamos de ejemplares de buen tamaño: en el que merece el calificativo de excelente, la caída aún sería más pronunciada. «Es un tipo de producto que no es de plaza: suele canalizarse para hostelería. Yo solo lo traigo si tengo un encargo concreto, no para probar a vender», indica Eva Torrado, placera en Vilagarcía.

Porque con las restricciones de la tercera ola ocurre lo mismo que con las de la primera: que las piezas que antes salvaban el día de faena a un barco, ahora se convierten en un problema porque no hay restaurantes pujando por hacerse con los ejemplares. Así es que el público de a pie puede encontrarse una lubina espectacular, un rodaballo espléndido o un camarón tamaño extra a precios que hacen posible ponerlos en una mesa de diario.

La excepción del bivalvo

Mención aparte merece la almeja y el berberecho. Por la babosa, especialmente buscada, se llegaron a pedir en Navidad 40 y 50 euros el kilo. La semana pasada se vendía en la lonja de A Illa a unos nada desdeñables 16 euros. Sin embargo, el exceso de agua dulce y el cierre de muchos bancos han disparado la cotización y en esa misma rula el viernes se vendió a 25 euros.

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