Ribera deja atónito al sector al insinuar que tendrá que destruir 90 toneladas de marrajo

Confirma que no certificará lo ya capturado y que el que se pesque este año tampoco se podrá vender, pues ha impuesto un cupo cero


redacción

La Confederación Española de Pesca (Cepesca) se puso el traje verde para ir al encuentro con Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica. Y lo lució bien lucido: detalló todos los proyectos en pro de la sostenibilidad del medio marino en la que los pescadores están envueltos; enseñó sus proyectos de economía circular; sacó a relucir su colaboración con las oenegés -las menos beligerantes con la pesca, eso sí-... E incluso exhibió todos sus trofeos verdes, tanto los ganados en Europa como a nivel internacional: que en diez años se ha pasado 5 a 68 los stocks en situación sostenible en las aguas europeas; que hay un 50 % más de peces; que casi el 100 % de los desembarcos de poblaciones gestionadas por la UE en el Atlántico nordeste se pescan de forma sostenible y que, parafraseando a la FAO, «actualmente el 65,8 % de los recursos pesqueros mundiales se encuentran en una situación sostenible y que este porcentaje podría rozar el 100 % si se adoptasen medidas de gestión adecuadas en todos los océanos».

Y Ribera elogió el color al admitir tanto esfuerzos del sector como la importancia socioeconómica del mismo. Pero el color de la esperanza no la conjuró para resolver el principal problema que llevaban en el bolsillo: el bloqueo en la comercialización del marrajo, unas 90 toneladas que la flota ha alijado a lo largo del año pasado, que mantiene en frigoríficos o en el propio barco, y que no puede vender porque Transición Ecológica no emite el certificado CITES que se exige internacionalmente para sus transacciones.

La decepción fue mayúscula, en este sentido. Además, ya no se trata de que Ribera no dejase opción alguna a comercializarlo. Es que, por encima, para este año el cupo de marrajo del Atlántico norte que se podrá vender será cero. Vender, que no pescar, pues los Veintisiete han fijado un TAC (total admisible de capturas) de 280 toneladas, con lo que de nuevo se ven en el absurdo y la descoordinación entre las autoridades medioambientales y las pesqueras.

Desperdicio de proteínas

Si finalmente no se va a dar salida a ese marrajo, no va a quedar otra que destruir las toneladas que hay almacenadas. Deshacerse de miles de kilos de proteína de alta calidad, saludable y económica, lo que está en abierta contradicción con el empeño en reducir el desperdicio alimentario y que muy poco o nada contribuye a lograr a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU empezando por el del Hambre Cero.

Y no solo eso. La destrucción acarrearía costes al sector. Un impacto económico que Cepesca cifra en más de medio millón de euros «para unas empresas familiares que ya están al límite por el covid y por las dificultades del mercado».

La decisión de implantar un cupo cero, aparte «de ir en contra de las instrucciones recibidas desde el Ministerio de Agricultura y Pesca [permite dos ejemplares por marea], puede suponer la pérdida de la pesquería, al provocar que no se vaya a disponer de datos para realizar las evaluaciones científicas», dice Garat. Cepesca señala que es urgente buscar una solución «para no arruinar a los palangreros de superficie que han seguido pescando como sector esencial y estratégico, pero que han sufrido el hundimiento del mercado de pez espada y de tiburones».

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