La última travesía atlántica de Yves

Un francés murió frente a Portugal y su catamarán acabó en Malpica


carballo / la voz

En la mañana de Nochebuena apareció un catamarán encajado en las rocas próximas al faro de Punta Nariga, en Malpica. Como suele suceder, tras dar la voz de alerta, de inmediato se movilizó el helicóptero Helimer, de Salvamento, y la lancha de la Cruz Roja de Laxe. Pero no había ya nadie a quien rescatar, porque el catamarán era el Hallucine, una embarcación francesa de 15 metros que había sufrido un accidente en alta mar, frente al norte de Portugal, el 6 de noviembre. Terminaba así, en la Costa da Morte, una larga travesía a la deriva que se había llevado por delante la vida de Yves Pelisson.

Yves, de 67 años, era uno de los cuatro tripulantes del barco, y el único que falleció en el siniestro. Navegaban, desde la Bretaña francesa, hacia Gran Canaria, para después seguir hacia el Caribe. Los cuatro, muy experimentados en el mar, viajaban en un catamarán de altas prestaciones que incluso había participado en competiciones de alto nivel. Tras superar Fisterra, la noche del día 6 se quedó Yves de guardia en la cubierta, como relata Carmen Ocampo, la viuda, por datos que ha podido ir recabando en estas semanas. Explica que esa noche el mar estaba tranquilo, pero de repente el catamarán volcó. Las primeras informaciones que tuvo, y así se ha divulgado en varios medios, es que chocó con algún objeto. Fuese por lo que fuese, Yves se fue al agua. Los tres compañeros se incorporaron y pasaron la noche sobre la superficie. Así, toda la velada, sin Yves. Por la mañana pudieron lanzar un bote salvavidas y asirlo al barco con una cuerda, además de lanzar una bengala. Los servicios de rescate portugueses ya estaban activos y por la señal de localización avisaron a un mercante finlandés, el Midas, para que acudiese a la zona. El rescate de los tres no fue sencillo, pero al final lograron subirlos a bordo. En la web de Tellerreport, el capitán describe con gran detalle cómo fue toda la maniobra.

A las 36 horas del accidente, el cuerpo de Yves fue localizado flotando. Un barco militar americano sería finalmente el encargado de rescatarlo, además de enviar una foto al Midas para que sus compañeros lo identificaran. Los tres acabaron desembarcando en las Azores, en la isla de Ponta Delgada, y el cadáver del francés fue trasladado a Tolon, en el sur de Francia, cerca de Marsella, a donde llegó el 14 de noviembre.

Carmen, mexicana con familia de ascendencia española por parte de padre, y portuguesa (Colmenares) por parte de madre, señala que la autopsia de su marido indica que murió ahogado, no de un golpe. Y le queda la pena y la duda de saber si se pudo hacer algo más.

Yves era un «apasionado del mar, lo adoraba», dice. Había dedicado a él su vida. Ya retirado, tuvo una empresa de pesca deportiva en Martinica -el departamento francés de ultramar, en el Caribe-, en el que residían la mayor parte del tiempo. Había nacido en Vietnam, aunque de padres franceses, y esa era su nacionalidad. Fue navegante toda su vida, por todo el mundo. Carmen lo conoció en Grecia, en 1981, y se casaron en el 84. Tuvieron un hijo. Yves «ayudó y dio mucho a todos», asegura la viuda.

Su cuerpo fue trasladado a Vannes, una ciudad histórica de la Bretaña, donde vive su madre. Allí fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el mar.

YVES PELLISON
YVES PELLISON

La viuda dice que quiere saber algo más, y homenajearlo

Carmen, la viuda, asegura que quiere saber más de lo que ha pasado. Desde su fallecimiento no ha parado de indagar, buscar fotos, datos... Además de las publicadas (en la edición digital de La Voz está disponible un álbum y un vídeo del varamiento en Punta Nariga), tiene algunas imágenes de los restos del catamarán que le envió (una semana después del hallazgo) el dueño, quien se desplazó a Malpica para ver el destino final de su nave. Y también acumula recortes de prensa en los que se describe la tragedia y se recuerdan las cualidades de su marido.

Carmen desconoce, dice, por qué el barco volcó. Tampoco sabe nada del ordenador que llevaba su marido, «en el que tenía toda su vida», se pregunta si este pudo desaparecer en el momento del vuelco o si pudo resistir tantos días a la deriva hasta terminar en Galicia. Asegura que a Yves la informática no se le daba nada bien, por eso no subía nada a la nube. Todos sus documentos los guardaba ahí, en archivos, además de otras pertenencias que llevaba en una bolsa, y que ahora le serían muy útiles. Por eso apela a quien sea para que le ofrezca algún dato útil, tanto desde el punto de vista personal como sentimental. «Quiero saber más, recuperar algo de él. Cuando hay voluntad, se pueden saber cosas si se investiga, como he hecho yo», indica. ¿Se ahogó por hipotermia, por cansancio?, se pregunta además. Las dificultades con las que se encuentra son también administrativas, ya que aún no tiene el certificado de defunción por la complejidad burocrática de todo el proceso, y por la «confusión de fechas» sobre la partida. Y eso lo agrava todo. Todo un poco alucinante, como el catamarán.

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