Madrid introducirá cámaras en algunos barcos para vigilar si capturan cetáceos

A cambio de participar, podrán pescar sin descontar esas toneladas de su cuota


redacción

Cuando todavía están echando cuentas sobre las posibles pérdidas que ocasionarán en sus cuentas de explotación los recortes que los Veintisiete acordaron el pasado jueves en Bruselas, a los barcos del Cantábrico Noroeste que faenan en aguas exteriores se les abre un nuevo frente desde Madrid: asumir las nuevas disposiciones diseñadas para reducir las capturas accidentales de cetáceos.

El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó ayer la orden ministerial destinada a mitigar el posible impacto de la pesca en la población de delfines, arroaces y similares, una cuestión que hace unos meses le valió a España un apercibimiento por parte de la Comisión Europea. Se trata de una normativa cuyo proyecto el sector conoció en julio, contra la que alegó en agosto y de la que, desde entonces, no había vuelto a saber nada hasta ayer mismo, cuando se la desayunó en el BOE. El texto publicado no recoge ninguna de las objeciones realizadas desde un segmento de flota como es el arrastre, que sostiene que apenas tiene impacto en esas capturas incidentales.

La norma aprobada por Agricultura hace caso omiso de la medida más extrema que en mayo recomendaba el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) para proteger a los cetáceos, que sugería cerrar las pesquerías durante el período del año en el que se ha detectado un mayor número de varamientos en las costas del Cantábrico y, en especial, en el golfo de Vizcaya. Pero sí impone a los arrastreros de fondo el uso de dispositivos acústicos de disuasión de esta especie -los denominados pingers- y establece la obligación por parte de los armadores y patrones de aceptar embarcar a los observadores científicos del programa específico que se pondrá en marcha la Secretaría General de Pesca para mejorar la información científica que se dispone sobre esta interactuación.

Este departamento, además, pondrá en marcha un proyecto piloto que instalará cámaras de circuito cerrado de televisión a bordo de los buques pesqueros para completar la información recopilada con el programa específico de observadores. En este caso, la participación será voluntaria y para atraer aspirantes, Pesca introduce en la orden la posibilidad que tendrán esos buques de no computar las capturas de esas mareas contra las cuotas que tienen asignadas, sino que irían a cargo de ese 2% que se reserva el Estado de todas las cuotas para fines científicos y otros.

Evitar sufrimiento

Cuando un barco pesque accidentalmente cualquier especie de cetáceo, la tripulación deberá liberar el ejemplar de manera inmediata y de la forma más cuidadosa posible, evitando su sufrimiento y estrés. Tendrán, además, que fotografiarlo, si es posible, y enviar las imágenes a la Secretaría General de Pesca. Eso si está vivo. Si no lo está o muere durante las maniobras de liberación, los marineros deberán retenerlo a bordo, si la capacidad del buque lo permite, y entregarlo para su examen científico al llegar a puerto.

Se establece, asimismo, una regla de movimiento. Esto es, que si un barco pesca accidentalmente tres ejemplares en una misma maniobra, o captura alguno en dos lances consecutivos, deberá desplazarse a alta velocidad de navegación un mínimo de 5 millas desde donde estaba faenando para continuar con sus actividades pesqueras.

 Una norma que entra en vigor con los dispositivos acústicos todavía sin homologar

La orden publicada ayer va dirigida a todos los buques de pabellón español autorizados a pescar más allá de las 12 millas en el caladero del Cantábrico noroeste, así como aquellos que pescan en aguas no españolas del golfo de Vizcaya. Pero el sistema de observación de Pesca se dirigirá a los «buques de arrastre de gran apertura vertical y los buques que usen redes de enmalle de fondo o redes de enredo, con un tamaño de malla igual o superior a 80 milímetros».

Además de aquellos barcos, los buques de altura, gran altura y los buques palangreros -tanto mayores como menores de 100 toneladas de registro bruto (TRB)- que faenen en aguas comunitarias con arrastre de fondo tendrán que la obligación de utilizar dispositivos acústicos de disuasión de cetáceos durante sus actividades pesqueras. Y tendrán que hacerlo en breve: a partir del día 2.

Precisamente ahí radica un problema. El enmalle tiene pingers homologados, pero el arrastre, que necesita emitir en otra frecuencia para ahuyentar a los cetáceos de sus aparejos, no tiene aparatos en el mercado con las características técnicas verificadas. Así que las embarcaciones tendrán que arrancar con los que existen, sin homologar, bajo una autorización temporal. La misma orden establece un plazo de seis meses tras los permisos para que la Dirección General de Pesca Sostenible acredite la eficacia del aparato utilizado. Si no es útil para espantar delfines, tendrá que cambiarlo.

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