Un «brexit» a cámara lenta para la pesca

«Para que nos den la patada dentro de tres años, mejor que sea ahora», aduce el sector ante la propuesta de Londres para la salida de la flota comunitaria


londres, redacción / la voz

«Keep calm and carry on». La frase del célebre póster con el que el Gobierno británico pretendía subir la moral de la población en la Segunda Guerra Mundial es, en esencia, la que colgó Michel Barnier en su comunicado de prensa tras la novena ronda de negociaciones con el Reino Unido. Pero la conjugó en futuro: «Mantendremos la calma y seguiremos adelante», unidos y decididos hasta el final. Hasta el término de unas discusiones que se han atragantado con las espinas de la pesca. Esta sigue figurando entre los asuntos sobre los que «persisten serias divergencias», admitió el viernes el negociador comunitario. El mismo mensaje llegaba del Reino Unido, que aludía a que existe una brecha importante en la cuestión pesquera y que, «sin mayor realismo y flexibilidad por parte de la UE, puede ser insalvable». 

Bruselas quiere libre acceso a los caladeros británicos para sus barcos a cambio de la entrada libre al mercado comunitario de los productos de ese país y el Reino Unido cree que las aguas deberían ser en exclusiva para sus buques. El sector de uno y otro bando presiona para que ni Barnier ni Frost cejen en su determinación. Y todos cruzan los dedos para que sus representantes no los dejen caer en los que deberían ser los estertores del diálogo. «No aceptaremos ninguna rendición de nuestros derechos marítimos. El Reino Unido ya ha eliminado muchas barreras en los últimos años. Hoy, las flotas de la UE pescan cinco o seis veces más en nuestras aguas en comparación con lo que las nuestras capturan en aguas comunitarias», afirmó Barrie Deas, presidente de la Federación Nacional de Organizaciones de Pescadores (NFFO, por sus siglas en inglés). Fue su reacción nada más trascender la propuesta que habría hecho Londres a Bruselas para tender puentes en materia pesquera y que vendría a ser una especie de brexit a cámara lenta: permitiría faenar en sus aguas a los buques comunitarios durante tres años, pero en cada ejercicio se reduciría el número de barcos permitidos y de capturas.

«Tres años ¿para llegar a dónde?», plantea Iván López, portavoz de la European Fisheries Alliance (EUFA), que reúne al sector de nueve países europeos con intereses en aguas del Reino Unido. «Si es para ganar tiempo y quitar la presión de las fechas a la negociación del acuerdo, ese período transitorio puede ser interesante, pero esa provisionalidad no puede cambiar las normas», continúa. Es decir, que la flota comunitaria no va a renunciar al statu quo que lleva pidiendo desde que los británicos pidieron el divorcio. Y si se utiliza esa hipotética prórroga para desligar la pesca del acuerdo comercial, «estaremos haciéndonos trampas al solitario». En definitiva, que «si nos van a dar la patada dentro de tres años, es mejor que nos la den ahora».

En línea similar se pronuncia Javier Garat, secretario general de la patronal pesquera Cepesca y presidente de Europêche. Como López, sostiene que es preciso conocer las condiciones a las que se pretende llegar dentro de tres años para poder valorar esa oferta de período transitorio. Eso sí, queda cada vez menos tiempo y no se atisba una solución.

«Tiene muy mala pinta, para qué nos vamos a engañar», señalan fuentes del sector, que prefieren divulgar su pesimismo bajo el anonimato. «O no hay acuerdo o nos venden a última hora y eso es lo que tenemos que evitar».

Pero los miembros de EUFA no se inquietan por los movimientos de Johnson y su equipo, por más que los dejen estupefactos amenazas como incumplir lo ya pactado hasta ahora. «Se han dicho tantas tonterías que si entramos en ellas sería entrar en el juego del populismo», dice López.

Acuerdo con Noruega

En cuanto a la firma del acuerdo de pesca suscrito con Noruega que hizo exclamar al ministro de Pesca de ese país, Odd Emil, que era «un gran día» a la vez que indignó al sector español, el portavoz de EUFA señala que «no es nada diferente a lo que ya tienen». Es «un pacto vacío de contenido, un acuerdo de buena vecindad que se vende como un gran éxito» y que en la práctica se limita a compartir datos científicos y a repartir las especies con Noruega, como ya está haciendo ahora pero a través de la UE.

Un sector modesto del que han hecho bandera los nacionalistas

La NFFO, que agrupa a pescadores de Inglaterra, Gales e Irlanda del norte, se ha convertido en uno de los principales grupos de presión de los brexiteros más radicales. Machaconamente insisten en que la actual política pesquera común perjudica al Reino Unido. Como ejemplo mencionan que Francia se beneficia del 84 % del bacalao del Canal de la Mancha y los británicos alrededor del 9 %. La imposición de un sistema de cuotas a los marineros comunitarios es una de las exigencias. «Debemos tener la certeza de que al final de esto tendremos pleno acceso a nuestros caladeros, como estado costero independiente, y que solo se permitirá que un número determinado de extranjeros puedan capturar una determinada cantidad al año», apunta Deas.

La postura es respaldada por los escoceses, uno de los pocos sectores de esa región que apoya la salida de la UE. «Ningún otro país del mundo regala sus peces como lo ha hecho el Reino Unido durante 40 años; ahora tenemos una oportunidad única para el cambio. Nunca hemos estado en una posición más fuerte, pero cualquier cosa que se regale ahora, nunca se recuperará. Le instamos a permanecer firme en la pesca, y a no conceder nuestros valiosos recursos naturales y nuestra soberanía», escribió Elspeth McDonald, presidente de la Federación Escocesa de Pescadores (SFF), al negociador David Frost.

La pesca emplea a unas 8.000 personas y su producción tiene un valor 169 veces menor que la de los servicios financieros, la cual en 2019 produjo más de 200.0000 millones. Pero el sector ha sabido colocarse por encima del Goliat bancario, al venderse como el gran perjudicado y convertirse en la bandera para los nacionalistas.

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