Galicia ejerce de lobista en Bruselas para frenar recortes letales para su flota

Mar exhibe en la capital belga un vídeo que muestra el lado socioeconómico de la pesca


La voz

De sobra es conocida la imagen de activistas medioambientales caracterizados como Poseidón a las puertas del Consejo en Bruselas para recibir a los ministros de Pesca en un intento de llamar la atención sobre la necesidad de poner freno a la sobreexplotación de los mares. Así que ahora que, al menos en el caso de la flota gallega, ese exceso se ha detenido, pues ya el año pasado dejó los stocks de su interés ajustados al rendimiento máximo sostenible (RMS), Galicia cree llegado el momento de volver la vista a los otros dos pilares de la sostenibilidad: el económico y el social. Todo sin olvidar, claro está, el medioambiental, con el que ayer, tanto el ministro Planas como la conselleira Quintana reafirmaron su compromiso.

Y para que Europa sea consciente de que en la pesca hay peces, pero también pescadores y zonas altamente dependientes de lo que —por más a muchos de los 28 no les quepa en la cabeza— es una actividad económica, Mar y el Gobierno gallego calcarán las técnicas lobistas y desembarcarán en la capital belga con material multimedia —informes escritos aparte— en el que los bancos de peces cederán protagonismo a los bancos marisqueros, los barcos y las personas, la cadena que hay detrás de los recursos marinos. Algo de sobra conocido en Galicia y en España, pero insondable para Austria, Eslovaquia o Hungría, países que también participan en la negociación de cuotas y que quizá no son conscientes de que las consecuencias de sus decisiones en el Consejo de Ministros de Pesca tienen impacto sobre «milleiros de familias galegas».

Así, ante prensa de distintos países, miembros de la DG-Mare (Dirección General de Pesca y Asuntos Marítimos), funcionarios de la Comisión y otros agentes sociales, Mar proyectará un vídeo, en el hotel Thon de Bruselas, en el que se ve «o impacto social que esta actividade económica ten para una rexión pequena como é Galicia, pequena en tamaño, pero tamén moi importante no desenvolvemento do seu sector pesqueiro», anunció ayer Quintana tras el Consejo Consultivo de Política Comunitaria. Un foro en el que ayer se diseñó una unidad de acción de todas las comunidades: «O esforzo de recuperación xa o fixemos; agora toca mellorar a dos pescadores».

Grave impacto

Desde luego, de materializarse la propuesta que la Comisión Europea ha puesto sobre la mesa, la conselleira de Mar tiene claro que «desaparecerá unha parte importante da nosa flota pesqueira». Y todo por adoptar medidas «cortoplacistas», a entender de Quintana. Ya ha llevado a Bruselas informes de impacto que cifran en 86 millones de euros lo que perdería Galicia solo de aplicar los recortes previstos para la merluza (-20 %) y el jurel (-42 %), que sufrirían directamente 3.700 tripulantes. Y Galicia no se lo puede permitir.

El ministro de Agricultura y Pesca en funciones, Luis Planas, insistió ayer en lo que ha repetido por activa y por pasiva: España está seriamente comprometida con el objetivo del rendimiento máximo sostenible (RMS), ese nivel según el cual la explotación que se haga de un recurso debe dejar la suficiente cantidad de biomasa para garantizar su supervivencia futura. Pero una cosa es eso y otra distinta imponer niveles de captura que lo único que hagan sea dejar en el camino barcos, trabajadores y euros casi por deporte. Es el caso, por ejemplo, de la merluza, para la que la Comisión propone un recorte del 20 % del cupo cuando, según los científicos, una reducción más leve aseguraría una explotación sostenible.

Eso por no hablar del jurel del Cantábrico, cuyo TAC (total admisible de capturas) se quiere rebajar un 42 % cuando un tijeretazo menor tendría efectos similares en la biomasa sin que sufran tanto las empresas. Peor es lo del jurel de Galicia, para el que España ha pedido «una revisión urgente» de la propuesta que sugiere recortar a la mitad el cupo, al igual que quiere nuevos estudios de la cigala en Galicia.

Las oenegé instan a los ministros a seguir la propuesta de los científicos

 

I. Sánchez Artero

El océano produce el 50 % de nuestro oxígeno y la sobrepesca daña el océano. Este es el mantra que han repetido las principales oenegés que siguen atentas la gestión pesquera de la UE con la vista puesta en el Consejo de Ministros que la próxima semana fijará los totales admisibles de capturas (TAC) y cuotas para el 2020. Los conservacionistas, que se adelantaron a la Xunta e hicieron lobby ayer, instan a los Estados a fijar unas cuotas en línea con las recomendaciones y a respetar lo acordado en la cumbre del clima en Madrid.

Los agentes sociales han pedido a los ministros del ramo que no rebasen los dictámenes científicos en materia de cuotas pesqueras y permitan a las poblaciones de peces que alcancen una mayor abundancia para garantizar un recurso renovable y un ecosistema sano, con una mayor capacidad de resistencia frente a nuevas amenazas.

Que la decisión adoptada por el Consejo varíe respecto a las recomendaciones biológicas de la propuesta inicial de la Comisión Europea no tiene por qué significar que se de carta blanca a la sobrepesca.

El objetivo del RMS

Las oenegés consideran que no se ha respetado el principal objetivo de la política pesquera común del 2013: conseguir una pesca sostenible restaurando las poblaciones de peces y manteniendo los ecosistemas. Sin embargo, han presentado un análisis del Pew Charitable Trusts donde se aprecia una mejora significante entre las cuotas que no superan las recomendaciones científicas y las que rebasan. En el 2017, el 50,7 % de los límites de capturas no superaban las recomendaciones científicas, frente al 64,2% en el 2019.

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