Planas recurre al éxito del atún rojo para tratar de esquivar el veto al marrajo

España, más preocupada por la sobrepesca de atún patudo, pide un cambio de gestión


redacción / la voz

Hace diez años, los países ribereños se llevaron las manos a la cabeza porque el atún rojo estaba al borde del colapso. Se propuso, incluso, introducir su nombre en el apéndice II de la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) y poner trabas a su comercio, como finalmente se ha hecho con el marrajo dientuso. Solo que entonces, con el Thunnus thynnus, en lugar de ponerlo en la antesala de la lista roja, se elaboró un plan de recuperación para la especie en el Atlántico oriental y el mar Mediterráneo. Corría el 2008 y se preveía tener reconstituido el stock 15 años después. No fue necesario esperar tanto. Las poblaciones de atún rojo recobraron las existencias cinco años antes de lo previsto, y ya en el ejercicio pasado se cambió el apellido del plan, y de recuperación pasó a denominarse de ordenación, con medidas menos drásticas.

Esa historia de éxito la sacó a colación ayer en Palma de Mallorca el ministro de Agricultura y Pesca, Luis Planas, con motivo de la inauguración de la 26 cumbre de la Convención para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) -la organización regional de pesca que regula los stocks de túnidos y especies afines-, para conjurar esa amenaza de veto que planea sobre el marrajo dientuso, una especie de sensible importancia para la flota gallega de palangre de superficie, pues suele capturarse asociada al pez espada. Y si funcionó con el atún rojo, ¿por qué no habría de ocurrir lo mismo con este escualo?

 Así las cosas, Planas expuso que España está «a favor de continuar con el sistema de gestión vigente y el cumplimiento de la normativa europea de descartes cero». Porque ya existen medidas de protección para el marrajo. Además de un límite de capturas, los barcos están obligados a llevar observadores a bordo.

Al mismo tiempo, el ministro señaló que resultará de gran interés abordar la modificación del convenio, «que consagrará definitivamente la competencia de ICCAT para regular los tiburones pelágicos migratorios». De esta forma, «podrá adoptar medidas de conservación dirigidas de forma específica a estas poblaciones», argumentó.

Nuevos retos

Planas precisó la oportunidad que supone esta reunión de ICCAT para buscar «soluciones a los nuevos retos en materia de conservación y uso sostenible de otros recursos pesqueros, como los túnidos tropicales, fundamentalmente el patudo, y el marrajo dientuso».

Por tierras baleares anda la flota atunera española y la de palangre de superficie gallega, expectante por saber qué se decide sobre la pesquería de patudo, de bonito del norte y, sobre todo, de marrajo, última especie que ha entrado en el punto de mira de los conservacionistas. Están en juego diez millones de euros, que fueron los que reportó a la flota las 3.000 toneladas descargadas de ese tiburón en el 2017, según números de la patronal Cepesca.

España, más que por el marrajo, está preocupada por los túnidos tropicales. Y en concreto por el patudo. Planas alertó de «la preocupante situación de sobrepesca» y considera necesario llevar a cabo una revisión del actual sistema de gestión del recurso para adoptar una regulación más equilibrada que se aplique a todas las flotas.

Un plan de recuperación hizo posible recuperar la túnido en 10 años, 5 antes de lo previsto La urgencia de un cambio también ha sido puesta de relieve por los atuneros españoles, que apuestan por una gestión del esfuerzo en lugar de hacerlo mediante cuotas, puesto que hay países que pescan por encima de los cupos fijados debido a que no son capaces de llevar un control de las descargas. Para la flota española está claro que «es más fácil contar barcos que peces», apunta la asociación de atuneros Opagac, que sostiene que saber si un buque está operando o no es, gracias a las nuevas tecnologías, más eficaz que «esperar que las estadísticas de capturas de algunas flotas cuadren con los límites establecidos». Desde luego, Opagac está convencida de que «solo mediante este enfoque y el control de la capacidad de flota, será posible asegurar la recuperación del patudo y mantener el buen estado el rabil y el listado.

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