La huida de los peces hacia zonas más frías supone una amenaza para la sostenibilidad


De que la pesca es una víctima más del cambio climático dan prueba las alteraciones que han sufrido los caladeros a raíz del calentamiento global, que ha provocado un desplazamiento de las especies hacia zonas más frías causando, incluso, fricciones por su explotación. La caballa es el caso más sintomático. El cambio en la distribución impidió el consenso entre los Estados costeros implicados en su gestión y muchos de ellos se autoasignaron cuota.

Esos desplazamientos suponen también una amenaza para la sostenibilidad, como hace ver Marine Stewardship Council (MSC), la organización que distingue con su sello azul a las pesquerías respetuosas con el medio ambiente. En este sentido, Garat señala que el corrimiento de especies, que en el 2050 podría afectar al 60 % de las especies, según el IPCC, es «algo que habrá que tener en cuenta en la gestión pesquera» y que requiere «de una mayor coordinación y cooperación entre países». Pero, desde luego, «no es por culpa del sector».

Desde MSC apuntan que también «la industria pesquera debe adaptarse a las graves consecuencias del cambio climático». Llama al sector a adoptar un enfoque preventivo y a cambiar los métodos de pesca para incorporar las recomendaciones científicas y los cambios en los patrones migratorios de las especies.

Ya hay ejemplos de casos en los que se ha dado al traste con la sostenibilidad: el de la caballa del Atlántico, que perdió la certificación MSC, el bacalao del mar del Norte, que acaba de malograrse.

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