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Celeiro, un pequeño Wall Street de la pesca

Lucía Rey
lucía rey VIVEIRO / LA VOZ

SOMOS MAR

XAIME RAMALLAL

Intermediarios de toda Galicia tiran cada noche de adrenalina y de teléfono móvil para lograr la merluza del pincho al mejor precio

23 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

En la Bolsa de Wall Street, cientos de brokeres se pelean a diario por atar operaciones financieras que hagan ricos a sus clientes, y de paso a ellos. Salvadas las distancias, algo parecido ocurre en la lonja de Celeiro, en Viveiro, donde cada madrugada de lunes a viernes se dan cita en torno a cincuenta compradores de pescado de toda Galicia que luchan por conseguir al mejor precio miles de kilos de especies tan cotizadas como la merluza del pincho. La estética no tiene mucho que ver, ya que en el puerto viveirense los abrigos, las sudaderas y los chalecos térmicos para combatir el frío nocturno y el hielo sustituyen a los trajes y las corbatas del parqué neoyorquino, pero la puesta en escena es similar, con los intermediarios conteniendo la respiración y los nervios, pegados al teléfono móvil y conectados mientras se desarrolla la subasta con clientes de toda España, y de países como Portugal, Francia e Italia, entre otros muchos.

¿Con qué objetivo? Que en apenas unas horas el pescado fresco que captura la que es una de las flotas más potentes del litoral cantábrico, junto con la de Burela, esté a disposición de los clientes más dispares. Desde el anciano que vive solo en una parroquia como Xerdiz, en Ourol, un municipio mariñano de apenas mil habitantes, a la ejecutiva de una multinacional que acude a comer al restaurante más exclusivo de Madrid o al amo de casa que hace la compra diaria en la plaza de abastos de Valladolid o en el mercado de Málaga.

Muy pocas mujeres

1. Feli García Quelle, de Pescados Perona de Burela, es una de las pocas mujeres que compra pescado al por mayor en Celeiro
1. Feli García Quelle, de Pescados Perona de Burela, es una de las pocas mujeres que compra pescado al por mayor en Celeiro XAIME RAMALLAL

«É algo apaixonante, pero moi estresante e que pasa factura fisicamente porque te esgotas», explica Feli García Quelle, una de las pocas mujeres que acuden puntualmente a la subasta, ya que la pesca, al igual que la Bolsa neoyorquina, sigue siendo un sector casi en exclusiva «de hombres». Ella lleva más de tres décadas trabajando en Pescados Perona de Burela, la empresa familiar que fundaron sus padres, y que, según señala, en una jornada normal compra de 2.000 a 3.000 kilos de pescado, solo en Celeiro. «O cliente díxoche: ‘No te pases de 4,70 [euros el kilo]’, e ti estás vendo que vai a 4,75, así que tiras de teléfono e preguntas que fas. Ao mellor diche: ‘No, no, a ese precio no lo queremos’, e xa te relaxas. Ou di: ‘No, no, no te quedes sin él’. É unha pelexa continua», confesó Feli en la cafetería de la lonja celeirense mientras tomaba el café con el que se relaja a diario tras la tremenda descarga de adrenalina que implica la puja. «Trabajas con producto perecedero, y si pudre pierdes mucho dinero», indica Marco Moreno, autónomo de 34 años. «Os supermercados apertan moito e o comercio pequeno está morrendo», comenta junto a él Kiko Leiras, de 40 años, que empezó descargando barcos y cargando camiones, y en la actualidad es propietario de una sociedad limitada que factura anualmente cerca de tres millones de euros.