Rosquillas que identifican a todo un pueblo

Rosa Álvarez, de la empresa Cristaleiro, explica cómo hay que mantener la tradición respondiendo a las nuevas demandas del mercado


redacción /la voz

Rosa Álvarez derrocha desparpajo y arrojo. El mismo que tuvo en los ochenta para convencer a su familia de que dejaran de lado las varas de madera en las que vendían sus rosquillas e introdujeran una envasadora en su empresa Rosquillas Cristaleiro, en Gondomar. «Isto vai ser a nosa ruína, dicíanme, porque aquilo encarecía 10 pesetas cada paquete. Pero non o foi», recuerda esta repostera a la que cuando le preguntan cuántas rosquillas lleva echas en su vida se echa a reír: «Non teño tempo a pensar en botar a conta». Y vuelve a reír.

Porque cuando Rosa nació, allá por la década de los cincuenta, en su casa ya hacían rosquillas: «Eu non empecei a facelas, máis ben continuei, igual que continuaron os meus pais, os meus avós... porque esta é unha tradición de xeracións na familia».

Las rosquillas de Rosa, matriarca de toda una estirpe de artesanos, son mucho más que un dulce, son un producto digno de llevar la nueva etiqueta de «artesanía alimentaria» que prevé sacar el Gobierno gallego para aquellos diferentes, únicos.

Porque las suyas son, como dice, «as rosquillas de toda a vida, as de mollar no viño, aínda que agora a xente pide rosquillas para o almorzo». No solo eso: «Do mesmo xeito que cando escoitas falar de mirabeis, pensas no Rosal, candos dis rosquillas, pensas en Gondomar. O que fan é identificar o pobo. Porque son desas cousas que os que as quere ten que vir aquí por elas. Aínda que agora tamén as comercializamos por Internet». Al no poder mandarlas de verbena en verbena por culpa del coronavirus, hubo que buscar otras alternativas. De ahí que en verano empezaron a bailar en la Red. Y ahora Rosa es también una de las protagonistas de la campaña Parte de ti, del Grupo de Desenvolvemento Rural Galicia Suroeste Eurural para promover el producto local.

Porque el arte que hace con la masa -todo a mano- no está reñido con adaptarse a las demandas del mercado. Aunque la receta y la forma de hacer el producto son las mismas que empleaban sus antepasados. Solo han cambiado algún ingrediente: «Antes usabamos manteiga animal, pero agora é todo vexetal 100 %, fariña de trigo e non usamos ningún conservante, nin colorante».

Su empresa, Cristaleiro, es una de las pocas que continúan en Galicia haciendo la rosquilla tradicional. Con todo, como apunta, «cada un ten a súa forma de facelas e por iso cada unha é diferente e única». Y continuará haciéndolas hasta que pueda porque, aunque el último año ha habido un parón en las fiestas, ¡ay cuando vuelvan!. Y como dice Rosa, «non se entende unha festa en Galicia sen santo ou santa, gaiteiros, polbo e unhas boas rosquillas».

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