El valor de las pequeñas tiendas del rural

El cierre perimetral eleva las ventas en algunos ultramarinos de las aldeas gallegas


Redacción / La Voz

En toda aldea que se precie existe una pequeña tienda de ultramarinos. Puede ser el bar de toda la vida, que ofrece también la posibilidad de hacer la compra, o la tienda tradicional que ha evolucionado en pequeño supermercado. Y aunque muchos vecinos no aprecian la cercanía de este servicio, el confinamiento ha dejado ver el valor de estos pequeños establecimientos. Ahora que todos los municipios gallegos están afectados por el cierre perimetral, estos negocios vuelven a ponerse en valor. Porque, en algunos casos, constituyen la única alternativa para hacer la compra. Todos reivindican la cercanía del servicio que ofrecen y aseguran que sus precios no distan tanto de los de las grandes superficies.

Miguel Ángel Balsa, Casa Balsa (Ourol).

Con 995 vecinos, el concello mariñano de Ourol tampoco se libra del cierre perimetral fijado en el territorio gallego para intentar frenar la pandemia del covid-19. Miguel Ángel Balsa tiene en ese municipio un céntrico negocio de bar, ultramarinos, estanco y loterías, y asegura que no nota que se haya incrementado la clientela tras decretarse la limitación de movilidad, lo que teóricamente debiera impedir el desplazamiento para hacer compras en el vecino municipio de Viveiro. «Nótase pouca cousa. Ademais, eu non vexo controis na carreteira para vixiar se a xente segue indo ou non comprar a Viveiro», explica el propietario del establecimiento que, por el contrario, sí constató un repunte de ventas en la primera ola de la pandemia. Al tener varios negocios en su local comprueba que las ventas en el ultramarinos no compensan las pérdidas de tener el bar cerrado. Confía en que la situación mejore, pero no oculta cierto pesimismo. «Levo aquí desde as oito da mañá e non sei se atendería a seis ou a sete clientes», asegura Miguel Ángel sobre las diez de la mañana. También cree que las restricciones de servicio en las entidades bancarias no ayudan a dar vida en el pueblo.

Laura rey, tienda-bar y estanco de O Porto do Cabo (Cedeira).

El cierre perimetral por municipios ha perjudicado a Laura Rey, al frente de la tienda-bar y estanco de O Porto do Cabo, en Cedeira. «Estamos, coma quen di, en terra de ninguén, ao pé de Cerdido e de Valdoviño, pero en teoría non poden vir aquí. Grazas a que estamos ao pé da estrada, nunha zona de paso, temos algo máis de movemento», explica la responsable del negocio, fundado por su madrina hace más de seis décadas. «Aínda hai quen lle chama A Tenda da Sara», cuenta. Durante el confinamiento de la primavera de 2020 las ventas se multiplicaron. Esta vez no ha ocurrido lo mismo. «Non me queixo porque estou na miña casa, pero xa sabemos que os meses de xaneiro e febreiro son dos peores do ano sempre, xunto con novembro, non ten nada que ver con abril ou maio», comenta. Observa, además, que los vecinos no están tan obsesionados con acumular víveres o papel higiénico, como sucedió en el primer estado de alarma. «O que máis vendo son iogures, galletas... Desde logo non se repite o patrón do confinamento, co papel hixiénico, o alcohol e os produtos de limpeza. E plátanos, anda que non vendín daquela!», apunta. De momento mantiene al personal. «O medo que teño non é a enfermar e ter que pechar, senón a que alguén se contaxie aquí, aínda que limpamos todo a conciencia», recalca.

Plácido Perdiz, Supermercado Aliprox en Mugueimes (Muíños).

Plácido Perdiz lleva ya 33 años con su tienda supermercado y ya ha pasado por épocas buenas, malas y regulares. Con respecto al año pasado, sí observa una variación, al alza, en el consumo en su local. Los clientes hacen más compra, para no tener que ir tan a menudo a la tienda y, además, «a xente acode máis ao comercio local». Por miedo a meterse en grandes superficies, prefieren hacer la compra en el pueblo, indica este comerciante ourensano. En el confinamiento estricto, en su tienda hubo más consumo, como en otras, de papel higiénico o ingredientes para hacer repostería. «Agora estabilizouse a cesta da compra», aunque desde el cierre de la hostelería sí nota que se compran más bebidas.

En cuanto al incremento de población por gente que se haya ido al rural, Perdiz observa que sí hay casos de jubilados que alargaron sus vacaciones y se han quedado. También se ve alguna gente que no tenía raíces en el ayuntamiento y que se han comprado una casita. Pero no son demasiados, dice. «Os que son de asfalto, necesitan asfalto», ríe.

Hace años, en Muíños había más gente en los pueblos y más gente joven, que buscan «más referencias de produtos, a xente maior é máis tradicional». Si son más caros este tipo de comercios, Perdiz señala que las cadenas ya tienen un rango de precios comparados con los de la competencia. En su negocio, hay productos de gamas de calidad superior y otras más económicas para «adaptarse ao bolsillo de todo o mundo». Trabajan tres personas en el súper. En verano llegaron a ser cinco, indica Plácido. Estos meses de invierno, y con las tardes tristonas, son de los más bajos del año para las ventas. En Navidad, sí la hubo, aunque ahí afecta las ofertas que las cadenas ponen a los productos navideños gancho y que reducen el margen comercial, añade.

Iván, Supermercado Germán (Valga)

Otro negocio en el que han ganado clientes tras el cierre perimetral es en el Supermercado Germán, de Valga. Durante el primer confinamiento muchos nuevos clientes empezaron a cruzar la puerta. «A xente pensa que en establecementos coma estes os prezos son moi elevados, pero son tan bos coma en calquera outro sitio», asegura Iván, quien reivindica también que en estas tiendas se puede encontrar de todo. «Traballamos cunhas 4.000 referencias e temos bos prezos: Ofrecemos de todo, menos peixería», explica. Durante mucho tiempo establecimientos como el suyo fueron arrinconados por los vecinos, que se acostumbraron a otras formas de comprar.

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