¿Fecha de caducidad o consumo preferente?, qué debe poner la etiqueta

Lanzan distintas herramientas para marcar correctamente los alimentos


redacción

Allá por el 2013, el entonces ministro de Agricultura popular, Miguel Arias Cañete, desató la polémica al comentar que comía yogures caducados. Aquellas declaraciones fueron realizadas en el contexto de puesta en marcha de un decreto que sería aprobado un año más tarde, en base al que «la fecha de caducidad» de esos derivados lácteos fue sustituida por otra etiqueta de «consumo preferente», una medida incardinada dentro de la campaña Más alimentos, menos desperdicio. No hay que olvidar que durante el 2019, según los datos del Ministerio de Agricultura, los españoles arrojaron a la basura el 4,7% de la comida y bebida que compraron.

Varios años más tarde, la cuestión de qué etiqueta poner —«Consumir hasta una fecha determinada» o «consumir preferentemente antes de esa misma fecha»— es aún bastante recurrente en muchas empresas agroalimentarias a la hora de determinar hasta cuándo sus productos están en condiciones de ser consumidos.

Porque aunque a priori puedan parecerlo, ambas etiquetas no son equivalentes. La primera alude a la fecha de caducidad, una cuestión de seguridad alimentaria porque, como recuerda la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), esos alimentos pueden consumirse hasta el día indicado, «pero no después, aunque tengan buen olor». La segunda, en cambio, «se refiere a la calidad: el alimento será seguro para consumir después de esa fecha, pero puede que no esté en su mejor forma. Por ejemplo, su sabor y textura pueden no ser tan buenos».

Por eso, para despejar las dudas que puedan sobrevolar sobre los encargados de los departamentos de seguridad alimentaria de las empresas agroalimentarias, la EFSA ha elaborado una guía a modo de herramienta que les ayude a la hora de colocar una u otra. Desde ese departamento de la UE detallan que esta «está estructurada como un árbol de decisión con una serie de preguntas a las que deben responder los operadores de empresas alimentarias».

Las cuestiones que plantea repasan las normas que han de aplicarse a las distintas categorías de alimentos (algunos tienen normas propias al respecto), revisa qué procesos son acometidos por los fabricantes para la elaboración de los productos a la hora de eliminar peligros, ve los casos en los que han de manipularse de nuevo los alimentos antes de su envasado, además de revisar también sus características o las condiciones del almacenamiento.

Los encargados de elaborar la herramienta, añaden desde la EFSA, también repasaron «los factores que los operadores de empresas alimentarias deben tener en cuenta para fijar una fecha de vida útil: el período de tiempo durante el cual un alimento seguirá siendo seguro o de una calidad adecuada para el consumo mientras el envase esté intacto y se almacene según las instrucciones».

Tras este primer documento desde la institución avanzan que su Comisión Técnica de Factores de Peligro Biológicos publicará otro dictamen al respecto este año. En este caso se centrará en la información que ofrecen los operadores a los consumidores sobre las condiciones de almacenamiento, los plazos, el consumo tras la apertura y las prácticas de descongelación.

Porque la etiqueta es algo en lo que se fijan cada vez más consumidores. No solo para ver hasta cuándo pueden tomar un alimento, también para ver qué ingredientes o aditivos tiene o cómo han de prepararlo o mantenerlo en óptimas condiciones para su consumo. En este sentido, la Comisión europea ha puesto en marcha un Sistema de Información sobre Etiquetado de los Alimentos (FLIS), para conocer qué indicaciones obligatorias debe incluir el etiquetado de un alimento. La herramienta informática, como apuntan desde la Agencia Española Seguridad alimentaria y Nutrición (Aesan) ofrece enlaces a distintas normativas vigentes o a documentos explicativos. En total, añaden, recoge 87 categorías de alimentos. El FLIS tiene por objetivo colaborar con las empresas alimentarias para la identificación de las obligaciones que han de contener las etiquetas, además de mejorar la correcta aplicación de la ley. Pero también, reiteran desde la Aesan, «ayudará a dar información clara a los consumidores y les ayudará a tomar decisiones informadas sobre los alimentos».

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