Los concellos renuevan la imagen de sus mercados de abastos

Veintiséis ayuntamientos usarán ayudas de Agader para su remodelación


redacción

Renovar su imagen y su oferta para que vuelvan a ser el corazón de la distribución alimentaria en fresco. Pero también que se conviertan en elementos de dinamización del entorno con la consecuente atracción de población a los municipios de las zonas rurales. Esa es la intención de los ayuntamientos que el pasado diciembre tocaron a las puertas de la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (Agader) para optar a las ayudas que les permitieran impulsar los proyectos de rehabilitación de sus mercados de productos agroalimentarios, muchos de los que están asentados en edificios de interés histórico. Ayer el Diario Oficial de Galicia (DOG) publicó el listado de los 26 que se repartirán el 1,72 millones de euros (cofinanciados al 75 % por los fondos Feader, al 7,5 % por el Gobierno central y al 17,5 % por la Xunta) para lavar la cara a esos espacios vitales para el desarrollo económico de los entornos rurales.

«Hace algún tiempo algunos mercados de la comunidad gallega se dieron cuenta de que tenían que recuperar su esencia porque no podían competir con los supermercados. La idea es hacer un análisis preciso previo a la realización de la obra para ver a qué se va a dedicar ese espacio, en función del concello en el que esté y luego adaptar la reforma a esos usos», apunta Charo Quintana, de Rural Consulting, agencia que, entre otros, se encarga del proyecto de renovación de mercados como el de O Rosal o el de Carballo, dos de los beneficiarios de estas ayudas.

Porque más allá de que arreglar una gotera o dar una mano de pintura a las paredes teñidas por la humedad sean reformas necesarias, no son suficientes para evitar que muchas plazas de abastos salgan de la penumbra en la que quedaron hace años. Grandes ciudades como Santiago o A Coruña los potenciaron con la ayuda del sector de la restauración u organizando eventos culturales los domingos o festivos. Pero la fórmula adecuada no resulta igual para todos.

Para Charo Quintana es fundamental que el «placero comprenda que no es al consumidor en general al que ha de dirigir su oferta, sino a un público preocupado por la sostenibilidad que le gusta saber de dónde viene lo que consume, que sea un producto de proximidad. No solo del mismo concello, también del entorno cercano o únicamente gallego». Y hace hincapié en que no tiene por qué ser un cliente con alto poder adquisitivo, «es alguien con conciencia ambiental al que le gusta saber lo que consume».

En esa línea O Rosal es uno de los concellos que han apostado por dar ese giro. Esta semana, de hecho, presentó su proyecto de remodelación: «Coa reforma búscase camiñar cara un mercado de excelencia para dinamizar o comercio local, apostar polo consumo de produtos de proximidade e darlle vida á contorna». Porque, como apuntan desde el concello en un comunicado, «o mercado debe de integrarse na vida social do concello».

Y Carballo, donde la última reforma de la plaza se acometió en el 2010, parece que avanzará en esa línea con un proyecto de reforma que llevará a cabo en dos fases. Durante la primera ampliará el espacio de los puestos para adaptarlos a las demandas de placeros y clientes, además de atraer a los emprendedores. Durante la segunda mejorará la accesibilidad. Todo para que el espíritu de la feria no se pierda nunca.

El mercado de abastos de Carballo cambiará de cara para atraer emprendedores

maria Cedrón

El Concello reestructurará la plaza para adaptarla a las demandas de los placeros

Jueves. Feria en Carballo. Tras el veto a los mercados de productos agroalimentarios al aire libre como medida preventiva frente al coronavirus covid-19 durante el estado de alarma, la gente circula con precaución, y mascarilla, de puesto en puesto. El movimiento que se observa en la plaza del concello contagia el interior del mercado de abastos. El recinto remodelado en el 2010, volverá a someterse ahora un nuevo lifting para adaptar ese espacio a las demandas de los placeros, pero también al giro en los hábitos de consumo de una población que mira, cada vez más hacia el producto de proximidad. El cambio, desde luego, implica mucho más que un pequeño retoque cosmético porque invita a cambiar el enfoque para revitalizar el espacio en línea con lo que se está haciendo en otras localidades como Tomiño.

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