Bruselas envía una tormenta que ahogaría al campo que quiere teñir de verde

La rebaja de un 9,7 % en las ayudas directas supondría dar la puntilla a decenas de explotaciones que mantienen vivo el rural gallego en un contexto postcovid-19 donde impera un fuerte descenso de precios de la producción.


redacción

No hay duda de que el papel del sector primario durante la crisis del coronavirus debería de pesar sobre las alas de los halcones europeos, pero este miércoles quedó claro que no lo ha hecho como debería. La propuesta de presupuesto para la PAC recogida en el nuevo marco financiero de la UE para el período 2021-2027 presentado por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, mejora el borrador que había trascendido el pasado de febrero, pero no de un modo suficiente. Ni de lejos. Porque ahora, en la era post-covid-19, la liga que se juega es otra. Pero parece que eso no lo ha tenido en cuenta el Ejecutivo comunitario. Entonces, cuando el coronavirus comenzaba a poner su pica en Europa, el tijeretazo que se proponía para la PAC era de un 13,9 % con respecto al presupuesto del período anterior. En el caso de los fondos del segundo pilar, los destinados a desarrollo rural, la rebaja rondaba el 25,1 % frente al 10,1 % del primer pilar, las ayudas directas.

Ahora el porcentaje de recorte global de la PAC, haciendo la comparación a precios del 2018, supone un 9 %. Los fondos para cheques directos caen un 9,7 %, mientras que los fondos de desarrollo rural se recortarían en un 6,7 %. Bien es cierto que el porcentaje de rebaja de estos últimos resulta menor al incluir  una partida de 15.000 millones del fondo para la reconstrucción económica. Y la excusa que da el Ejecutivo comunitario para continuar cargando sobre los hombros de un campo que se ha mantenido activo durante todo el estado de alarma es reforzar los Fondos de Cohesión, unas partidas que, fundamentalmente, beneficiarán a los países del Este.

Es por ello que desde Galicia mantendrán abierta la guardia junto con el Ministerio de Agricultura para reclamar en Bruselas unas «partidas xustas para unos agricultores y ganaderos que se han partido el cobre por toda la sociedad. «A nova supón un varapau para o sector gandeiro galego que demostrou durante a emerxencia sanitaria o seu carácter estratéxico para garantir a suministración de alimentos», dicen desde la Consellería de Medio Rural. Lo mismo opinan desde Unións Agrarias. Como observan desde la organización agraria, el Gobierno de la UE parece estar jugando a un doble juego en el que, por un lado defienden la sostenibilidad y la ecología, pero por otro dan la estocada a aquellos que mantienen vivo el rural al estar al frente de explotaciones familiares en extensivo en las que, cuidando a los animales, también se cuida el entorno. Y todo, como dicen desde Unións Agrarias, para que luego puedan importarse chuletones de Argentina después del tan aplaudido acuerdo con Mercosur suscrito por la UE el año pasado. El temor es que España acabe conformándose con la nueva propuesta solo porque es mejor que la de febrero.

De hecho, según informa Europa Press, para el ministro Planas el anuncio de Bruselas supone un reconocimiento al papel que juega la PAC en la sociedad europea. El titular de Agricultura dijo que se podrá alcanzar un acuerdo sobre la reforma de la PAC, que hará llegar a los agricultores y ganaderos españoles los apoyos e instrumentos necesarios para afrontar la transición del sistema agroalimentario. Pero al mismo tiempo, manifestó que un mundo rural sostenible y conectado digitalmente será clave para lograr la repoblación de la «España vaciada» tras la crisis del coronavirus. Pero ahí es donde juegan un papel fundamental los fondos de desarrollo rural. 

Las graves consecuencias que tendría la aprobación de una propuesta como la presentada el miércoles para Galicia trascienden incluso el medio rural. Porque el coronavirus dejó clara la importancia de mantener un sector primario fuerte para garantizar la soberanía alimentaria y no exponerse a escasez de alimentos como sufrió algún país de Medio Oriente que, pese a su riqueza petrolífera, no tenía carne que llevarse a la boca al no poder recibir terneros de Irlanda. Pero la merma de ayudas directas de la PAC en un contexto de caída de precios del producto como el actual lo único que hace es que resulte inviable mantener económicamente una explotación.

Pero la partida no está perdida todavía porque la propuesta aún tiene que ser ratificada por el Parlamento europeo. Ahí se verá el poder de los halcones que antes del problema del covid-19 abogaban por ajustar al máximo el cinturón a una política agraria común que llevaban años beneficiando a grandes terratenientes o a los conocidos como agricultores de sofá. Porque como dicen algunos, el problema no es de recorte de fondos, es de como se reparten y a quién. Pero esa es otra historia.

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Cristina Porteiro

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Galicia se queda sin aliados en la batalla por los fondos europeos. Y, lo que es peor, se ha convertido en rehén a manos de sus contendientes. A un lado se despliega el frente de halcones. No quieren seguir destinando ayudas millonarias al Fondo de Cohesión (del que se benefician los países del Este, no Galicia) ni a la PAC (de la que beben el campo francés y el español).

En esa lucha por cercenar las carteras han forzado a sus socios, de forma más o menos deliberada, a retratarse en materia agrícola. A elegir a quién le pasan la factura: a los gigantes agroalimentarios y «agricultores de sofá», que ahora proliferan también en algunos países de Centroeuropa, o a los pequeños negocios familiares del rural, como los gallegos, que viven pendientes del futuro de los fondos destinados al desarrollo rural.

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