La UE quiere reclutar suelo agrícola para secuestrar carbono

La reforestación, junto con el fomento de la ganadería extensiva  y agricultura ecológica, son algunas de las políticas que pretenden impulsar los ministros de Agricultura de la Unión. En Galicia, un 10 % de las emisiones de CO2 que se producen son absorbidas por la superficie forestal generada en los últimos treinta años.


redacción

El suelo es el origen de todo lo que consumimos. Desde las lechugas de la ensalada al algodón con el que se hace la ropa. Incluso el agua. De hecho, es la mayor planta de depuración que existe porque son los organismos procedentes de los restos orgánicos que retiene los que absorben los nitratos e impurezas del agua. Pero el suelo además, como explica el profesor de restauración de suelos degradados de la USC, Agustín Merino, juega un papel tan importante como los bosques en la lucha contra el cambio climático. Después de haber estado años en el segundo plano de las políticas europeas, hace ya un tiempo que la UE quiere reclutar al suelo agrícola para secuestrar ese carbono que se escapa a la atmósfera debido a la deforestación. Esa política parece que tomará un mayor impulso ahora que Finlandia lleva las riendas del Gobierno de la UE en el segundo semestre del año. Porque para el país nórdico el secuestro de carbono en el suelo es clave como método para rebajar las emisiones de dióxido de carbono en la agricultura. De hecho, como ha difundido Unión de Uniones, parece que los ministros de Agricultura de los países miembros abordarán el tema en una reunión informal que mantendrán en Helsinki entre el 22 y 24 de este mes.

Las ideas que probablemente pondrán sobre la mesa para tratar de recuperar la capacidad del suelo para secuestrar carbono las describe Merino. Uno de los puntos clave es la reforestación. «Un 40 % de las emisiones que se producen en el mundo proceden de la deforestación en Europa y América. En España en general y Galicia en particular lideramos el incremento de superficie forestal en Europa por las políticas que se han ido implementado a lo largo de los últimos años. Los estudios dicen que un 10 % de las emisiones que se producen en Galicia se están absorbiendo gracias a la nueva superficie forestal generada a lo largo de los últimos treinta años», explica.

Pero más allá de eso, otra de las vías para devolver al suelo su poder regenerador es el fomento de la agricultura extensiva y ecológica, dos de los ejes fundamentales de la nueva PAC. «Ese tipo de agricultura se basa en que parte de los residuos orgánicos que genera la agricultura se dejen en el campo. En un terreno con maíz, por ejemplo, habría que dejar al menos un 30 % de los restos generados. Es lo que se conoce como Agricultura de Conservación», matiza. Esa agricultura no es más que el modelo de cultivo usado tradicionalmente en las huertas de Galicia, donde las mondas de las patatas o las hojas exteriores de las lechugas se iban acumulando en pilas sobre el terreno para abonar los cultivos. «La agricultura ha perdido mucha de la sabiduría de otro tiempo», dice. 

¿Cómo captura carbono el suelo?

El plan del suelo para secuestrar carbono es fácil. No le había fallado en millones de años hasta que con la Revolución Industril la deforestación comenzó a acelerarse. «Los árboles retienen CO2 por medio de la fotosíntesis _explica Agustín Merino_. La materia orgánica cae luego al suelo cargada de carbono y, a medida que va descomponiéndose, se incorpora al suelo y va mezclándose con la arena, la arcilla... que van formando una especie de coraza que la protege de la descomposición y retiene un carbono que puede perdurar ahí durante cien o doscientos años».

El problema es que la deforestación desbarató ese plan  para retener ese carbono. «Una hoja de papel _calcula Merino_ tiene una vida media de un año. Cuando la madera va para papel, ese CO2 que guardaba el árbol tardará esos doce meses en regresar a la atmósfera. En el caso de hacer muebles, tarda un poco más, pero al deforestar paramos el ciclo de retención de carbono. Además, al quitar la sombra de los árboles el suelo se recalienta y contribuye a descomponer la materia orgánica acumulada».

Los datos que maneja este experto de la USC muestran que en Galicia el suelo forestal retiene entre un 10 y un 12 % de materia orgánica; mientras que e un suelo agrícola deforestado el índice queda reducido a entre un 2 y un 3 %. Esto quiere decir que mientras el peso de un metro cúbico de suelo es de 1.000 kilogramos, en un bosque 100 corresponden a materia orgánica. De todas formas, matiza Merino, la pradera, al igual que el bosque, contribuye a retener carbono. En una finca de maíz, el peso de la materia orgánica caería a unos 20 kilos.

Un medio de control de plagas

Otro de los efectos del secuesrto de carbono por parte del suelo es el control de plagas. «Los microrganismos que los restos orgánicos dejan en el suelo actúan, por ejemplo, contra hongos que se generan en la tierra y que luego atacan las plantas. No en vano todos los antibióticos que hoy conocemos se aislaron en el suelo». 

        

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