Cascos históricos: cómo salvar el corazón de las ciudades

La nueva Lei de Rehabilitación ofrece nuevas herramientas a los municipios para evitar el abandono de propiedades

Rehabilitación de inmuebles en el Casco Vello de Vigo
Rehabilitación de inmuebles en el Casco Vello de Vigo

redacción / la voz

El alma de las ciudades está en sus cascos antiguos, pero también en los ensanches burgueses que quisieron diseñar una ciudad más abierta y libre a finales del XIX o a principios del siglo pasado, creando nuevas experiencias urbanas más allá de aquellos perímetros amurallados donde apenas quedaban espacios libres. La ciudad vieja y la moderna deben acompañar en su incierto camino a la urbe contemporánea, y quizás volver a ser la vanguardia de sus nuevas inquietudes. Los primeros santuarios libres de tráfico fueron las iniciativas de peatonalización que se generalizaron en los noventa, pero que tardaron en llegar a ciudades como A Coruña. Así, fue en estas zonas donde las iniciativas de descarbonización se adelantaron incluso a los desvelos de la sociedad actual por el cambio climático y donde se puede encontrar un escenario más propicio para las estrategias de sostenibilidad.

Ya se ha contado en anteriores entregas de esta serie que la burbuja y la crisis inmobiliaria propiciaron un cierto cambio de paradigma en la concepción de la ciudad. Ahora ya no es tan relevante la extensión urbana a través de nuevos polígonos residenciales, sino conservar lo que ya se ha construido, un objetivo que no es menor. En este contexto, la nueva Lei de Rehabilitación de la Xunta, que entra en vigor mañana, aporta nuevas herramientas a los municipios para apremiar a los propietarios de inmuebles en riesgo de ruina, como es un proceso de expropiación más efectivo e incluso la subasta de la propiedad. El programa Rexurbe de la Xunta lleva tiempo ya reformando casas en los centros históricos y parece que la idea de adquirir inmuebles por parte de la Administración para después alquilarlos a precios asequibles está dando buenos resultados.

El arquitecto Carlos Fernández Coto, de la Asociación para a Defensa do Patrimonio Cultural, echa de menos en todo esto «una reflexión sobre el modelo de ciudad» que integre estas iniciativas en unos objetivos a medio y largo plazo. Y resume en tres palabras lo que se necesita hacer en los centros históricos: «Rehabilitación, rehabitación y revitalización». Sobre la ley que entra en vigor esta semana, Fernández Coto celebra los nuevos instrumentos que tendrán los concellos, pero cree que los ayuntamientos «deben tomar la iniciativa» para que se puedan explorar todas las posibilidades de la nueva normativa. Y cuestiona la posibilidad de unir varias viviendas para rehabilitaciones conjuntas, lo que puede desvirtuar el centro histórico con elementos ajenos a su esencia.

En muchos casos es necesario devolver a las zonas histórica la relevancia que tuvieron y que fueron perdiendo por la falta de impulso económico y social o por el traslado de los puntos de encuentro a otras zonas de la ciudad. Se trata de propiciar acercamientos integrales, con un delicado equilibrio entre dar nueva vida a estas zonas sin que se conviertan en barrios caros para élites, manteniendo una personalidad comercial que los diferencie del resto, en un momento en el que las franquicias y las marcas globales han convertido en clones a los centros de las ciudades. «La oferta comercial propia de las ciudades también forma parte del patrimonio», resume Fernández Coto.

 

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