La velutina obliga a un apicultor de Salceda a mudar cien colmenas a Lugo
GANADERÍA
«Es para salvar a las abejas y las traeré de nuevo en enero», explica
03 oct 2026 . Actualizado a las 10:45 h.Los colmenares de Joseba Aramburu siguen en Salceda, O Porriño y Salvaterra, pero en ellos ya no queda una sola abeja. Entre mayo y junio cargó en un remolque las cerca de cien colmenas que conservaba y se las llevó al entorno de Chantada. No buscaba una floración mejor ni salvar una cosecha que ya sabe que este año será menor. Quería salvar a las abejas. «Te las llevas para salvarlas a ellas», explica. Hasta entonces las tenía a dos kilómetros de casa. Ahora están a entre 120 y 150.
El año pasado ya había comprobado qué podía ocurrir si se quedaban. Aramburu, que llegó a tener casi 300 colmenas, perdió alrededor de un centenar. Trasladó aproximadamente la mitad al interior y dejó las restantes aquí protegidas con arpas contra la velutina. Las primeras pasaron mucho mejor el invierno. De las que dejó, «la mayoría al final acabaron muriéndome». Este año no quiso repetir el experimento: se las llevó todas.
La velutina, además, se adelantó. En abril ya veía reinas en los colmenares y en mayo sufría la presión que habitualmente llegaba en junio. «Si yo ahora mismo pongo cinco colmenas en cualquiera de mis colmenares de aquí, de la zona de Salceda, no me queda ninguna», afirma.
Moverlas tampoco es sencillo. En el remolque caben entre 30 y 45 colmenas. Hay que cargarlas, llevarlas al interior y regresar cada semana para revisarlas, aplicar los tratamientos necesarios y controlar allí también la presencia de velutina. Aramburu no ha querido calcular la factura. Dos viajes de ida y vuelta consumen aproximadamente un depósito de combustible y, cuando circula con el remolque cargado, prácticamente gasta uno en un desplazamiento.
Dentro de unos meses hará el camino contrario. Su intención es traerlas de vuelta en enero. Explica que el clima más suave permite que las colmenas comiencen antes su actividad y lleguen mejor preparadas a las floraciones. Pero, si la situación no cambia, en mayo o junio tendrá que cargarlas de nuevo y regresar con ellas al entorno de Chantada. «Yo antes no movía las colmenas. Las empecé a mover por culpa de la velutina, las tenía siempre aquí fijas». Es el tercer año que recurre a estos traslados, pero el primero en que ha tenido que llevárselas todas.
Mientras sus colmenares permanecen vacíos, sigue buscando nidos. Solo este verano localizó más de treinta en dos meses y en un radio aproximado de un kilómetro alrededor de su casa. Los comunica para que sean retirados. «El tiempo que nos pasamos los apicultores por culpa de la velutina es muchísimo».
También habrá menos miel. Aramburu calcula que necesitaría producir unos 3.000 kilos y este año espera obtener entre 1.000 y 2.000. Estima una caída de alrededor del 50 %, aunque advierte de que la velutina no es la única causa: tampoco fueron buenas sus floraciones de eucalipto y castaño. «Ahora mismo yo por lo menos no tengo viabilidad de poder vivir de las abejas». Pese a ello, pretende duplicar las que conserva y alcanzar al menos las 200 el próximo año.
Pese a las dificultades, sus mieles siguen acumulando reconocimientos. Este año obtuvo un oro en los Paris Honey Awards por su miel de milflores, después de haber sido premiado también en los London Honey Awards y en el certamen Mieladictos por la de castaño.
Aramburu fue jugador profesional de baloncesto y hoy está al frente de Abella Leda, proyecto que comparte con Elena, su mujer. Las abejas aparecieron en su vida con motivo de su boda, cuando decidieron regalar miel de unas colmenas familiares a los invitados. Años después convirtió aquella afición en profesión y llegó a rozar las 300 colmenas. Tras años cambiando de ciudad por el baloncesto, terminó estableciéndose en Salceda. Allí convirtió unas pocas colmenas en su oficio y llegó a tener las abejas a dos kilómetros de casa. Ahora él se queda. Las que tienen que viajar para sobrevivir son ellas.
