«Sale más barato alimentar una gallina que comprar una docena de huevos»

Monica Torres
mónica torres COVELO / LA VOZ

GANADERÍA

Raúl vive en O Condado con su mujer, Esther, y sus hijos, Aaron y Neyra, hoy de 6 y 8 años
Raúl vive en O Condado con su mujer, Esther, y sus hijos, Aaron y Neyra, hoy de 6 y 8 años Torres

Los polluelos que cría Raúl López en Covelo ya se venden antes de nacer

17 feb 2026 . Actualizado a las 00:59 h.

Con las gallinas encerradas y el huevo de nuevo en el centro de la conversación doméstica, algunos consumidores han cambiado la pregunta habitual. Ya no es cuánto cuesta la docena, sino cuánto cuesta —y cómo se consigue— la gallina. El interés por el autoabastecimiento, reactivado tras la pandemia y reforzado ahora por un mercado tensionado, se deja notar en pequeñas explotaciones que trabajan con venta directa, producción limitada y clientes fieles.

En Covelo, ese fenómeno tiene nombre propio. Raúl López Palacios, biólogo, criador y miembro de AviMos, ha convertido la gallina de Mos en un producto de encargo. «Me quitan de las manos los polluelos antes de que nazcan», resume. En su granja artesanal, Lorygranja, nacen más de un centenar de pollos cada veinte días. «No doy abasto para atender la demanda, ni de pollos ni de huevos. Se vende todo».

Raúl con sus hijos y algunos de los polluelos tan demandados que cría
Raúl con sus hijos y algunos de los polluelos tan demandados que cría Torres

Cinco años después de cambiar Barcelona por Covelo, el proyecto vital de la familia se ha consolidado. Raúl se instaló en O Condado con su mujer, Esther, y sus hijos, Aaron y Neyra, hoy de 6 y 8 años. Llegaron tras la pandemia, buscando un modo de vida más rural. Hoy combinan campo y ciencia.

Su actividad no depende solo del corral. Mantiene su trabajo para el laboratorio Loryslab, especializado en sexado genético. «Soy el único sexador de aves de Galicia», afirma. Determina por ADN el sexo de las aves a partir de plumas o pequeñas muestras de sangre que recibe por mensajería.

Ese conocimiento le permite ofrecer avicultura a la carta. «Incubamos y, con las analíticas, podemos identificar el sexo a los pocos días de nacer. En la gallina de Mos, hasta los dos meses y medio o tres no se diferencian bien machos y hembras. Así, la gente se lleva lo que quiera». Por eso, explica el experto, «la gente busca más gallinas que gallos, porque son las ponedoras».

El factor económico surge enseguida. «Alimentar una gallina sale más barato que comprar una docena de huevos». A su juicio, el contexto ha reforzado esa idea. «Tal y como se está poniendo todo, la gente prefiere criar. Sale más económico y además nuestras aves y huevos están totalmente analizados».

Su clientela es diversa. «Tanto jóvenes como mayores. Lo habitual es comprar media docena de pollos para autoconsumo». La venta directa sostiene el proyecto. «Por ser fija mantengo también el precio a 4 euros». Cada mes envía más de 600 huevos y unos 200 pollos de Mos a distintos puntos de España.

La elección de esta raza no fue casual. «De aquella estaba en peligro de extinción». Hoy sigue siendo una crianza lenta, asociada a consumidores que priorizan origen y calidad. «Ha pasado de ser una raza amenazada a venderse todo lo que se cría».

Además de la distribución regular, su granja mantiene prácticas tradicionales. Raúl realiza entre 80 y 100 castraciones de pollos al día, un trabajo minucioso que pocos asumen. Y cuando llega diciembre, el foco cambia. En Lorygranja entran en escena los capones criados en Covelo, uno de los productos más demandados en la campaña navideña. Desde enero ya está recibiendo nuevas reservas, después de haber enviado el año pasado ejemplares a mesas de toda España.

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En Covelo, el fenómeno adopta una forma concreta: reservas hechas, lotes comprometidos y polluelos que ya tienen dueño antes incluso de romper el cascarón.