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¿Qué hacemos con toda esta lana?

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso REDACCIÓN / LA VOZ

GANADERÍA

Cedida

La depreciación de este subproducto y su carísimo transporte dificultan que los ganaderos puedan cobrar por ella o encontrar gestores que la recojan

18 abr 2023 . Actualizado a las 19:22 h.

Durante las próximas semanas, las cuadrillas de esquiladores irá recorriendo las explotaciones gallegas para rapar a las ovejas. Hasta hace diez o quince años, el salario de estos temporeros se pagaba con lo que los ganaderos percibía por la venta de lana, asegura Roi López, que tiene una explotación de ovino en la Ribeira Sacra. Hoy, tienen suerte si encuentran quién les recoja este producto de forma gratuita. Porque este material que en otros tiempos creó imperios, está hoy más depreciado que nunca y los ganaderos ya no aspiran a sacarle rendimiento, solo a deshacerse de él de forma gratuita.

«Este é un problema que ven de anos atrás, dende a pandemia», cuenta Amaia Santamarta, técnica de la asociación de criadores de ovino y caprino de Galicia (Ovica). Explica que, antes del coronavirus, la lana se exportaba a China, que la procesaba y la lavaba. «Despois da pandemia, este comercio paralizouse e subiron moito os prezos do transporte», añade. Eso implicó que las empresas que tradicionalmente se hacían cargo de ella en las explotaciones dejaran de hacerlo, generando un problema a los ganaderos gallegos. «Está considerada un residuo de orixe animal de tipo 3, polo que debe ser recollido por empresas autorizadas. Antes había empresas que a levaban porque comerciaban con ela e pagábanlle algo aos gandeiros, pero moi pouco», sostiene esta profesional.

«Desde que se esquila, se convierte en un subproducto animal, que tiene que ser recogido y transportado por un gestor autorizado», añade Joan Alibés, ganadero también de ovino y caprino. En su opinión, el problema se solventaría si Galicia tuviera un lavadero, donde las explotaciones pudieran vender toda la lana que producen porque la mayoría de las granjas son de pequeño tamaño y están muy dispersas, lo que dificulta y encarece la recogida de este producto. En su granja, han tenido suerte, «en los últimos tres años no me pagaron nada por ella, pero me la recogieron», asegura.

Roi López, en cambio, recuerda que a mediados de los años 90, cuando transformó su explotación familiar de vacuno en una de ovino, «a la daba para pagar a rapa e aínda che quedaban cartos». Ahora, en cambio, los 2,5 euros que cuesta esquilar cada oveja tienen que salir de su bolsillo porque, en los últimos años, «apenas conseguías 50 céntimos por ovella, algo irrisorio», sostiene. También recuerda que, algunos años, la llevaron a vender «a Textil Maragata, e pagáronos ben, pero en mantas da tenda», explica. Todo eso ha cambiado radicalmente y «a día de hoxe, afrontamos outra campaña de rapa e non hai quen se comprometa a recollela. E o problema é que é un residuo animal, e non o podo tirar ao lixo», argumenta.

Otro problema que presenta la lana es que es un residuo «que ni se quema ni se pudre ni se puede compostar», asegura Alibés. Por eso las empresas de gestión autorizadas tampoco lo quieren. «Hai empresas de xestión de residuos autorizados que non a queren porque é moi difícil de compostar ou queimar», añade Santamarta. Eso complica todavía más las cosas a los ganaderos y provoca «que cada un teña que buscarse a vida porque non hai unha solución a nivel administrativo», insiste. «Na explotación, convertese nun foco de infección e tes que desfacerte dela», sostiene López, quien también asegura que conoce a muchos ganaderos que la tienen almacenada, por no haber encontrado quien se la recoja. Eso provoca que, en algunos casos, aparezcan vertidos en el monte o bolsas llenas de este producto en los contenedores de basura tradicionales.

Un caso de éxito

En A Ciruxana, una explotación de oveja gallega de Vilariño de Conso, tenían los mismos problemas. «Antes da pandemia viña os laneros e a levaban practicamente regalada, despois o mercado colapsou e tiñamos que regalala», cuenta Xoán González. Sin embargo, hace unos años empezaron a trabajar con diversas artesanas, interesadas en elaborar un hilo de calidad con la lana que dan sus ovejas. El martes comienzan las tareas de esquila y, por primera vez en mucho tiempo, no solo no tendrán que preocuparse de quién les recogerá la lana, sino que han conseguido que se la paguen a un precio justo. Todo un logro.