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«A mis hijos no les gusta la ciudad ni los videojuegos, por eso montamos una granja con 40 vacas»

Monica López Torres
MÓNICA TORRES COVELO / LA VOZ

GANADERÍA

XOAN CARLOS GIL

La familia Pardellas Domínguez se convierte en el germen de la aldea modelo del municipio de Covelo

28 nov 2022 . Actualizado a las 23:31 h.

La pandemia motivó un éxodo de las grandes ciudades en busca de espacios abiertos. Muchas personas dejaron sus pisos y casas en las urbes para rehabilitar o asentarse en el rural, pero también hay quienes nunca quisieron abandonar sus pueblos y durante el confinamiento pusieron en marcha nuevos proyectos. En Galicia, donde se vacía un núcleo rural a la semana, hay ya una veintena de aldeas modelo, que son una iniciativa pública para dotar de actividad terrenos infrautilizados. Para poner en marcha la de Covelo, hay una familia que lleva años trabajando.

«A mis hijos no les gusta ni las ciudades ni los videojuegos. Prefieren el rural y los animales, por eso montamos una granja con 40 vacas», explica Rocío Domínguez Vales.

Con su marido, conforman la pareja más joven de la parroquia de Godóns, donde tampoco hay nadie de la edad de sus hijos, Isabel y Yeray, de 21 y 16 años, respectivamente. La ganadería Sesteiro, indica Rocío, «es un proyecto familiar en el que todos trabajamos en equipo y todas las decisiones, incluidas las de comprar nuevos animales, son consensuadas».

El negocio de la familia Pardellas Domínguez, es a la vez, el germen de la aldea modelo que promueve el Concello de Covelo. Según indicó el alcalde, Pablo Castillo, está solo pendiente de la parte más farragosa, que es la de la regularización catastral de los terrenos. «Estamos esperando por la entrega definitiva de los títulos para poder trabajar. El proyecto gira en torno a la explotación ganadera y cerca hay una casa de turismo rural, es un proyecto muy bonito», señala el regidor.

La aldea modelo de O Covelo estará orientada a la productividad de la ganadería extensiva de ternera gallega y a movilizar unas 200 hectáreas de pastizales en la zona de A Graña. Rocío Domínguez compró la primera vaca hace 10 años para consumo propio. «Se escapaba porque no quería estar sola, así que empecé a comprar vacas para que la mía no estuviera sola, y ya tenemos cuarenta», explica. A su marido también le gustan los animales, pero trabaja en una empresa eólica. No puede dedicarse de lleno al proyecto, aunque todos suman.

Isabel estudia Filología en Vigo y Yeray, cuarto curso de la ESO.

«Ambos prefieren una granja en Covelo que un piso en Vigo. Por las mañanas me ayuda mi marido, por las tardes mis hijos y los fines de semana, los cuatro», indica. Tanto es así que no recuerda irse todos juntos de vacaciones. «Cuando salimos unos días mi marido y yo quedan ellos al frente o, al revés», explica.

Sin embargo, son de los padres que más tiempo pueden disfrutar de sus hijos. «A mí me parece que tener una granja es menos esclavo que trabajar en una oficina. Yo marco los horarios, estoy tranquila al aire libre con los animales, que es algo que me tranquiliza y me es más llevadero cargar alpacas que cumplir un horario», afirma Rocío. Sus hijos, señala, también sacan tiempo para todo. «Tienen una vida llenísima y completísima. Salen con amigos, como todos los jóvenes, pero les gusta la granja y yo puedo disfrutar de estar en familia». Su proyecto pretende ayudar a recuperar el pueblo. La mayoría de su ganado es de raza rubia gallega, aunque también tienen otras razas.

El próximo mes de enero abrirán una carnicería propia en Covelo, municipio donde no hay ninguna desde hace diez años. Ya trabajan sobre la ampliación de la granja hasta unas 25 hectáreas. «Suerte que los vecinos nos cedieron terrenos con el compromiso de mantenerlos limpios y también hemos pedido pastizales en Godóns y Maceiras», explican en la familia Pardellas.