Así motiva Francia a sus ganaderos para reducir su huella de carbono

El país vecino cuenta con un programa que asesora a cada explotación de forma individual para introducir las mejoras necesarias y que les explica que ser sostenible puede, además, mejorar sus costes de producción

Un estrecho camino lleva hasta la granja Danilo, en la bretaña francesa. A primera vista, la explotación puede no parecer gran cosa, apenas un par de construcciones en las que cría a unas 75 vacas en ordeño. Pero enseguida llama la atención la extensión de terreno que la rodea: interminables campos de un intenso color verde o recién plantados con los que se alimenta al ganado. Porque en esta granja tiene una máxima: «Producimos leche solo con lo que cultivamos en la granja», cuenta Nöel Danilo, su actual propietario. La explotación tiene otra particularidad, presume de la etiqueta Baja en Carbono, que otorga el Ministerio para la Transición Ecológica y Solar. Porque es una de las participantes en el programa francés que anima los ganaderos a reducir su huella de carbono. Un plan que incluye asesoramiento individualizado a las explotaciones y que se basa en convencerlas de que ser sostenible no es un gasto, al contrario, implica una reducción de los costes de producción.

Francia atribuye a la agricultura y silvicultura el 19 % de sus emisiones de carbono, siendo la cría de ganado la responsable del 12 % de ellas. Con esos datos en la mano, el Gobierno decidió poner en marcha, en el 2013, un proyecto bautizado como la Granja de Leche Baja en Carbono. El objetivo era guiar a los ganaderos para que redujeran sus emisiones a través de un proceso de diagnóstico individual. Cada profesional podía, de esta forma, elegir, con ayuda de expertos, las estrategias más adecuadas para implementar en sus granjas. Al mismo tiempo, se trató de convencer al sector de que ser sostenibles podía implicar un ahorro en los costes de producción. Los primeros resultados de este programa son alentadores. La huella de carbono de un litro de leche ha bajado de 1,01 kilos a 0,98 en solo tres años. Y se espera que en el 2025 se sitúe en 0.84 kilos.

Herramienta de medición

El programa comenzó con el diseño de una herramienta de diagnóstico ambiental, bautizada como CAP'2ER. Su misión era la de ayudar a evaluar la sostenibilidad de la granja con el fin de tener un punto de partida desde el que poner en marcha una serie de actuaciones que permitieran reducir su huella de carbono y, al mismo tiempo, incluir mejoras económicas. «Las granjas reciben asesoramiento, hacemos una foto de su situación y vemos qué podemos hacer», explica Jerome Pinu de la Cámara Agrícola durante un viaje para prensa organizado por la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea. Después se forma al granjero y se discuten qué medidas poner en marcha.

La iniciativa «no tiene costes para las granjas», añade. Porque esa es otra de las premisas: convencer al ganadero de que mejorar su sostenibilidad implica también mejoras económicas en su explotación, como la reducción de costes de producción, y no implica gastos. En esa primera fase participaron un total de 3.900 granjas de leche de seis regiones y se formó también a un ejercito de técnicos en la materia para asesorar a las explotaciones.

El proyecto todavía incluye otra pata, porque se han sentado las bases de la etiqueta Baja en Carbono, que permitirá a los ganaderos franceses vender créditos de carbono para que las empresas compenses sus emisiones. Será otra forma de demostrar al sector ganadero que ser sostenible puede ser muy rentable.

Granjas que producen toda la alimentación de sus animales

M. Alfonso

Samuel Danilo asumirá en unos meses el mando de esta explotación que ya presume de la etiqueta Baja en Carbono

En Francia existen actualmente 51.600 granjas de leche, que producen 23,8 billones de litros al año. Dentro de la estrategia de reducción de emisiones, se anima también a los ganaderos a producir todo el forraje que precisan para alimentar a sus animales, evitando así que se vean afectados por la subida del precio del pienso. Actualmente, el 93 % de la alimentación se produce en las propias granjas, mientras que otro 5 % viene de otras explotaciones ubicadas en el país. También se quiere reducir la dependencia de la soja.

La granja de Danilo es un claro ejemplo de autosuficiencia. Cuando Nöel se hizo cargo de ella, en 1999, tenía 58 hectáreas de terreno y 46 vacas en ordeño. Actualmente, esta explotación tiene 67 hectáreas, 34 de pastos temporales, 3 de pastos permanentes, quince de maíz y otras tantas de trigo. Además, él es el único que la trabaja, con ayuda puntual de su hijo Samuel, que en breve asumirá el control.

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