El yogur gallego se hace mayor

Marcas como Clesa se preparan para poner en el mercado envases del postre lácteo de hasta un kilo


redacción / la voz

La falta de transformación y de creación de valor añadido es citada muchas veces como uno los puntos débiles del sector lácteo gallego, en donde, por el contrario, abunda la materia prima. Si la elaboración de derivados como el yogur es una iniciativa interesante, la preparación de envases de ese producto que rompen moldes no deja de llamar la atención.

Un yogur en formato familiar -en envases de un kilo, un peso ocho veces superior al de los que habitualmente se encuentran en tiendas y en supermercados- es lo que preparan algunas marcas. No parece que la idea de envasar yogur con este formato sea fruto de una ocurrencia sino consecuencia de la observación: hay demanda, puesto que cadenas de distribución y sectores como el de la restauración lo piden.

Para esa carrera se están preparando algunas marcas radicadas en la comunidad. Clesa, por ejemplo, ha iniciado el proceso, y ya dispone de personal que trabaja con los planos del proyecto. Cómo colocar las líneas de envasado en las instalaciones que la compañía tiene en Caldas de Reis es una de las primeras decisiones que habrá que tomar. Un proyecto que lleva aparejada una inversión prevista de unos seis millones de euros, y constituye una de las estrategias incluidas en la campaña 2021-2022. De la fábrica caldense salen yogures de varias clases, y se proyecta que los envases de mayor tamaño también se implementarán en esa misma variedad.

Si la elaboración del yogur y su presentación en un envase de hasta un kilo de peso marca una nueva etapa, será ya la segunda por la que pasa en los últimos años la fábrica de Caldas de Reis. La primera tuvo lugar en el 2012, cuando las instalaciones cambiaron de propiedad, para pasar a manos de un grupo de once cooperativas. Los problemas económicos de Nueva Rumasa, que era entonces la dueña, desembocaron finalmente en la presentación de un concurso de acreedores.

Tres de esas entidades (Feiraco, Melisanto y Os Irmandiños) se unieron después y crearon Clun, y dos (Cogasar, de Sarria, y Agris, de Friol) forman parte ahora de Aira, con sede en Taboada. Hubo un momento, después de la compra, en que la Xunta, por medio de la sociedad Xesgalicia, entró en el accionariado con una parte, que las cooperativas le compraron hace meses.

 Línea ascendente

La evolución seguida en la fabricación de yogur desde aquella compra marca una línea ascendente. En el 2012, apenas se llegó a los dos millones; en el 2016 se alcanzaron los 27, y se prevé cerrar este año con 41 millones de kilos envasados, según las estimaciones de la propia compañía. La leche que se utiliza es gallega, aunque Clesa no la compra a los ganaderos sino a dos cooperativas (Clun y Aira) que forman parte del proyecto.

Esa apuesta por transformar materia prima gallega en Galicia es subrayada por José Ángel Blanco, presidente de Clun, cooperativa que lidera el proyecto. «Ao final é un proxecto do sector lácteo galego e é unha empresa que pertence aos gandeiros», dice.

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