Ellos trabajan para frenar al lobo

Usar mastines y colocar cierres son medidas que aumentan la seguridad

Gemma San Pedro protege con mastines su rebaño de cabras, en el municipio de Guntín
Gemma San Pedro protege con mastines su rebaño de cabras, en el municipio de Guntín

LUGO / LA VOZ

Enfrentarse con el lobo o con las circunstancias del animal es un reto diario para algunas personas. En algunos casos, hay que defenderse de posibles ataques a la ganadería; en otros, hay que instalar sistemas que ayuden a otros a defenderse frente al lobo. Mientras la posible consideración de este animal como especie protegida, estudiada por el Gobierno central, causa polémica política, en el campo hay ejemplos de personas que buscan eliminar o minimizar los daños del lobo.

Gemma San Pedro, que vive en Guntín, tiene una cabaña ganadera de más de 200 cabras. En su explotación hay un antes y un después, que tiene que ver con la decisión de incorporar más mastines al cuidado de los animales. Solo en el 2018, recuerda, sufrió la baja de 45 cabras, que murieron en varios ataques de lobos. Entonces decidió blindarse, hasta ir aumentando a siete los dos mastines que ya tenía.

Esta ganadera, cuyo trabajo se realiza en régimen ecológico, comenta que los mastines llegan a la explotación con dos meses. Reconoce que no pagó nada por ellos, puesto que se los fueron regalando otros ganaderos pocas semanas después de nacer. Hay perros de tres razas -cuatro son leoneses, dos son de montaña del Pirineo y otros es mastín del Pirineo-, y la convivencia entre ellos es buena. «Ten que haber un que mande», reconoce San Pedro, que comenta que ese papel corresponde a un mastín de cinco años, de la raza montaña del Pirineo.

Los animales son delicados, admite San Pedro. Ha tenido bajas porque algunos mastines enfermaron y murieron. Por otro lado, explica que no puede esperar a que se muera un perro para traer otro, puesto que se necesitan varias semanas para la adaptación a la explotación que vigilará. La alimentación también es especial: esta ganadera encarga al año dos palés de pienso que le cuestan en total, incluidos gastos de envío, unos 1.600 euros. Sin embargo, parece merecer la pena la apuesta: «Estou supertranquila», dice.

Gemma San Pedro colocó en sus fincas un cierre perimetral, dotado además de pastor eléctrico, cuando se incorporó a la actividad ganadera, y contó para ello con ayudas de la Xunta a quienes se suman a trabajos en el campo. La instalación de esos sistemas forma parte del trabajo de Laureano Parada, que se mueve por toda Galicia atendiendo encargos de propietarios individuales y de comunidades de montes.

Laureano Parada, a la derecha, ante uno de los cierres que coloca por toda Galicia
Laureano Parada, a la derecha, ante uno de los cierres que coloca por toda Galicia

En su tarea coloca cierres, que llevan estacas fabricadas con madera de pino, a una altura de 1,50 o 1,60 metros. Por abajo, a unos 20 centímetros de altura, se pone una toma de corriente. El coste de cerrar unos 400 metros puede situarse en unos 2.500 o 2.600 euros, y a esa cantidad hay que sumarle el coste de las revisiones anuales.

No obstante, subraya que una malla galvanizada como las que instala puede durar unos 25 años, mientras que las estacas aguantan tranquilamente unos 15. Sobre todo, resalta la eficacia de este método: «É a mellor maneira de controlar o lobo», dice.

«A convivencia non existe», dice un ganadero de Muras

Manuel Rodríguez, vecino de Muras, tiene 56 cabezas de ganado vacuno y ha visto reiterados ataques de lobos a sus reses: en el último, el año pasado, murieron tres reses en la zona de Silán. Explica que pidió ayuda para la colocación de un cierre y que no la logró. De todos modos, su impresión es negativa: «O lobo ten que estar no seu sitio. Hai que telo en parques naturais», dice. «A convivencia non existe», sostiene.

Newsletter Somosagro

Recibe todas las semanas la información más relevante del sector primario

Votación
2 votos
Comentarios

Ellos trabajan para frenar al lobo