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«Ao lobo non hai que exterminalo, pero tampouco hai que ter miles»

Lucía Rey
lucía rey XOVE / LA VOZ

GANADERÍA

Miguel López, ganadero de Xove de 34 años, que ha sufrido varios ataques del lobo
Miguel López, ganadero de Xove de 34 años, que ha sufrido varios ataques del lobo Pepa Losada

Andrés González y Miguel López, ganaderos de Xove, relatan su experiencia tras verse afectados por uno de los últimos ataques de ese animal al ganado, y en medio del debate sobre su protección. «É case urbano e está atacando continuamente»

10 feb 2021 . Actualizado a las 18:45 h.

A unos 300 metros del Cantábrico, en las inmediaciones de varias casas habitadas y en un lugar rodeado por carreteras secundarias. En ese punto del municipio mariñano de Xove se produjo el pasado fin de semana uno de los últimos ataques del lobo en Galicia. Un grupo de cánidos silvestres atacó a dos ponis de unos cien kilos de peso que pastaban en una finca particular cerrada con alambre. A uno lo mató y lo comió a medias; al otro lo dejó malherido, como explicaba ayer su propietario, Andrés González Vidal: «Eu teño os animais como afección, porque me gustan e porque de paso limpan un pouco as fincas, pero a xente que se dedica a isto teno cru porque agora o lobo é case urbano e está atacando continuamente. Aquí non hai fraga, só eucaliptos, e para chegar aos animais ten que cruzar as estradas, pero élle o mesmo. Nesta zona, ovellas e poldros non queda case ningún polo lobo».

La decisión del Ministerio para la Transición Ecológica de incluir al lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección (Lespre), vetando su caza en toda España, está generando una fuerte polémica en comunidades como Galicia, donde los ataques a caballos y terneros, pero también a ovejas y cabras que pacen en extensivo, son frecuentes en comarcas como A Mariña o la Costa da Morte. «Ao lobo non hai que exterminalo, pero tampouco hai que ter miles», reflexiona Miguel López Domínguez. Este joven ganadero de Xove, de 34 años, fue quien avisó a Andrés de que uno de sus ponis yacía muerto y medio comido, y de que el otro presentaba una herida grande en una pata.

«Nesa mesma finca o lobo xa me matara un poni femia en agosto do 2020, e desde aquela leveinos de alí porque tiña medo de que volvera. Pero como agora había bastante herba, e os veciños andan por alí collendo herba e verdura todos os días, pensei que fora casualidade e decidín levalos de novo para alí. Levaban dous días cando volveu o lobo», lamenta Andrés, que dio parte a la Consellería de Medio Ambiente para que técnicos acudiesen a verificar lo ocurrido y poder solicitar así unas ayudas que, según denuncian los ganaderos, tardan y son escasas. Rara vez, dicen, cubren el valor real del animal. «As axudas non pagan nada practicamente», comenta López, que es titular de una explotación en extensivo con unas 250 vacas, terneros y caballos distribuidos en fincas de lugares de Xove y Ourol. «Penso que neste momento o lobo mata máis ao pé da praia que na montaña», explica. Hace poco, el lobo le mató una ternera en Vilachá, a cien metros de las casas, y le malhirió un potro. En su opinión, cerca del mar es muy complicado, por ejemplo, tener mastines. «Na finca que teño en Ourol, chegando ao Sixto, teño tres mastíns co gando, pero á beira do mar non podes porque hai moita finca, moita casa, moita carretera...».