«Pode chocar ver a dúas mozas co tractor, pero só ata que nos ven traballar»

Magda y Sara manejan ellas solas una granja de Ternera Gallega Suprema

Estas ganaderas aseguran que el día a día en la granja engancha
Estas ganaderas aseguran que el día a día en la granja engancha

Redacción / La Voz

Sobre las tres y media de la tarde, desde Casa Losas, en la parroquia de Cubelas (Ribadeo), comienza a escucharse el ruido de un todoterreno que llega por el camino. Son Magda y Sara, dos jóvenes ganaderas que manejan una explotación de unos noventa animales —en torno a medio centenar de madres, varias novillas, tres toros (Rubio, Junior y un todavía joven Thor, como el superhéroe de Marvel) y unos cuantos terneros— en Santalla de Vilaosende. Vienen del campo, de cuidar a sus vacas rubias, limusinas o asturianas, unos animales que para ellas son de la familia. A las tres y media es a la hora en la que suelen hacer una pausa para comer. Acostumbran a llegar a casa en coche, pero alguna vez acercan el tractor, un vehículo con el que más de una vez han ido a Ribadeo o han cruzado a Asturias.

Porque estas chicas, que saben perfectamente cómo coger un toro por los cuernos, hacen todo el trabajo de la explotación. Desde atender al rebaño a ensilar o mover las alpacas de hierba. Ahora que la nueva política agraria común (PAC) busca impulsar el papel y la igualdad de la mujer en el campo, acortando la brecha de género, ellas son el ejemplo más claro de cómo las mujeres no solo son el pulmón de las explotaciones agroganaderas gallegas, sino que también pueden ser el corazón que impulsa su actividad y desarrollo. «As mulleres sempre traballaron moito nas explotacións. Moitos homes o que facían era pasear o tractor mentras elas traballaban. Aquí somos dúas mulleres», comenta Magda. Aunque, poco a poco, las cosas van cambiando en el campo. Y es que, cada vez son más las jóvenes que pasan a trabajar en la primera línea de las explotaciones. Según los datos del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), mientras que en el 2019 los hombres recibieron un 72,85 % de las ayudas directas de la PAC, las mujeres percibieron únicamente el 27,15 %. El porcentaje para las féminas dedicadas a la actividad agraria se reduce hasta un 26,34 % en el caso del acceso a los fondos de desarrollo rural.

La historia de cómo las dos chicas jóvenes, de 35 y 33 años, tomaron el timón de esta granja la resume Magda: «Estaba traballando en Xixón e por esas voltas que dá a vida quedei no paro. Entón volvín para a casa e empecei a ir con meu pai á granxa para axudarlle. Chamáronme para volver a Xixón, pero xa non quixen irme. Despois coñecín a Sara e sumouse á aventura». Porque fue Magda la que tomó el relevo en la explotación de sus padres, en la que ahora le ayuda Sara: «Ya ves, una andaluza aquí. [ríe] Pero estaba estudiando en Lugo, nos conocimos, me contó su idea y dije: venga, me apunto al carro».

Ahí están. Trabajando duro, mano a mano. Y sonriendo. Porque esté como esté el día, ellas sonríen. Y los vecinos les sonríen: «Cando empezamos animáronnos moito os veciños, niso non hai ningunha queixa. Ás veces, á xente de fóra, ou cando imos a Ribadeo, pódelle chocar ver a dúas mozas co tractor, pero toda esa sorpresa desaparece cando ven como traballamos».

Hasta este complicado 2020 que acaba de terminar para ellas no fue tan oscuro como para otros productores de Ternera Gallega Suprema: «A verdade é que non notamos tanto as baixadas de prezos, nin na recollida dos lotes de xatos. Teñen que saír antes dos dez meses da explotación e a verdade é que nolos recolleron en tempo», comentan. Más complicado lo tuvieron con dos vacas mayores que tuvieron «que mandar no camión», el vehículo que las conduce al matadero. «Foron como vaca galega, pero non deron practicamente nada por elas», dicen. Una tenía 21 años. «Non deixabamos que a montara o toro, aínda que se deixaba. Para que se fora guapa», recuerda Magda con cariño.

Porque cada vez que alguno de sus animales deja la granja, ella hace de tripas corazón. Sara, a veces, llora, pero dice que luego «cuando ayudas a nacer un ternerito y ves cómo a los diez minutos está correteando con la madre con el rabo levantado, se te olvida todo. Esto engancha. El día a día, engancha». Lo que ven en su granja es el ciclo de la vida. No lo dicen ellas porque ya lo contaban en El rey León.

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