Estacas, mallas y pastores eléctricos, una gran defensa contra el lobo

La colocación de protección en fincas es una práctica en alza

Parada, trabajando en la colocación de cierre en una finca
Parada, trabajando en la colocación de cierre en una finca

VILALBA / LA VOZ

Los cierres eléctricos con estacas y mallas parecen una forma eficaz y cada vez más demandada para protegerse de los ataques del lobo en particular y para proteger el ganado en general. En diversas comarcas de Galicia se usa el sistema, que Laureano Parada conoce bien: se dedica a ello prácticamente desde que acabó los estudios en la Escola Politécnica Superior de Lugo y trabaja tanto para particulares, comunidades de montes y organismos públicos.

Las estacas que coloca son de madera. Parada explica que por lo general trabaja con las de madera de pino, a la que se le quita la humedad y se le aplican productos químicos que le hacen durar más, aunque algunos clientes eligen las de castaño, que tiene el inconveniente de escasear a veces. Cada una mide 1,80 o dos metros de alto, y su diámetro oscila entre 7,5 y 10 centímetros. Las estacas se colocan con el martillo picador de una excavadora, poniendo una profundidad de 70 o de 80 centímetros en cada una.

El cierre se completa con mallas y con pastores eléctricos. Las que instala con más frecuencia llevan malla hasta una altura de 1,20 metros además de sendos hilos electrificados que se colocan por arriba y por abajo para que el ganado no se acerque al cierre y se elimine el riesgo de que pueda saltar por encima. Si en la finca hay vacas, el hilo inferior se instala a unos 70 centímetros sobre el suelo; si hay ovejas o cabras, a unos 40 o 50.

Por la parte inferior de fuera del cierre se coloca otro hilo electrificado, con lo que el lobo ya no escarba. Por otro lado, a una altura aproximada de 1,45 metros se instalan otros tres para impedir que salte por encima y entre en la finca. La corriente se conecta a la red eléctrica general cuando es posible; si no hay esa opción, se colocan baterías o placas solares. Si en una finca se colocan solo estacas y malla ganadera, la distancia entre cada tronco suele ser de tres o de cuatro metros; si se instala además pastor eléctrico, oscila entre cinco y ocho metros.

Además, en las fincas, a diferente distancia según la forma, se colocan unos apoyos parecidos a las porterías de algunos deportes: son dos estacas, separadas 1,80 o dos metros, más otra por encima; en diagonal entre un poste y otro, se ponen alambres. La función de esas porterías es tensar la malla que rodea la finca. Si el terreno es rectangular, se pone una cada 200 metros aproximadamente; si es cuadrado, una cada 80 o 100. Parada explica que en ayuntamientos como Meira y A Pastoriza, así como en A Mariña y en la provincia de Ourense, el sistema se ha revelado útil.

Unos cuatro mil euros y un día y medio de trabajo para la instalación en una hectárea

Si se toma como referencia una finca de una hectárea de superficie, el coste de colocar protección en una finca es de unos 4.000 euros. De todos modos, cuanto mayor sea la superficie, más bajo acaba siendo el coste, porque se trabaja por metros lineales y no por tamaño. En esa cantidad se incluyen la malla, el pastor eléctrico y las estacas, como precisa Parada. El tiempo de trabajo suele ser de día y medio.

Una empresa como la suya no fabrica nada de material, ni siquiera las estacas, que suele comprar en Galicia. El trabajo incluye todo el trabajo en la parcela salvo la limpieza y el desbroce necesarios para que se pueda colocar la protección. Esos trabajos deben ser ejecutados por el titular del terreno.

Tomando como referencia las zonas en las que suele trabajar un técnico como Parada, no es extraño encontrarse con terrenos en pendiente. Ese detalle puede encarecer un poco el precio final, ya que el acceso de la maquinaria resulta un poco más difícil.

Los clientes que encargan este tipo de protección son muy variados, pues unos conocen el sistema y hacen el pedido con bastante aproximación y otros saben menos y se dejan asesorar. Algunos lo piden ya antes de comenzar la actividad ganadera para sentirse más seguros.

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