España eleva a «alto» el riesgo de gripe aviar tras detectar 160 focos en Europa

Agricultura avisó a las comunidades para que aumenten la vigilancia


redacción

El patrón del 2017 parece estarse repitiendo porque los focos de gripe aviar detectados en Europa no dejan de crecer. Desde que el pasado 17 de octubre, las autoridades sanitarias de los Países Bajos realizaran la primera notificación de la presencia del virus de la gripe aviar H5N8 en un cisne mudo, el Ministerio de Agricultura ha contabilizado en su último informe sobre el avance de la enfermedad, publicado ayer, un total de 160 detectados en aves de corral y salvajes repartidos en Holanda, Alemania, Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. De ahí que España haya decidido seguir los pasos dados por Francia la semana pasada al elevar a «riesgo alto» el peligro de que la enfermedad traspase las fronteras españolas como había ocurrido hace tres años.

Aunque entonces el país galo se vio obligado a sacrificar tres millones de patos para detener el avance del virus, no pudo contenerlo. Acabó llegando a Cataluña, supuestamente en pollos de recría, obligando a activar los protocolos de prevención diseñados en el 2005 —cuando la alerta llegó a todo el mundo— para evitar los contactos entre aves de corral y salvajes.

Con esa lección aprendida, aunque España no ha detectado de momento ningún caso, el departamento que dirige Luis Planas informó ayer a las comunidades autónomas del riesgo que se avecina, elevando el nivel de vigilancia y de bioseguridad al que han de someterse las explotaciones avícolas para que no haya contactos entre aves domésticas de corral y las migratorias que pueden traer con ellas el virus desde los países afectados.

De ahí que entre las medidas que ahora quiere reforzar el Gobierno central está la de restringir la cría de aves de corral al aire libre, sobre todo en las municipios calificados como zona de especial riesgo en la orden publicada en el 2006. En Galicia son Cambados, O Grove, A Illa de Arousa, Meaño, Ribadumia, Sanxenxo y Vilanova de Arousa, al estar en la ruta de algunas especies migratorias.

Podrá flexibilizarse la norma, explica Agricultura en un comunicado, en aquellos casos en los que las granjas puedan asegurar que sus gallinas, pollos, patos, gansos... no entran en contacto con aves salvajes gracias a la colocación de telas pajareras u otros métodos que impidan la entrada de animales del exterior.

Desde el Ministerio dicen que la alimentación de las aves de corral deberá realizarse en interior o en un refugio al que no puedan acceder pájaros que llegan del exterior.

Además, en las zonas de especial vigilancia queda prohibida la presencia de aves de corral en zonas de concentración de animales. En Galicia, en base a la orden del 2006, son los municipios de Cariño, Dumbría, Mazaricos, Ortigueira, porto do Son, Ribeira, Vimianzo, Zas, Ribadeo, Trabada, Porqueira, Rairiz de Veiga, Sandiás, Vilar de Santos, Xinzo de Limia, A Guarda, Marín, Meis, Moaña, Poio, Pontevedra, Redondela, O Rosal, Soutomaior, Tomiño, Tui, Vilaboa y Vilagarcía de Arousa.

Mallas protectoras

La colocación de mallas protectoras a las que ahora vuelve a aludir el Ejecutivo central fue una de las medidas que ya adoptó Galicia en sus gallineros en el 2017, cuando se detectó un brote en Cataluña. También entonces se obligó a inscribir todos los gallineros de la comunidad en la Consellería de Medio Rural. Actualmente en la comunidad autónoma gallega hay registrados, en base a los datos que maneja la Consellería de Medio Rural, 6.515. En torno a la mitad están en la provincia de A Coruña, un total de 2.961.

Mientras España blinda sus explotaciones avícolas, pidiendo a la ciudadanía que colabore dando avisos en el caso de ver algún ave muerta que pudiera haber sufrido la enfermedad, Alemania y Holanda tratan de atajar los brotes.

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