Ganadero con carnicería propia

Manuel Gregorio solo despacha en sus establecimientos, uno en Vigo y otro en Cesantes, las terneras que cría con mimo en su explotación en Fornelos de Montes; y en un futuro también quiere criar cerdos


vigo / la voz

La carnicería que Manuel Gregorio abrió en Vigo hace ya casi una década es de lo que no hay. La carne de ternera rubia gallega que se despacha en su local no viene de ningún otro sitio que no sea su propia ganadería. A lo mejor en Lalín es habitual, pero para los vigueses (a pesar de que el rural sea parte de la esencia local y no muy lejos del casco urbano haya paisanos que tiene huerta y gallinas) es excepcional que el viaje entre el prado y la tienda lo controle la misma persona.

Manuel pisa poco Vigo porque su carnicería, llamada Grego (calle Pino, 14), la atiende un empleado. Él está en lo que llama su «oficina», es decir, en el campo, con sus reses, en Fornelos de Montes, aunque vive en Ponte Caldelas o como él dice, va a dormir.

Hace 15 años, aunque todavía estaba trabajando en una empresa del metal, este fornelense de 39 años ya tenía en mente dedicar su vida a la ganadería y recuerda que ya había comprado 23 vacas y un toro. Es un sector que no le era ajeno, ya que sus progenitores (y aunque su padre era cartero) tenían ganado y tanto él como su hermana crecieron en ese ambiente.

Sin embargo, Manuel quiso ir un paso más allá. «Los tratantes hacen lo que quieren con nuestra materia prima. Se llevaban un porcentaje muy grande y no veía el negocio viable, además me rondaba esa idea hace tiempo. Cuando estaban haciendo el curso de capacitación agraria me preguntaban qué quería hacer y siempre contestaba: montar una carnicería. Hay que intentar llegar al consumidor final y cerrar el círculo», justifica. En cuando tuvo la oportunidad de coger el establecimiento de una pareja que se jubilaba, decidió probar. Su mujer, que entonces trabajaba en un súper, lo dejó para atenderlo. «Creo que fue una buena idea, porque la gente valora cada vez más saber lo que come», opina. Cuando hace 5 años tuvieron un hijo, ella se retiró, pero más adelante surgió la ocasión de hacerse con otra carnicería (también llamada Grego) en la localidad redondelana de Cesantes (calle Carballiño, 89) y vuelve a estar detrás del mostrador.

El 90 % de su producción, con unas 130 cabezas de ganado, se concentra en la ganadería extensiva que se encuentra en el Monte do Suído, además de 20 cabezas más en una pequeña explotación cercana, en Vilán, «que compré a un señor que se jubilaba», cuenta. El profesional recuerda que todas sus vacas tienen nombre propio. La mayor, Paloma, tiene 17 años.

Manuel explica que sus terneros viven al aire libre, crecen tomando leche y más tarde se alimentan del pasto de sus tierras.

El criador detalla que un mes antes de sacrificarlos los mete en una cuadra y toman harina de maíz y confiesa que tiene miedo de que se angustien, así que los lleva despacio en el coche al matadero, en Pontevedra, «para que no se estresen, porque eso agarrota los músculos y luego se nota en la carne. No se puede andar a palos con los animales, como hacen muchos», argumenta. Para abastecer sus locales, eso puede ocurrir entre dos y tres veces por semana, dependiendo de la demanda.

Aunque su trabajo le apasiona, Manuel reconoce que ese es el momento peor porque conoce a las terneras desde que nacen y algunas se eligen para recriar. «A los machos ya sabes lo que les va a pasar y tienes que hacerte a la idea. Es duro. De hecho ya no los llevo al matadero el día que los sacrifican, sino el anterior. Lo hice una vez y según llegué, lo metieron en la guillotina y lo sentí caer», confiesa. Aún así afirma que «estar el campo, a tu aire, no hay dinero que lo pague. Esto no es para ganar dinero, te tiene que gustar», resume el ganadero, que no para y tiene en proyecto, para el futuro, la cría de cerdos rodeados de carballos.

Un poco de historia.

 Clientes. En su libro de registro asegura que el único tratamiento que se puede encontrar es el desparasitado anual que da a las reses. «Y nada más». El ganadero explica que no surten a muchos restaurantes, solo las hamburguesas que hacen, «con un condimento secreto y de carne 100 %», pero poco más «porque la mayoría solo quiere chuleteros y el 90 % de nuestra carne se vende en mostrador a particulares, que también quieren, y cada ternera tiene solo dos chuleteros», lamenta. De hecho, tienen lista de espera para rabo, carrilleras o hígado fresco. El resto de la carne, como pollo o cerdo, sí es de otros proveedores.

Newsletter Somosagro

Recibe todas las semanas la información más relevante del sector primario

Votación
1 votos
Comentarios

Ganadero con carnicería propia