Cuatro días para descargar 70.000 toneladas de maíz en el mayor puerto de cereal del noroeste

Los fabricantes de pienso analizan a pie de barco la materia prima que llega a Europa

Image de la descarga de un buque llegado al puerto exterior de A Coruña desde Brasil a principios de agosto
Image de la descarga de un buque llegado al puerto exterior de A Coruña desde Brasil a principios de agosto

redacción

Un desfile de camiones se atisba a lo lejos a medida que se entra en el puerto exterior de A Coruña, en punta Langosteira. Avanzan y se detienen frente a una tolva gigante en la que una grúa deja caer el maíz que va sacando del único buque atracado esa mañana en el puerto. El barco atravesó el Atlántico procedente de Brasil, cargado con 70.000 toneladas de maíz: «Nunca sabes la fecha exacta de llegada, porque todo depende de las condiciones del mar», explica Bruno Beade. Él es el director de la Asociación Gallega de Fabricantes de Alimentos Compuestos (Agafac), una entidad que engloba a 54 fábricas que producen el 96 % del pienso gallego. Ellos son unos de los principales usuarios del puerto, un muelle que camina hacia convertirse en la gran plataforma logística de cereales del oeste peninsular. De hecho, como confirman desde la autoridad portuaria, ya lo es. El año pasado el tráfico de cereales representó el 16,7 % del volumen total de mercancías, teniendo en cuenta las descargas llevadas a cabo tanto en el puerto exterior como en el interior.

Maíz acumulado en las naves de los estibadores del puerto exterior de punta Langosteira
Maíz acumulado en las naves de los estibadores del puerto exterior de punta Langosteira

El desfile de camiones continúa frente a un buque al que el peso de su carga apenas deja sobresalir el casco de las aguas. Porque 70.000 toneladas son muchas toneladas. Lo habitual es traer en torno a 20.000. «Pueden tardar entre tres o cuatro días en terminar la descarga», apunta Bruno. Al final tardaron cuatro. Desde la tolva los camiones hacen un semicírculo para dirigirse hacia la salida del puerto. Pero antes hacen una parada ante una pick up con una grúa elevada desde la que Fran toma muestras de cereal que luego deja en unas cubas. Ahí va mezclando el maíz que ha cogido de cada camión antes de analizarlo con el sistema Galis, un método que Agafac puso en marcha en el 2005 y que completa los controles que realizan los veterinarios del Ministerio de Agricultura. Es la forma de comprobar que la carga que entra en España por vía marítima cumple con todos los estándares de calidad requeridos en Europa.

Tras la recogida de muestras, los camiones ponen rumbo a las fábricas. Hay varios que han hecho ya varios viajes esta mañana. El maíz que no continúa viaje permanece almacenado en las naves que los estibadores tienen en el muelle. «Todas estas —dice Bruno señalando las naves que miran al mar— son para almacenar cereal».

La buena cosecha en España suple el hundimiento de la producción en Francia por una histórica sequía

La producción de cereal y los pastos están contra las cuerdas en Francia. La culpa es de una sequía histórica que se ha visto agravada por la ola de calor que ha azotado al país este mes de agosto. El país galo, que como recoge Efe exporta la mitad de su trigo, este año solo pondrá vender en el extranjero unas 13 millones de toneladas (frente a 21 en el 2019), con el riesgo de perder algunos clientes importantes en el Magreb y en Egipto, frente a Rusia.

La noticia podría haber caído como un jarro de agua fría en el sector agroalimentario español de no ser porque, como explica el presidente de la Asociación de Comercio de Cereales y Oleaginosas de España (Accoe), Marcos Martínez, la cosecha en España es muy buena. «Cataluña o Aragón tendrán que surtirse este año en el mercado nacional y la importación de cereal que entra por Tarragona». Galicia, en cambio, no se surte en Francia: «Usa maíz de León o lo que entra por el puerto de A Coruña».

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