El GPS quiere apuntarse a la trashumancia, pero la montaña no siempre le deja

Los ganaderos de Os Ancares han comenzado a conducir sus rebaños a los prados de los montes de León. Algunos animales llevan un collar de localización, pero hay zonas donde la falta de cobertura no permite que llegue la señal


redacción

¿Dónde estará esta mañana de primavera Alegre? ¿Y Bonita? ¿Quizá no estén lejos de Parrula? Alegre, Bonita y Parrula son tres de las 250 vacas de la quincena de ganaderos de Os Ancares de la cooperativa A Carqueixa que, como cada primavera, hacen la trashumancia desde concellos de Os Ancares como Cervantes o Navia hacia las brañas de los montes y valles la provincia de León. Alegre, Bonita y Parrula son de las pocas a las que este año les han puesto un collar con GPS para saber dónde están. Pero también para conocer su temperatura y saber que están bien. Depende de por dónde anden, sus dueños saben por medio de una aplicación cómo se encuentra cada una. Incluso trazan la ruta por la que se han ido desplazando. 

Las nuevas tecnologías coquetean con una costumbre ancestral, pero a veces la montaña no les deja. Os Ancares no es un lugar al que se adapte cualquier cosa. No todo el software vale. Y cuenta José Antonio, Palillo, que allí donde lindan sus reses, por la aldea de Campo del Agua, en Villafranca, la cobertura es caprichosa. No funciona muy bien. Se fía más de la costumbre: «Normalmente as vacas van polo mesmo camiño e despois de levalas ata alí, eu vou ver como están cada semana. Cada manada está habituada a unha zona. ¡Home!, co colar sabes onde está cada unha en cada momento», explica.

Porque las diez vacas de la manada de Palillo, igual que el toro que las acompaña, parten de la aldea de Cerredo hasta Campo del Agua, pasando por la falda del imponente Tres Obispos. Son lugares conocidos para Palillo. Lleva dieciocho años haciendo la trashumancia, un viaje serpenteante que conduce a una tierra que es un paraíso para cualquier vaca: Pastos verdes, frescos, de montaña. «Eso tamén che da liberdade para facer outros traballos nese tempo. Porque mentras as vacas están por alá, non estás pendiente de atendelas e ilas cambiando de prado por aquí», apuntan los trashumantes.

No es tan veterano, pero es una práctica que Toño, otro de los miembros de la cooperativa, no ha abandonado desde que empezó hace tres años. Parten de salen de Moreira. Tiene once animales, pero este año no usó el collarín con ninguna: «Non me deu moito tempo para poñerllo. Primeiro botámolas para Piornedo e despois xa chegou o momento de marchar». Aunque «o colar» tiene ventajas porque, como dicen, «non tés que andar buscandoas pola montaña e, ás veces, non están cerca do camiño ata onde chega o coche», pero al final continúan teniendo más efecto las chocas. Son los cencerros que permiten saber dónde está cada animal. Antes cada rebaño tenía chocas con sonido propio. Ahora muchos vienen de Navarra.

El sonido de las chocas es desde hace muchas primaveras, muchos veranos, la banda sonora de esa parte de Os Ancares. Unos montes donde estos ganaderos alquilan las brañas para que pasten libres sus vacas. Palillo no recuerda cuánto pagan por el alquiler de esas tierras. Toño tampoco lo sabe de memoria. Lo que apunta es que cuántas más vacas vayan, más barato sale. Cuestión de dividir.

La forma de manejar el ganado que tienen estos ganaderos es una fórmula tradicional que respeta el medio ambiente. Incluso le echa una mano. Porque mientras pastan, estas rumiantes que no acaban de hartarse, limpian el monte. Lo protegen del fuego. La libertad en la que se mueven, el pasto del que se alimentan y que crece en una atmósfera limpia... todos son ingredientes que explican porque la calidad de la carne de Os Ancares es la que es. Algunos de los terneros de esas vacas que hacen la trashumancia son los que forman luego los lotes que A Carqueixa distribuye en su web a cualquier punto de Galicia, o de España: «Para a web van os mellores becerros, como os que collemos nós para casa» . Palabra de trashumante. 

Los últimos trashumantes de Galicia

dolores cela
;
Los últimos trashumantes de Galicia Dieciséis ganaderos de Cervantes llevan sus vacas a los pastos que alquilan en Campo del Agua (León)

Dieciséis ganaderos de Cervantes llevan sus vacas a los pastos que alquilan en Campo del Agua (León)

Dieciséis ganaderos de Cervantes (Lugo) conducen sus vacas en una práctica transmitida de generación en generación. Entre todos alquilaron 5.000 hectáreas de terreno a una comunidad de montes en Campo del Agua, una aldea perteneciente a Villafranca del Bierzo, en León. Allí trasladan una media de 250 cabezas en primavera, que recorren caminando, como mínimo, una veintena de kilómetros, dependiendo de la zona de la que salgan de un municipio de 276 kilómetros cuadrados.

Los cuatro ganaderos de Moreira que trashuman, que fueron los primeros de la zona que decidieron, hace muchas décadas, llevar a su ganado a los pastos de la provincia limítrofe, recorrieron a pie, con 45 vacas y toros, entre el jueves y el viernes, los aproximadamente 24 kilómetros que separan la aldea de la parroquia de Donís de Campo del Agua. Lo hicieron en dos etapas por pronunciadas pendientes que no son aptas para quienes no estén acostumbrados a moverse por el monte. En la primera, de unos 9 kilómetros, llevaron las reses hasta algo más arriba de Piornedo. Al día siguiente, el viernes, completaron el viaje, con otros 15 kilómetros de continuas subidas y bajadas entre maleza, pasando por picos todavía con nieve -el grupo atravesó el Corno Maldito, a 1.860 metros de altitud- y por zonas castigadas por el fuego en el pasado otoño, en las que empieza a brotar la hierba. Invirtieron casi cinco horas en esta segunda travesía.

Seguir leyendo

Newsletter Somosagro

Recibe todas las semanas la información más relevante del sector primario

Votación
3 votos
Tags
Comentarios

El GPS quiere apuntarse a la trashumancia, pero la montaña no siempre le deja