Bruselas da la puntilla a los ganaderos al proponer reducir el consumo de carne

La recomendación, recogida en la estrategia De la granja a la mesa presentada este miércoles en Bruselas, junto Biodiversidad 2030, va acompañada del fomento de proteínas alternativas


redacción

Están de acuerdo en el objetivo de avanzar hacia una producción y consumo de alimentos más sostenible para conservar la biodiversidad promoviendo las granjas familiares que realizan un modo de producción extensivo, pero no con la forma con que el Ejecutivo europeo propone lograrlo.

Los representantes de los agricultores y ganaderos no comulgan con los tiempos que se marca la UE, ni con propuestas como la reducción del consumo de carne en favor de proteínas alternativas como la procedente de la ingesta de insectos o las de origen vegetal o marino. De hecho, dicen desde el sector primario gallego, promover esa política implicaría dar la puntilla a un sector como el cárnico al que el cierre de la hostelería para frenar al coronavirus ha asestado una fuerte estocada.

No hay que olvidar además, como apuntan desde Unións Agrarias, el papel que juegan las explotaciones cárnicas de ganado extensivo en la vertebración del territorio o en el asentamiento de población en el medio rural, sobre todo en las zonas de alta montaña. Y dejan en el aire una duda: De ir por ese camino ¿qué pasará con las ayudas de la PAC para el nuevo período, dado que en torno a un 40 % de los fondos estará vinculado a la sostenibilidad y protección del medio ambiente?.

Desde UPA no se quedaron atrás al comentar que «esa propuesta sobre reducir el consumo de carne es algo que no tiene sentido en España, donde la producción ganadera es una actividad sostenible e integrada en el territorio, con una enorme importancia socioeconómica y en muchos casos un alto valor ambiental», rebatieron desde UPA sobre la propuesta. Pidieron además que el tema sea «desterrado de inmediato de la estrategia». Y fuentes de Asaja son todavía más contundentes al decir que «se asesta un duro golpe a la agricultura europea hasta el punto de poner en cuestión la seguridad alimentaria de la UE en un momento en el que ha quedado claro la importancia del sector primario tras el problema del coronavirus».

Los objetivos

Tras varios meses de incertidumbre, fue ayer cuando los agricultores y ganaderos europeos conocieron por fin las bases de las que parten De la granja a la Mesa y Biodiversidad 2030, dos de las estrategias fundamentales del Pacto Verde con el que Bruselas pretende alcanzar en el 2050 una economía neutra en emisiones de CO2. El problema, dicen desde el sector primario, es que ambos documentos fueron formulados antes de que el mundo tuviera que enfrentarse a un enemigo diminuto: el coronavirus covid-19. Tanto agricultores como ganaderos no dejan de mirar hacia los objetivos marcados por ambos programas porque su cumplimiento influirá en la percepción de ayudas de PAC. Pero sobre todo observa con estupor la propuesta de rebajar el consumo de carne.

No sorprendieron, en cambio, porcentajes como que el 25 % de la superficie agrícola deba de estar usándose para producción ecológica dentro de diez años, que el uso de fertilizantes se recorte en al menos un 20 % para esa fecha, rebajar la utilización de fitosanitarios en un 50 % o rebajar en otro 50 % los antibióticos aplicados en ganadería o acuicultura. Esos eran índices que llevaban días circulando por los despachos de Bruselas.

De todas formas, tanto organizaciones agrarias como el propio ministro Planas coincidieron en que esos cambios no pueden hacerse de la noche a la mañana. El titular español de Agricultura pidió además al Ejecutivo comunitario una dotación de fondos ambiciosa para poder hacer frente a esos ambiciosos objetivos. Es más, apuntó que estas estrategias tendrían que haberse adoptado en el mismo momento en el que la próxima semana se hagan públicas las nuevas perspectivas financieras revisadas para el período 2021-2027 y para el Fondo de Recuperación.

La otra cara de la moneda

Más allá del asunto de la carne, la estrategia De la granja a la mesa incluye también otras propuestas que no han generado tanta crítica. Por ejemplo, que todas las zonas rurales tengan acceso a la banda ancha para el 2025 con el objetivo de impulsar la innovación digital en el sector. O que resulte obligatorio que el etiquetado recoja los aspectos nutricionales de cada producto en la parte delantera del paquete o que las empresas agroalimentarias reformulen sus productos para hacerlos más saludables con la idea de rebajar el consumo de alimentos con exceso de grasa, azúcares o sal. También hará obligatorio indicar la procedencia de algunos productos. Por no hablar de que insta a reducir el desperdicio de alimentos.

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