Feromonas para reducir el estrés de los conejos

En la facultad de Veterinaria de Lugo llevan años investigando para tratar de identificar y sistentizar estas sustancias químicas que pueden contribuir al bienestar de estos animales en las granjas y también de los que se usan como mascotas


Redacción / La Voz

Las feromonas, esas sustancias químicas naturales que producen los seres vivos y que provocan en ellos reacciones inconscientes, podrían ayudar a mejorar el bienestar de los conejos. Esa es la teoría con la que varias áreas de la facultad de Veterinaria de Lugo llevan años trabajando. Consideran que si son capaces de identificar y sintetizar esas moléculas podrán utilizarse, por ejemplo, para incrementar de forma natural la reproducción de estos animales en granjas. También, para reducir el estrés de los conejos que se adoptan como mascotas y que no siempre consiguen adaptarse a su nuevo hábitat.

Explica Pablo Sánchez, investigador del área de Anatomía de Veterinaria, que «las feromonas son unas sustancias que, en general, están muy poco estudiadas». Y eso a pesar de que tienen una gran importancia tanto entre los animales, como en los humanos. «Producen una respuesta refleja y puede condicionar la fisiología del organismo», añade. Su departamento comenzó su labor estudiando el órgano vomeronasal, «que está escondido en la nariz y es el encargado de detectar las feromonas y enviar la información al cerebro. Es muy importante, porque nos hace actuar de forma inconsciente», afirma. Es el responsable, por ejemplo, de que los conejos cuando nacen, a pesar de queni oyen ni ven y de que casi no tienen contacto con su madre, «sepan llegar hasta las mamas y tengan el reflejo de succión. Esa es una respuesta programada a las feromonas que liberala madre», argumenta. En su departamento estudiaron este órgano del conejo, porque apenas existía información sobre su desarrollo en esta especie. Sorprendentemente, resultó ser uno de los animales que más desarrollado lo tiene, y han publicado ya dos trabajos internacionales al respecto que forman parte de la tesis doctoral de Paula Villamayor.

Su teoría, ahora, es que esta investigación puede tener aplicaciones prácticas tanto en la producción en granjas, como entre los conejos que se utilizan como mascotas, porque «las feromonas pueden ayudar a apaciguar el estrés de estos animales», añade. En la investigación colaboran las áreas de Anatomía, Reproducción, Bioquímica y Genética de la facultad de Veterinaria con el objetivo de determinar, por ejemplo, si estas feromonas podrían tener también aplicaciones en la reproducción.

Su trabajo ha comenzado por identificar y sintetizar las feromonas que, de forma natural, producen los conejos.«Estamos viendo cómo las feromonas son detectadas por el órgano vomeronasal y estudiando los genes que se expresan en el vomeronasal de los conejos, por ejemplo, durante la reproducción», añade Sánchez. Este estudio genómico cuenta con el apoyo de la agrupación estratégica del Campus Terra, BioReDes, y está dirigido por el profesor Paulino Martínez. La idea es que esta investigación pueda tener varias aplicaciones. En las granjas, por ejemplo, podría contribuir a mejorar la calidad del semen en los machos o la tasa de ovulación entre las hembras de una forma totalmente natural. «Ahora, por ejemplo, está demostrado que si se junta a las hembras antes de la inseminación mejora la fertilidad. Pues eso mismo podríamos conseguirlo con las feromonas sin todos los problemas que implica el manejo de los animales», añade.

Aplicaciones para mascotas

Otra de las aplicaciones que podría tener este trabajo es que contribuiría, de una forma natural, a mejorar el bienestar de estos animales. «Se podría desarrollar una feromona antiestrés que ayude a mejorar el bienestar de los conejos», argumenta Sánchez. Y esto ya no solo afectaría a las granjas, sino también a todos aquellos conejos que son adoptados como mascotas. Explica el responsable de Anatomía que cada vez son más las personas que conviven con estos animales en sus viviendas. De hecho, son las mascotas más habituales tras perros y gatos. Pero los veterinarios se están encontrando con que, en muchos casos, los conejos no se adaptan a su nuevo hábitat y sufren problemas de estrés. Cuestión que podría quedar solucionada con las feromonas.

Además del trabajo de laboratorio, los investigadores de Veterinaria están realizando también una labor de campo. En colaboración con el grupo de Reproducción dirigido por Luis Quintela, «vamos a las granjas y vemos cómo diferentes secreciones producen respuesta en los machos y en las hembras», argumenta. Insiste en que este es un método completamente natural, pues trata de reproducir las condiciones que se dan en la naturaleza. «Es parecido a la aromaterapia, aunque funciona de forma inconsciente. Tú pones unos aromas para estar más relajado o más a gusto en casa. Esto es un poco lo mismo, pero de forma más fisiológica. Estamos usando algo que está en la naturaleza», añade. Reitera también «que no se trata de inyectar nada a los animales, solo es algo que capta del aire, que lo respira». Y que, de paso, hace que el conejo se sienta mucho mejor y más relajado.

Cuando la neurociencia es arte

rocío garcía

La estradense Paula Rodríguez gana el concurso NeuroArt con dos retoques artísticos de fotos de tejidos de conejos

¿Quién dijo que una foto de tejidos no puede ser una obra de arte?. La investigadora estradense Paula Rodríguez Villamayor y su director de tesis, Pablo Sánchez Quinteiro, han convertido la neurociencia en arte y han copado los dos premios en la categoría de imagen del concurso NeuroArt, convocado por la Sociedad Española de Neurociencia.

Paula es veterinaria y trabaja en el laboratorio de anatomía de la facultad de Veterinaria del Campus de Lugo (USC), donde prepara su tesis sobre el neurodesarrollo del sistema vomeronasal en los conejos. Traducido al cristiano, estudia el desarrollo del sistema encargado de detectar las feromonas, esas sustancias químicas tan importantes en la reproducción, las conductas o los comportamientos de los animales. En su día a día trabaja con fotos de tejidos vistos al microscopio y coloreados para distinguir los distintos componentes, como cartílago, hueso, nervios o epitelios. Lo que en el argot profesional se denominan «tinciones histológicas». Esas imágenes relevantes para los estudios tienen también, buscando más allá, un aquel artístico que Paula y Pablo han hecho aflorar.

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