Un prado virtual para las vacas

Una granja rusa us la realidad virtual para que sus animales piensen que están en el campo y produzcan más


madrid / colpisa

Los ganaderos ya no saben qué hacer para que sus vacas den cada vez más leche. Han probado a darles masajes, relajarlas con música clásica, incluso, llamarlas por su nombre. Así sienten que solo tienen ojos para ellas. Cuidan su alimentación y su estado físico. Que no engorden demasiado, que no pasen ni mucho frío ni demasiado calor y, por supuesto, que no se estresen. No hay nada como una vaca feliz para que aumente su producción de leche. Y si la realidad no lo permite, se inventa.

La tecnología actual lo hace posible y a ella han recurrido en Rusia para acabar con la sequía lechera. Las gafas o dispositivos de realidad virtual (VR) permiten vivir experiencias sumamente envolventes: sentirse como un soldado más en un videojuego bélico, estar al volante de un Ferrari o recorrer un pasaje idílico. Y si estas aplicaciones de realidad virtual son capaces de engañar al cerebro humano para que pueda vivir en mundos paralelos ¿por qué no hacerlo con las vacas? A esa conclusión han llegado los responsables de una ganadería de Moscú, que no han dudado en enfundar a sus reses con gafas de realidad virtual para hacerles creer que, en lugar de pasar sus días en una vulgar granja, pastan a sus anchas en bucólicos prados, soleados y repletos de hierba.

El ministro de Agricultura ruso ha tirado de investigaciones recientes que demuestran que las vacas con una vida más placentera, producen más, «ya que la cantidad y, a veces, la calidad de la leche mejora bastante cuando están en un ambiente más relajado», expresan desde esta administración.

«Las cancione smelódicas calman al animal a la hora de ordeñarlo» Psicólogos de la Universidad de Leicester, en Inglaterra, demostraron hace una década que en función de la música que escuchasen estos animales, los ganaderos podían rascar hasta un 3 % más de leche. Con  la canción Bridge over troubled water, de Simon & Garfunkel obtuvieron litros extras, mientras que con canciones más rockeras, como Tiger fee, de Mudapenas tuvieron impacto sobre los resultados. «A la vista está que las canciones melódicas calman al animal a la hora de ordeñarlo y es más productivo», concluyó el director del proyecto Adrian North.

Más recientemente y para satisfacer la actual demanda de este alimento, un estudio realizado por la Universidad de Newscastle sugiere a los ganaderos que bauticen a sus vacas. Están convencidos de las ventajas y han hecho los cálculos. Según estos investigadores, los animales serán capaces de producir unos 250 litros más de leche al año. «Igual que los humanos respondemos mejor a un tratamiento personal, las vacas también se sienten más felices y relajadas si se les da una atención más personalizada», afirma la autora de este trabajo, Catherine Douglas.

No hay que irse muy lejos para ver que el llamado cow comfort o bienestar de la vaca lechera funciona. Se trata de una práctica que, aunque extendida ya en algunas explotaciones españolas, alcanza su máxima expresión en la granja Priégola, en Villanueva del Pardillo (Madrid). Allí, el 80 % de las vacas dispone de camas individuales de agua o fieltro y almohadas, el ordeño se hace tres veces al día con música clásica de ambiente y los cubículos cuentan con masajeadores. Además, para evitar que la temperatura de sus animales suba y perjudique a la calidad de la leche, en verano se utilizan ventiladores y aspersores, y después de cada ordeño las vacas reciben una ducha.

A la vista de los resultados, los estudios no se equivocan. Después de varias pruebas con las gafas virtuales, los granjeros rusos apreciaron una reducción drástica de los niveles de ansiedad del animal y una mejora en el estado de ánimo del rebaño durante el experimento. Ya en una segunda fase del proyecto se podrá conocer y cuantificar cómo influye este bienestar emocional en la producción y propiedades de la leche producida en esta granja.

Uno de los mayores retos del nuevo experimento fue diseñar los contenidos con los que debían deleitarse las vacas a través de las gafas. Veterinarios y expertos en la producción audiovisual colaboraron para tener en cuenta las características estructurales del cerebro vacuno. Por ejemplo, su sentido de la vista no es exactamente como el humano. Las vacas perciben con mayor intensidad los tonos rojos y reciben una impresión más débil de los verdes y azules. Por eso, nada mejor que recurrir a la ficción para trasladarlas a un mundo ideal de extensos pastos en un día radiante de verano.

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