Arado-toupa, el arma que neutralizó a los roedores hace una década

Varios concellos de la montaña lucense enfrentaron en el 2009 una plaga de ratas-topo
parecida a la que sufren desde hace unos meses agricultores de varias zonas de Folgoso do Caurel, Triacastela, Samos, Cervantes o Pedrafita


redacción

No es la primera vez que los agricultores y ganaderos de la montaña lucense se enfrentan a la rata-topo (arvicola terrestris) que desde hace unos meses tiene en vilo a los propietarios de granjas de concellos como Folgoso do Caurel, Triacastela, Samos, Cervantes o Pedrafita. Ya hace doce años, en el 2007, en los municipios de la comarca oriental de la provincia de Lugo dieron la voz de alarma sobre una supuesta plaga. Al igual que ahora, los encargados del departamento de sanidad vegetal de la provincia tuvieron que buscar una solución, en colaboración con los afectados, para frenar el aumento de la población de esta especie endémica de roedores. No les quedó otra. Los animales campaban a sus anchas por las praderas, causando daños en los pastizales de los montes vecinales en man común, prados particulares y cultivos de huerta. Ni zorros, ni aves nocturnas, ni comadrejas —sus depredadores naturales—, podían con ellos. Juntos buscaron un remedio.

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Una invasión de ratas amenaza las ayudas de la PAC en la provincia de Lugo Una plaga de ratas afecta a zonas de Triacastela, Pedrafita, Samos y Cervantes. La proliferación de roedores también está afectando al municipio de Folgoso do Courel.

Y lo encontraron. Porque no solo colocaron cebos de forma manual, también construyeron en Meira una máquina que les permitía ser más ágiles a la hora de colocar cebos en grandes superficies. La inspiración les llegó de otros artilugios semejantes que usaban en Cantabria y Asturias para dar la batalla al roedor.

Toda aquella gesta la recuerda bien José Andrés Fernández Vázquez, quien entonces, desde su puesto en el Servizo de Explotacións Agrarias e Sanidade Vexetal de la provincia, tuvo que elaborar un informe en el que describía la situación y apuntaba cómo librar la batalla contra ellos.

Mayor atención en primavera

Su experiencia lo avala a la hora de dar consejos a los agricultores a la hora de enfrentar esta nueva contienda: Usar remolacha o patata impregnada de algún fitosanitario permitido actualmente por las autoridades competentes _la lista de productos autorizados de este tipo se actualiza periódicamente por parte de las autoridades europeas_ como cebo en las galerías subterráneas por donde se mueven los roedores o estar especialmente atentos a sus movimientos en el inicio de la primavera, cuando las toupeiras (los pequeños montículos de tierra que forman con la tierra que sacan para hacer los túneles que conforman su guarida) son algunos de los consejos que desliza. Lo hace basándose en la estrategia que usaron hace una década y que desgrana el informe. Dado que los enemigos naturales de las ratas-topo no eran capaces de controlar su población, en algunas zonas optaron por la lucha química.

Lo que hicieron fue impregnar alimentos codiciados por los roedores como la remolacha o la patata cuando un producto químico. Durante la primavera y el verano del 2009 —como recoge el documento elaborado entonces— en algunas pequeñas parcelas o áreas pendientes con bastante pedregal lo que hicieron fue destapar las toupeiras y con una cuchara sopera colocar tres o cuatro pedazos de cebo dentro del orificio que quedaba abierto.

En áreas más extensas usaron el arado-toupa. Lo usaron, por ejemplo, en un pastizal de unas 33 hectáreas donde había unas 2.000 toupeiras activas. Aquel arado, comenta Fernández, aún podría usarse. Está en el Centro de Formación e Experimentación Agraria Alta Montaña de Becerreá. Porque, como dice, aunque ahora habría que revisar qué tipo de producto podría usarse para impregnar los cebos, el método que ayudó a los ganaderos entonces podría ser la solución a un problema al que se enfrentan ahora.

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