Apuesta de futuro por la cabra gallega

Gemma Sampedro tiene en Guntín una explotación de centenares de reses en sistema ecológico


LUGO / LA VOZ

Gemma Sampedro pensó dedicarse a la cría de porco celta. Cuando ya había empezado con los preparativos, cambió de planes y sustituyó el ganado ovino por el porcino. Para explicar la decisión, dice, en broma, que se le encendió la luz. Pasados nueve años, solo se arrepiente de no haber dado antes ese paso.

En Guntín, donde lleva 25 años afincada, Gemma Sampedro es un ejemplo de apuesta firme y de futuro por la recuperación de la cabra gallega. Su explotación tiene unas 400 cabezas, incluidas las reses adultas —más de la mitad—, los animales jóvenes y los de recría. Una parte del ganado es mestizo, y otra, de raza gallega. El porcentaje de raza gallega va en aumento, porque es la que se elige para la recría.

La explotación funciona en modo ecológico, lo que supone en la práctica que los animales pasan mucho tiempo al aire libre, de donde procede su alimento, ya que Sampedro no utiliza pienso ecológico. Por un lado, dispone de una superficie total de 54 hectáreas, de las que más de 30 son usadas por las cabras. Por otro, los animales se alimentan de lo que encuentran en el monte y al aire libre en las distintas épocas del año: ahora, por ejemplo, es el momento de las bellotas, de las castañas y de las setas; en otros períodos suelen comer helechos o toxo.

Los criadores de ganado caprino, elijan el sistema convencional o el ecológico, no abundan. Gemma Sampedro admite que se trata de un animal más bien complicado, con un manejo difícil: invita a ir con ella al monte a los compradores que a veces se quejan del precio de la carne de estos animales para que vean de cerca las dificultades que dan. Por otro lado, son bastante vulnerables a los ataques de fauna salvaje.

Las cabras que cría Gemma Sampedro tienen un crecimiento más lento que otras. Su modo de vida, con muchas horas al aire libre y un movimiento casi constante, explica que su tamaño sea menor. De todos modos, explica que la cría de un cabrito que es separado de su madre poco después de nacer y que es alimentado con pienso en una explotación, en la que pasa gran parte del tiempo, no da una carne con el mismo sabor que si el animal anda mucho al aire libre y come hierba o castañas.

Igual que no abundan las explotaciones ganaderas dedicadas a las cabras, tampoco el cabrito tiene en las cartas de los restaurantes la misma presencia de otras carnes. Sampedro subraya que en Galicia se tiende dar más valor a lo que llega de fuera, aunque, por otro lado, su cabaña no ha dejado de aumentar. Afirma que unas 150 cabezas formarían una explotación ideal y que pasar de las 300 desbordaría sus planes, si bien agrega que suele encariñarse con los animales que cría.

Porco celta para preparar fincas y tener alternativa

El porco celta, que fue la primera opción de Gemma Sampedro cuando pensó en la ganadería como actividad, entrará en su actividad próximamente. Las razones de esa decisión son dos. La primera es que se trata de animales que ayudan a preparar fincas, porque comen lo que hay bajo tierra: «Deixan todo arado», dice. La segunda es que diversificar la cabaña ganadera le permitirá no depender exclusivamente de la venta de cabritos.

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