La patata también se tiñe de verde

Óscar Riveiro, agricultor de Castro de Rei,  vende dentro y fuera de Galicia el tubérculo con sello ecológico


VILALBA / LA VOZ

La Terra Chá es amplia y justamente conocida por su actividad ganadera, centrada sobre todo en el ganado vacuno de leche. Sin embargo, la agricultura también permite experiencias novedosas, como el cultivo de patatas con sello ecológico. Óscar Riveiro, en la parroquia de Outeiro (Castro de Rei), lleva cabo la tarea con resultados que estima satisfactorios.

Tiene unas diez fincas en las que cosecha patatas, aunque no es su único cultivo, pues también dedica algo de superficie a hortalizas. La producción, que este año será de unos 120.000 kilogramos, se distribuye dentro y fuera de Galicia. Riveiro explica que tiene clientes en A Coruña pero también en Madrid, en Barcelona o en Palma de Mallorca. La venta por Internet, dice, ya no es a estas alturas una novedad sino una parte indispensable de su trabajo. Los compradores son particulares, pero en algunos casos, además, se trata de agupaciones de consumidores: en esos casos, declara, los encargos pueden rebasar tranquilamente los 1.000 kilos al año. Los portes pueden encarecer el coste final, pero los que demandan grandes cantidades notan menos el aumento.

Riveiro no dudó en orientar su trabajo al sistema ecológico cuando empezó el trabajo agrario. La razón fue clara: «Ben ves as enfermidades que hai, as cousas que están pasando», dice. Por otro lado, la perspectiva económica no parecía mala sino todo lo contrario. «Víalle máis saída ca á produción convencional», afirma, aunque agregando acto seguido que su método de cultivo es más sano que otros.

El abono que utiliza procede de explotaciones de ganado vacuno. Es estiércol generado por vacas de régimen semiextensivo, y se completa con el obtenido en granjas de pollo en producción ecológico. Las patatas que cultiva son de distintas variedades, como kennebec, muy frecuente en toda Galicia, o kingsman. La semilla que compra está certificada, y el resultado final, subraya, va más allá del aspecto. Cada tubérculo que sale de sus fincas es un poco más pequeño que los que se ven habitualmente en tiendas, pero con un matiz: «Sabe a pataca, sabe distinto». Su apuesta por calidad frente a cantidad está clara: «Prefiro comer menos e bo que moito e peor». Además, detalla, los clientes también lo agradecen: «Apostei polo ecolóxico por facer algo distinto», afirma.

El sistema de cultivo le da un poco más de trabajo. Riveiro explica que si utilizase el método convencional, podría sulfatar y no necesitaría pasar el arado, para lo que hace falta un tractor. La cosecha de este año será buena, aunque el tiempo ha estado caracterizado por la irregularidad. Cuando sembró, entre mayo y junio, la temperatura era baja —«Se non hai calor, a pataca tarda en saír», recalca—, y luego vinieron semanas algo lluviosas.

En las fincas practica una alternancia. Tras dos años de patata vienen sendas cosechas dedicadas al trigo, a los nabos y a la faba verdina. Lo que no cambia de unas parcelas a otras, sean de producción ecológica o convencional, es un detalle: «As leiras grandes son mellores para traballar». sostiene Riveiro.

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