En vilo por el jabalí y por los ladrones de pastores

El robo de aparatos eléctricos para frenar la entrada de animales a los cultivos aumenta los problemas causados por la fauna salvaje en fincas de maíz


VILALBA / LA VOZ

Luchar contra el jabalí supone algún quebradero de cabeza para los ganaderos, sobre todo al final del verano y al comienzo del otoño: con el maíz ya crecido, en sus fincas pueden registrarse ataques que dejan el cereal inservible. Pero a veces, además, al contratiempo de las incursiones de la fauna salvaje se le une la de amigos de lo ajeno, que se llevan el material destinado a tener a raya a los jabalíes.

Un ejemplo de esa situación es el ganadero Agustín López, que en Xustás (Cospeito) tiene fincas sin ninguna protección tras haber sufrido dos robos del pastor eléctrico. Hace dos años, puso el primero: «Durou dous días. Leváronmo», dice. No se desanimó, por lo que decidió instalar otro, con consecuencias no muy favorables. «Durou catro ou cinco días, e o xabarín non o roubou», explica con algo de ironía. Cada instalación le supuso un gasto de unos 400 euros, y tras el segundo robo decidió no reponer el sistema de protección.

Un pastor elécrtico tiene un coste variable, pues se pueden comprar por unos 300 euros pero otros llegan a costar cerca de mil. El cobre que llevan les da interés para robos, aunque también la instalación en sí puede tener salida en el mercado negro. La potencia varía de unos a otros, ya que suele ser mayor cuanta más extensión tenga la finca en la que se colocan.   

Pero si él se cansó de colocar barreras contra los jabalíes, estos, en cambio, siguen entrando en sus terrenos y dañando la cosecha de maíz. Aunque la de este año, afirma, va un poco atrasada, la fauna salvaje ya ha empezado a entrar en sus fincas. Con 14 fincas, que suman 22 hectáreas de superficie, el maíz es elemento imprescindible para alimentar una cabaña ganadera de unas 140 reses.

Espigas tiradas

Los ataques más recientes tuvieron lugar en una parcela de hectárea y media de extensión. Los daños se notan nada más entrar en la finca, separada solo por una vía de servicio de la carretera LU-113 (Rozas-Abadín). Agustín López comenta que últimamente ha visto, casi al lado de la citada vía, jabalíes con sus crías. La presencia de los jabatos ayuda a entender los ataques: «Cando hai crías, tiran o millo pra que coman», afirma el ganadero, molesto por ver varias fincas con parte del cultivo dañado.

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