¿Cómo acceder a esos productos del campo gallego que no llegan al súper?

Los pequeños productores echan mano de distintas vías para acceder al consumidor

Cuenta Mari Luz, propietaria de una explotación de vacas cachenas ubicada en el interior de la provincia de A Coruña, que cuando tiene un ternero listo para llevar al matadero echa mano de la agenda y telefonea a sus clientes para avisarles de que pronto tendrán lotes de carne listos para comprar en la sala de despiece. «Comercializamos directamente a particulares que chegaron a nós polo boca a boca ou polo contacto que temos na web da Federación de Razas Autóctonas de Galicia (Boaga). Son xente do entorno, pero tamén veñen doutros puntos de Galicia buscar a carne», apunta esta mujer, que también cría galiña de Mos. Lo que hace es adaptarse a lo que demanda el cliente y, de ese modo, va ajustando los paquetes que los particulares han de recoger en la sala de despiece en la que envasan la carne. Porque aunque la comercialización es directa a particulares, tiene que cumplir con todos los controles sanitarios que exige la ley como matar en el matadero, bajo supervisión del veterinario, o envasar en la sala de despiece.

La vaca cachena, que cría esta mujer, al igual que la limiá, la vienesa o la frieresa son razas en peligro de extinción. Lo mismo ocurre con el porco celta, la galiña de Mos o con las cabras y ovejas galegas. Aunque cada vez son más los productores que, amparados bajo el paraguas de Boaga, crían en extensivo unos animales cuya carne cotiza al alza, no deja de ser limitado el número de canales que llegan al mercado convencional. La venta directa al consumidor, vía matadero y sala de despiece, o la distribución mediante tiendas (lo usan mucho los ganaderos que hacen queso o mermeladas, por ejemplo) o carnicerías de cercanía son algunas de las vías que usan los productores para colocar sus alimentos en el mercado. Fuentes del sector coinciden en que, en muchos casos, un pequeño productor no puede servir a la gran distribución porque la producción que tiene resulta muy limitada para mantener un compromiso comercial en el tiempo.

Con todo, la demanda creciente de productos de cercanía ha hecho que la gran distribución vaya incorporando poco a poco estos productos a sus lineales. Ocurre con cultivos de huerta de temporada, quesos, mermeladas, pan o con huevos de gallinas en libertad, aunque no en todas las tiendas de una cadena se ofrecen los mismos productos porque depende de la producción de cada lugar.

No puede ser de otro porque los animales son los que son y, además, la cría en extensivo y el respeto de los ciclos naturales de reproducción, en línea con las directrices de bienestar animal que llegan desde Bruselas, hacen que el volumen de producción sea limitado. Es la contrapartida a lograr una carne de calidad, producto de aplicar esas condiciones de cría.

«Hai que partir da base de que son razas en perigo de extinción e o modelo de produción marcao a natureza. Non é bo cambialo porque a demanda da xente pode mudar de súpeto, mentres que a natureza non se altera dun xeito tan fácil. Os produtores teñen que ir pouco a pouco, pensando no mercado de proximidade», explican fuentes de Boaga. Además, lanzan una advertencia: «Hai que ter coidado coas carnes que din que son dunha raza e logo resulta que non son. Os productores de Boaga están todos na web».

Hacia la compra de esos productos de cercanía es hacia donde caminan las nuevas tendencias de consumo más sostenible y saludable. La cuestión es que mientras la mayor parte de los pequeños ganaderos o productores artesanales están en las provincias de Ourense y Lugo (también los hay por el interior del resto de A Coruña y Pontevedra), son las urbes del Eje atlántico las que concentran el mayor número de potenciales compradores, dispuestos a pagar el precio de unos alimentos que, o bien, son producidos en ecológico, o al menos no están sometidos al método de cría industrial.

Ante este escenario, productores como Mari Luz usan diferentes métodos para llegar a su público objetivo. Lo mismo hacen los que hornean tartas de castañas, producen aceite de olivos autóctonos, cultivan la huerta, surten huevos de galiñas de Mos o Piñeiras, o hacen quesos o crían cabra y oveja. Y desde entidades como el Consello Regulador de la Agricultura Ecolóxica (Craega) demandan al mismo tiempo una mayor promoción del mercado de proximidad por parte de las administraciones como como dinamizadores de la economía local dando salida a los alimentos que producen las pequeñas explotaciones gallegas. 

Un animal para compartir

Algo parecido a lo que hace Mari Luz, pero distinto, es lo que usa Carlos Gaio, un ganadero de raza vienesa cuya explotación en ecológico está en Triacastela. No hace lotes. Solo comercializa medio ternero o entero. «Moitas veces compran un canal entre varias personas e o meten no conxelador», comenta. Cuenta también con registro de distribuidor, además de haber hecho un curso de carnicero. De ahí que de cara al futuro piense en montar su propia sala de despiece, algo que le facilitaría notablemente las cosas. «Aforraría moitos custes», dice.

Cerrar el círculo

Un paso más allá es el que ha dado Roberto Álvarez, al montar Galeguesa. Tras recuperar una finca abandonada en el concello ourensano de Celanova, comenzó a criar vacas de las razas cachena y salers. Probó primero a comercializar la carne de modo tradicional, pero tras darse cuenta de que no había una línea comercial muy desarrollada decidió explorar otras vías. De ese modo nacieron los restaurantes Galeguesa en Vigo, Ourense y Madrid. Ellos cierran el círculo. «Comercializamos todo a través dos restaurantes», cuenta Roberto por teléfono después de haber pasado la mañana en la finca.

Envíos muy caros

En Folgoso do Caurel tiene su obrador Concepción Arza, de Delicias do Souto. «Facemos tarta de castaña, bolachas de castañas do Caurel», cuenta. Aunque tienen página web capaz de enviar sus productos a cualquier parte, reconoce que «é moi caro mandalas fora porque ten que ir en frío». Su principal medio de distribución es el comercio local, donde son muchos los turistas que compran la tarta o las galletas. Ahora están pensando en ampliar el obrador y también, a un año vista, están estudiando un nuevo envase capaz de prolongar la vida de sus productos.

Directo a restaurantes

Otra fórmula común es la distribución directa a restaurantes. Es lo que hace, por ejemplo, Francisco Monasterio, presidente de Galiña de Mos. Dice que explotaciones artesanales como la suya tienen unas limitaciones de producción (solo pueden comercializar el excedente) y, por tanto, todo el género lo llevan los restaurantes de Madrid. Solo en torno a un 5 % se queda en Vilalba.

Los productos ecológicos

La cuestión es que hay gran diferencia entre pequeños o grandes distribuidores. Ocurre en el caso de los productores adscritos, por ejemplo, al Consello Regulador de agricultura Ecolóxica (Craega). Fuentes de ese organismo explican que « as necesidades duns e doutros son ben distintas». Apuntan que el empresario modesto acerca su producto al consumidor a través de mercados locales, plazas de abastos o tiendas especializadas.

Redes sociales como estrategia de márketing

Además, añaden, «baixo o paraugas do Consello, moitos participan en feiras de gran formato dirixidas ao público xeral como Biocultura que lle dan moi bos resultados. Aínda que non dispoñan de campañas de marketing ambiciosas, tamén detectamos un perfil de emprendedor novo que aproveita as vantaxes das redes sociais para promover os seus produtos. Crea comunidade sen realizar ningún desembolso e fideliza clientes».

Desde Craega también hacen un apunte relacionado con la gran distribución: «Hai cadeas que xa dispoñen de áreas específicas para alimentos ecolóxicos e, pouco a pouco, irnase sumando moitas outras». 

El consumo sostenible impulsa el emprendimiento en el rural

María Cedrón

El alza de la demanda de productos bio o de proximidad ha hecho florecer en Galicia explotaciones que fijan población en el campo. Las grandes empresas también fomentan esta tendencia

«¿Dónde puedo comprar esa verdura? El tema me interesa mucho porque solo compro alimentos orgánicos o de proximidad». Lourdes vive en A Coruña, pero es de Madrid. Aunque cree que su relación con el medio rural gallego es nula, o únicamente se limita a hacer de vez en cuando una ruta por el monte, se equivoca. Porque cada vez que se acerca a la tienda y elige una verdura cultivada en una huerta ecológica de Galicia o una carne criada en extensivo en una explotación artesanal, contribuye a frenar el abandono del campo y a estimular la economía en los concellos rurales de la comunidad. Y cada vez son más los consumidores que, como ella, se han sumado a esa tendencia.

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