El cambio climático reduce hasta un 40 % la producción de miel en Galicia

Los apicultores apuestan por la diversificación económica para hacerle frente, como la producción de enjambres, que aumenta en 3.000 euros los rendimientos por explotación sin aumentar el número de colmenas

Abejas en un panal
Abejas en un panal

Santiago de Compostela

En pleno mes de enero, el termómetro marcaba 20 grados, y las abejas no estaban en su proceso de hibernación sino fuera. Es un ejemplo más de cómo el cambio climático está afectando al sector apícola en Galicia. Los productores todavía recuerdan la helada de junio del 2018 y cómo destruyó las flores. En condiciones normales, un colmenar produce unos 25 kilos de miel, pero en los últimos tres años, ese rendimiento ha estado un 40 % por debajo. «Este tampouco vai ser un bo ano», pronostica Xurxo Domínguez, apicultor en A Limia. La clave pasa ahora por dotar al sector de las herramientas necesarias para adaptarse a estos tiempos, y en eso ha consistido el proyecto Apicambio, en el que han participado Asturias y Extremadura, con apoyo del Gobierno central, y cuyas principales conclusiones ha presentado la Asociación Sectorial Forestal Galega (Asefoga) en Santiago. 

En virtud de esta iniciativa, se han establecido cuatro indicadores que han permitido  hacer un seguimiento del impacto de algunas de las medidas de adaptación y que han demostrado su eficacia. Es el caso de iniciativas de diversificación, como la producción de enjambres, con el que se han obtenido mejoras de tres mil euros en el rendimiento por apicultor sin necesidad de aumentar el número de colmenas. Otras iniciativas como las sinergias  existentes entre la combinación de plantaciones de manzanos junto a colmenares ha incidido en un aumento de la producción de este fruto de alrededor de un 15 %, con lo que han aumentado beneficios de los apicultores.

La plantación  de plantas aromáticas cerca de los colmenares para combatir la varroa ha reducido en un 47% el índice de infestación, lo que ha mejorado la salud de estos. Con las técnicas de mejora genética se ha aumentado en un 50% la producción de enjambres. Son algunas de las conclusiones de este proyecto tras un año de trabajo para dotar a los apicultores de herramientas para combatir los efectos del cambio climático y mejorar las rentabilidad de las explotaciones.  La apicultura tiene gran presencia tanto en Galicia como en Extremadura. En la  última década las explotaciones apícolas de Galicia han crecido más de un 21%, y suman en la actualidad más de 3.000, el 80 % trabajan con criterios profesionales. «Cando falamos de diversificación non so están os enxames ou a produción de abellas raíñas para vender, senón tamén a jalea real ou o polen», explica David Sousa, apicultor.

Otra de las herramientas para combatir el cambio climático es la llamada hibernación. Es decir que las abejas puedan hibernar en naves climatizadas como alternativa a las altas temperaturas en los meses de invierno, lo cual requiere una inversión para el apicultor. «Os ciclos da abella non se están a corresponder cos da floración e iso plantexa desafíos: nun inverno forzado, na nave, a velutina non atacaría tampouco», añade Sousa.  En meses como noviembre, diciembre o enero, si el termómetro sube de 20 grados, las abejas se encuentran activas, pero tiene un problema: el desajuste de la floración hace que no tengan comida para alimentar a sus crías, y eso obliga al apicultor a acometer un gasto extra. 

El sector apícola se ha convertido también en una actividad que está a llamada a jugar un papel determinante como dinamizador económico en el interior de Galicia, especialmente en la provincia de Ourense, donde se encuntran la mitad de las setenta mil colmenas, recuerda Jacobo Feijoo, el responsable de Asefoga. Más allá de su función económica y social para crear valor y fijar población en zonas desfavorecidas, la producción de miel una enorme importancia ecológica. Las abejas llevan a cabo una de las funciones ecosistémicas más importantes de la naturaleza: la polinización. 

Día Mundial de las Abejas: Los europeos se lanzan al rescate

cristina porteiro

Hoy se celebra el día mundial de un insecto cuyas poblaciones están amenazadas por el monocultivo, los pesticidas, los fertilizantes, el desarrollo urbano, los incendios y efecto del cambio climático

Las abejas son las protagonistas de una de las escenas más conmovedoras que nos legó el cine de los 90. Muy pocos habrán aguantado el llanto con la muerte del pequeño Thomas en la película Mi Chica (1991), atacado por un enjambre de estos bichitos polinizadores cuando trataba de recuperar el anillo de su amiga Vada. Si la obra se hubiera rodado hoy, posiblemente habría que sustituir aquella colmena de abejas por un nido de voraces avispas asiáticas, una de las múltiples especies invasoras que amenazan la supervivencia de estos antófilos en Europa.

La especie lleva décadas luchando contra la aparición de nuevos depredadores naturales y, por su puesto, batallando contra viejos y poderosos enemigos como la agricultura industrial, los pesticidas, fertilizantes, el desarrollo urbano, los incendios y el cambio climático. La contienda no está siendo favorable. Según las estimaciones más optimistas de Bruselas el 9,2% de las poblaciones de abejas en Europa están en peligro de extinción.

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