Un estudio ratifica que extraer resina no frena a corto plazo el crecimiento de los pinos

M.Cedrón REDACCIÓN

FORESTAL

Bolsa de extracción de resina en una imagen de archivo
Bolsa de extracción de resina en una imagen de archivo Santi M. Amil

Investigadores de la Misión Biológica de Galicia indican en el proyecto Tappinnes que no hay indicios de que esta práctica afecte a la salud de los árboles , pero recomiendan hacer un seguimiento a más largo plazo, con una muestra mayor y con condiciones más adversas

24 feb 2026 . Actualizado a las 20:36 h.

El resinado como fuente alternativa de ingresos para los propietarios forestales es una vía que ha comenzado a explorarse en los últimos años en Galicia. Pero a diferencia de lo que ocurre en comunidades como Castilla y León con arraigada tradición resinera, los propietarios del monte en Galicia todavía se preguntan cómo afecta esta práctica al crecimiento de coníferas que fueron plantadas para la producción de madera. Porque para poder extraer esta materia prima es necesario hacer «picas» o heridas  en los árboles cada quince días. Dar respuesta a esa pregunta es el objetivo del proyecto Tappiness Desentrañar los efectos de la extracción de resina para garantizar la resiliencia y la prestación sostenible de servicios ecosistémicos en los pinares atlánticos, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y desarrollado por un grupo de investigadores de la Misión Biológica de Galicia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este estudio da continuidad a otro, Acrema, que en su día había puesto en marcha un grupo operativo suprautonómico que contaba con fondos del Ministerio de Agriultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Después de haber estudiado la reacción de los árboles ubicados en terrenos de la comunidad de montes de Tuiriz, en el concello de Ferreira de Pantón, y de Bemil, en Caldas de Reis, han observado reacciones que confirman la compatibilidad entre ambos aprovechamientos.

Rafael Zas, quien dirige el estudio en el que también han trabajado Adrián López-Villamor, Ana Cao, Roberto Touza , Luis Sampedro y Margarita Lema, describe que «hay una respuesta muy clara de los árboles, que reaccionan defendiéndose alrededor de la zona en la que se están haciendo esas picas. Su sistema inmune detecta el daño y los pinos se defienden más en esa zona, pero no pierden crecimiento, al menos de una forma estadísticamente significativa». Tampoco afecta a la reproducción, incluso puede ayudarles porque los árboles tienden a producir más semilla cuando ven una amenaza. En el estudio se indica que no hay ningún indicio, por tanto, que muestre cómo esta práctica puede afectar a la salud de los árboles en el plazo de 3-5 años. Pero esto no quiere decir que no haya que seguir la pista a los árboles estudiados, sobre todo para saber qué sucede en la copa, donde se reduce la concentración de nutrientes y defensas. De hecho se recomienda hacer el mismo seguimiento en muestras de árboles más grandes para saber los efectos a largo plazo y cuando las condiciones sean más adversas.