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Certificar un monte revaloriza su madera en torno a un 10 %

M. Cedrón REDACCIÓN

FORESTAL

PEPA LOSADA

Galicia supera el objetivo de hectáreas ordenadas marcado en el Plan Forestal gracias al aumento de cortas, las ayudas públicas, la prioridad a la hora de acceder a subvenciones y  la búsqueda de un mayor beneficio económico

08 mar 2024 . Actualizado a las 15:06 h.

La primera revisión del Plan Forestal de Galicia 2021-2040 Cara a neutralidade carbónica, aprobado inicialmente en el 2018, un año después de los grandes incendios del 2017, se había marcado como objetivo que al acabar el año que viene la comunidad debía de disponer de 380.000 hectáreas de monte ordenadas. La meta de este plan aprobado de modo definitivo en el 2021 se ha superado al contar ya con una superficie ordenada de 550.919,23 hectáreas, según los datos presentados ayer por la Consellería do Medio Rural en el Consello de la Xunta. Y todo apunta a que irá a más, al igual que la superficie que cuenta con una certificación forestal sostenible FSC o PEFC que en Galicia llega a las 681.263 hectáreas. un 19,9% de la superficie certificada por ambos organismos en toda España.

Los factores que explican ese acelerón de montes ordenados son varios: desde el aumento de las cortas a las líneas de ayudas públicas de la Consellería do Medio Rural dirigidas a la elaboración de instrumentos de ordenación o gestión forestal —en las últimas convocatorias se destinaron a ese fin unos 7,5 millones de euros—, la prioridad a la hora de acceder a otras líneas de subvención o la búsqueda de un mayor beneficio económico a la hora de comercilizar la madera que producen esas superficies. Porque, según las estimaciones de la Asociación Forestal de Galicia, la madera de un monte certificado suele pagarse en torno a un 10% más de la procedente de bosques que no lo están. Y una condición indispensable para certificar es que el monte esté ordenado. «A tonelada de eucalipto págase entre 2 e 3 euros máis, mentras que a de piñeiro entre 1,5 e 2 euros por riba do valor ao que cotizan as plantacións procedentes de montes non certificados», explican fuentes de ese colectivo.

Este es, desde luego, un incentivo para ordenar, pero es verdad que en el incremento de superficie ordenada también ha tenido que ver el hecho de que para poder cortar madera en montes de menos de 15 hectáreas, es obligatorio desde el año 2020 que estos tengan un compromiso de adhesión a alguno de los modelos silvícolas diseñados por la Consellería correspondiente. «Na propia solicitude de corta —apuntan desde la Asociación Forestal de Galicia hai que marcar a que modelo se suman».

Los montes de entre 15 y 25 hectáreas deberán contar, a su vez, con un documento de gestión, mientras que los de más de 25 hectáreas, tendrán que tener a partir de finales del 2028 un proyecto de ordenación. Los que no cuenten con él no podrán explotar comercialmente su madera. En el caso de los montes vecinales parte de los fondos que están obligados a reinvertir en el monte podrían dedicarse a la elaboración de un plan de ordenación.

Desde la Xunta recuerdan además que en el marco del Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PEPAC) se prevé una intervención destinada a «incrementar as superficies de montes ou terreos forestais ordenados, o que permitirá continuar convocando nos vindeiros anos novas ordes de axudas para a elaboración de instrumentos de ordenación e xestión forestal (IOXP).

Ordenar el monte es también un paso más de cara a la prevención de incendios. Por eso la Xunta no escatima fórmulas para incentivarla. El decreto, en fase de tramitación, que regula el nuevo contrato de gestión pública de montes vecinales o particulares por parte de la Administración prevé como requisito que los nuevos contratos que se formalicen se hagan a través de un plan de ordenación inscrito en el Rexistro Galego de Montes ordenados. Esta gestión tendrá que estar avalada, al menos, por un sistema de certificación forestal reconocido internacionalmente y validado por las correspondientes entidades de certificación.