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Alertan de la esquilma de cortezas de corcho en el Sobreiral do Arnego

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

FORESTAL

Cedida

Los vecinos se quejan de empresas que realizan cortas sin permiso en fincas

05 oct 2023 . Actualizado a las 09:49 h.

Aunque cada año se producen robos y aparecen en O Sobreiral do Arnego de Agolada alcornoques desnudos sin que sus propietarios hayan vendido el corcho, este año, dicen, «está sendo moito máis esaxerado». A Yago Tato, propietario de alcornoques en esta área protegida de la Rede Natura, lo llamó un vecino avisándole de que estaban retirando la corteza de parte de sus árboles. En la zona, vecinos comentaron que habían visto a dos personas realizando este tipo de tareas y que, incluso habían comido en una taberna de las inmediaciones. Tato hizo averiguaciones y descubrió que los trabajos los hizo una empresa de Toledo y otra de Portugal. Contactó con ellos y la que retiró la corteza de sus árboles le dijo que había sido un error y que le pagaba el corcho.

En su caso, señala que esa misma empresa había contactado con su familia para comprarle el corcho, pero no quisieron «porque teño as árbores moi coidadas, as cortizas tiñan vinte años e quería facer a corta organizando unhas xornadas formativas con centro de Lourizán». En vez de eso se encontró con una situación que no tiene vuelta atrás y que no compensa ni de lejos los 1.000 euros que cuesta el corcho.

Tanto este como otros vecinos se quejan de que esta una práctica habitual y cada vez más hay quien se aprovecha del abandono del rural y abona una pequeña parte de todo lo que se lleva. Pagan cuando los dueños reclaman, pero en muchos casos residen fuera, hay quien ni siquiera se llega a enterar, y las denuncias rara vez se producen.

Una situación que juega también a favor de los que llevan a cabo este tipo de prácticas. En las parroquias de Sesto, Brocos, Agra y Val se vieron alcornoques que aparecieron sin corteza. Habrá algunas fincas, dicen, en las que los propietarios vendieron pero en otras, no, afirman.

Tato señala que su propiedad era de su abuelo y «a veces fago extraccións para a Universidade ou para nenos e quero ter as miñas árbores a miña disposición para actividades de aprendizaxe, non en plan económico» . Y ahora aunque le queden más alcornoques «eu os teño moi coidados e esta xente ven e danlle a romper e é un desastre. Veñen correndo e as sacan. As sobreiras teñen dúas cortizas, unha que é cortiza nai que é a que está contra o que é a madeira que non se pode tocar e logo está a que se extrae. Si sacas a primeira a árbore queda desprotexida e é cando secas e apodrecen. Eles meten machetazos a destaxo». Cree que en este tipo de prácticas las empresas «xogan co talonario» y aunque paguen el corcho que extraen un 20 o un 30 % más del precio, se van a llevar una cantidad notable de material a mayores que nadie la va a reclamar.

Al actuar dos empresas, los vecinos que se den cuenta, pueden tener problemas para reclamar e identificar exactamente a la firma que actuó. Los vecinos se quejan de indefensión y de las personas que cada año se aprovechan de la situación de abandono del rural para entrar sin permiso y llevarse las cortezas de corcho de los alcornoques.

La familia de Tato, propietaria de una empresa forestal, comercializó corcho en su momento «e o que se facía de toda a vida e ir a falar cos donos e logo marcar as árbores que eran e o que non se vendía se deixaba quedar, como é normal». Dejaron de retirar el corcho en el 2003 con lo que las cortezas de sus árboles tenían 20 años y un gran grosor.