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Los caballos salvajes, guardianes de la biodiversidad en los montes gallegos

Somos Agro REDACCIÓN

FORESTAL

Un estudio advierte que un cambio en el manejo tradicional de estos équidos puede suponer un grave «problema ambiental»

02 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Los caballos salvajes, as bestas, deben cabalgar libres por los montes. Deben vivir como han hecho hasta ahora, en total libertad hasta que son reunidos dos veces al año en los curros para ser marcados en la popular rapa das bestas. Porque esa forma de manejar este ganado es la que ha permitido la conservación de hábitats donde crecen los brezales y turberas, dos de los hábitats con mayor interés en Galicia debido a su gran biodiversidad. Y cualquier cambio en ese modelo de manejo podría ser fatal para esos hábitats. Eso es lo que  concluye el artículo Changes in management shape the spatial ecology of wild ponies in relation to habitat conservation publicado en la revista Biodiversity and Conservation y firmado por Laura Lagos y Jaime Fagúndez, investigadores del grupo Biocost del Centro Interdisciplinar de Química e Bioloxía (CICA) de la Universidade da Coruña (UDC). El trabajo lanza también una advertencia: «Los caballos salvajes son un patrimonio único de Galicia muy arraigado en el entorno rural; su valor cultural, etnográfico, histórico y ecológico está directamente relacionado con la conservación de la biodiversidad». Por eso, la desaparición del sistema tradicional de manejo de las manadas «podría suponer un problema ambiental de gran magnitud». 

La toma de datos _también se utilizaron cifras del proyecto Life in Common Land, financiado por la UE, y en el que participa Deputación de Lugo y Universidades de Santiago y A Coruña_ fue realizada durante cinco años por la Serra do Xistral (Red Natura), en la provincia de Lugo,y por los montes de Sabucedo, en la de Pontevedra, donde recabó datos recogidos en el marco del proyecto del Grupo Operativo de Innovación Soluciones innovadoras para la gestión y valorización del sistema tradicional de caballos salvajes en el monte FEADER 2017/049B, cofinanciado por el Fondo Europeo Agrícola de Desenvolvemento Rural. Ahí promovieron acciones dirigidas a impulsar el buen manejo de estos caballos con las comunidades de montes.

Tras analizarlos, los investigadores concluyeron que «los espacios abiertos de las montañas de Galicia están cubiertos, en gran parte, por hábitats naturales reconocidos por la Unión Europea y su existencia y pervivencia depende de la presencia del caballo salvaje». El informe científico realizado también recuerda que el caballo salvaje es «el gran herbívoro mejor adaptado al aprovechamiento de brezales y turberas, dos de los hábitats con mayor interés por su biodiversidad en Galicia». El por qué lo explican Laura Lagos y Jaime Fagúndez: «A través de la dieta, el caballo salvaje limita el desarrollo de la vegetación y favorece que sobrevivan especies de plantas sensibles».

 Otra de las cosas que se destacan en el trabajo es que los caballos, al estar libres, disponen de zonas de campeo amplias y que apenas se solapan con las de las manadas vecinas y, por lo tanto, suponen una presión suave sobre los hábitats. Por eso, sus autores dicen que los «cambios en el manejo de los caballos salvajes que limiten su comportamiento natural pueden provocar un efecto negativo e irreversible en la biodiversidad».

El artículo de los investigadores de la UDC demuestra que cuando se pierde la forma tradicional del manejo de las bestas y se transforma hacia un sistema con mayor intervención «se afecta el uso del espacio de las manadas de caballos y, en consecuencia, a la conservación de los hábitats». Esas nuevas prácticas que pueden alterar el comportamiento de los hervíboros son desde cierres que limiten en exceso el uso de ese espacio libre, la rotación forzada para intensificar el aprovechamiento y la transformación de la vegetación natural en praderas de pasto mejoradas. 

La cuestión es que la intensificación del manejo de estos équidos en las montañas tiene unas consecuencias negativas para el entorno porque, como dicen los investigadores, «las manadas de caballos tienen mayor tamaño pero ocupan menos superficie de campeo». Además, añaden «se produce un desequilibrio en la organización espacial de las manadas, provocando un solapamiento entre ellas y aumentando la presión por herbivoría (consumo de plantas)».