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500 euros por hectárea y año: una razón para cuidar la recogida de setas

Xosé María Palacios Muruais
XOSÉ MARÍA PALACIOS LUGO / LA VOZ

FORESTAL

Las setas (en la imagen, en terrenos del municipio de O Corgo) son habituales en muchas zonas de Galicia
Las setas (en la imagen, en terrenos del municipio de O Corgo) son habituales en muchas zonas de Galicia ALBERTO LÓPEZ

Una buena silvicultura  mejora el rendimiento micológico del monte

12 jul 2021 . Actualizado a las 16:13 h.

La Galicia de la que salen leche o carne para otras comunidades autónomas es también un territorio que produce setas para consumir lejos de donde han brotado. La cultura micológica gallega, que ha crecido en las últimas décadas, aún parece algo lejos de la de comunidades como Cataluña o el País Vasco, si bien las razones para cuidar la producción parecen evidentes. Unos 500 euros anuales por hectárea es lo que pueden rentar variedades como el boletus, según precisa Antonio Rigueiro, catedrático de la Escola Politécnica Superior del campus de Lugo (USC).

La recolección de setas ha ido en aumento en los últimos años. Al mismo tiempo ha crecido el interés por la micología, como se demuestra en la jornada que se celebrará el día 28 en Lugo, organizada por un grupo nacional de gestión de los recursos micológicos (Mikogest), con participación de profesores, recolectores y empresarios. 

Beneficio

Ganancia pese a diferencia entre el precio en origen y en el mercado.

De una hectárea de monte, precisa Rigueiro, pueden obtenerse unos 100 kilos de boletus al año, lo que supone unos ingresos de unos 500 euros. Con todo, admite que hay una notable diferencia entre ese precio que se le paga al recolector (unos cinco euros por kilo) y el que abona el comprador en una ciudad de fuera de Galicia. Rigueiro subraya que «aínda con ese prezo, relativamente baixo», la recolección merece la pena; y agrega que se trata de un ingreso que puede obtenerse todos los años, sin esperar al obtenido al cortar los árboles. 

Cuidados

Los trabajos en el monte favorecen la producción micológica.

La cantidad de boletus, de níscalos o de cantarelas que crecen en una zona es mayor si se realizan determinados tratamientos silvícolas. «Hai zonas nas que a produción mellora cando non hai mato», precisa Rigueiro. Los clareos, que rebajan la densidad del arbolado, son otra medida beneficiosa para los rendimientos micológicos. La prevención de los incendios no solo favorece a las especies arbóreas sino que también ayuda a la conservación de las setas, explica Rigueiro, que agrega otra medida útil desde una perspectiva micológica: «As regas tamén axudan», dice. 

Dinamización

La unión de los productores y la creación de un sello de calidad serían convenientes.

Para superar esa diferencia entre lo que se paga al recolector y lo que se cobra al consumidor, sería conveniente, en opinión de Rigueiro, que los productores se uniesen. También apunta que debería lucharse por la obtención de un sello de calidad que recogiese el origen del producto. El catedrático de la USC recalca que las setas recogidas en Galicia tienen gran calidad. De todos modos, hay productores que están dados de alta en el Consello Regulador da Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega), lo que permite disponer de una garantía en cuanto al proceso seguido antes de la recolección.

 Rendimientos

Producciones que varían según las zonas.

Bosques con carballos y con castaños son hábitats propicios para el crecimiento de cantarelas o de boletus, que también, explica Rigueiro, se desarrollan bien en montes con pinos. De todos modos, entre unas zonas y otras hay diferencias en cuanto a presencia de variedades: así, dice el docente del Campus Terra, en O Courel abundan las cantarelas, mientras que los montes de A Fonsagrada son ricos en boletus.

 Barrera

Una mala fama tradicional que se van superando.

Pan de sapo o pan de cobra son nombres que se usaron en Galicia para designar variedades de setas, y ese detalle, sostiene Rigueiro, resulta revelador del poco aprecio que se les tenía. Son mentalidades que han ido cambiando, aunque sin haberse llegado a dar, a las setas, admite Rigueiro, el valor gastronómico y social que se les concede en otras comunidades autónomas.