Paradela realiza un censo de soutos para un polígono agroforestal pionero

Será un terreno recogido por la Ley de recuperación de la tierra agraria de Galicia para dinamizar las zonas abandonadas

Los densos espacios verdes que ocupan gran parte del territorio gallego están repletos de árboles autóctonos que fueron fuente de ingresos y que, a su vez, conforman un gran patrimonio natural. Los soutos son un ejemplo de ello, pero actualmente hay numerosas hectáreas abandonadas. Por eso surgió la Ley de recuperación de la tierra agraria de Galicia, presentada en el Parlamento en enero de este año. Esta normativa recuperará las tierras de uso agrícola abandonadas. El Concello de Paradela ya se ha puesto a trabajar para aprovechar esta oportunidad, consciente del «gran valor ecolóxico e económico» de las frondosas de su municipio. Actualmente, un grupo técnico de ingenieros forestales está realizando un censo de soutos con vistas a conformar un polígono agroforestal, una de las propuestas de la nueva ley.

¿Cómo se realiza el censo?

El primer paso está siendo añadir al Rexistro de Frondosas Autóctonas de Galicia los territorios forestales de Paradela para ubicar las zonas con castiñeiros. Una acción esencial para la conservación de las razas autóctonas, ya que una vez localizadas la intención es limpiar el terreno abandonado y así también evitar incendios. El municipio lucense es una de las entradas a la Ribeira Sacra, conformado por 437 hectáreas de Espazo Natural de Interese Local, por lo que su riqueza está protegida. El segundo paso de este censo consiste en identificar la propiedad de las tierras. El gobierno local y el grupo de técnicos está trasladando a los propietarios el nuevo uso de sus tierras, siempre y cuando ellos estén de acuerdo. «Como hai moitas terras abandonadas, para a construción do polígono ten que estar de acordo o 70% dos donos, para deixar unha marxe por se aparece alguén de sorpresa», explica el ingeniero Raúl Vilela.

¿En qué consistirá el polígono?

El polígono agroforestal será un terreno homogéneo dedicado, en este caso, al cultivo de la castaña. Estará ubicado entre las parroquias de Castro, Igón y Celmán. El Concello de Paradela prevé alcanzar las 40 hectáreas, aunque podrían aumentar. La extensión mínima es de 15 y debe estar conformada por una sola parcela, sin otras razas que la corten por el medio. De esta manera, se le ofrecerá a los vecinos de Paradela unas superficies mayores para cultivar y sacar mayor rendimiento a la vez que se crea la figura de «silvicultor activo». «Estos polígonos serán un escaparate para dinamizar as terras agrarias moitas veces abandonadas», declara Vilela. El gobierno municipal, además, se compromete a encargarse de la limpieza de los antiguos soutos con vistas también a conseguir una zona atractiva para visitar.

Los vendedores del municipio tienen que desplazarse 50 kilómetros

Los propietarios de soutos en el municipio de Paradela son alrededor de veinte, la gran mayoría por tierras heredadas de sus padres o abuelo. De estos, no todos apañan castaña y son una minoría los que las venden. Unos tres habitantes de Paradela comercializan con este fruto. Una de sus demandas para el polígono es también la creación de un punto para comprar y procesar la castaña. Actualmente tienen que desplazarse hasta Chantada o Monterroso para venderla. También se plantean la creación de una asociación y comercializarla a través de ella.

Daniel, propietario de seis hectáreas: «Espero que se coiden os castiros vellos, son parte da nosa infancia»

Daniel arregla los soutos centenarios porque pueden aprovecharse
Daniel arregla los soutos centenarios porque pueden aprovecharse

Las tardes en la ribeira de Paradela apañando castañas con la familia y los amigos y los sacos de este fruto llenando las casas ya se terminaron. Lo cuenta el vecino de San Mamede de Castro, Daniel: «cando eu era pequeño os soutos eran inmensos, teño recordos cantando entre eles pola ribeira». Él es uno de los tres vecinos de Paradela que venden castaña, tiene unas siete hectáreas y de estas unas tres son plantaciones nuevas. «Como todos», heredó las tierras de sus abuelos, de aquel momento en el que todos se dedicaban a la castaña. El bajo precio de venta de este fruto —«agora está a 1,50 euros o kilo»— y la necesidad de comenzar a plantar prados bajó a mínimos su rentabilidad, por lo que comenzaron abandonarse. Sin embargo, a pesar de que Daniel se mudó a trabajar a Barcelona lleva más de 12 años dedicándose a la castaña. Su terreno más grande suma más de 100 castiñeiros. Ahora, jubilado y de vuelta a su tierra natal, está a favor de ceder sus tierras para la construcción del polígono y que tengan mayor rentabilidad, pero espera que los técnicos no corten los castiros centenarios. Tanto por la parte sentimental como por la productiva: «Os castiros hai que limpalos, podalos e cortalos. Hai moitos que se poden recuperar e dan máis castaña e máis boa que os novos». Daniel ya ha recuperado varios de los castiros antiguos de sus terrenos. La belleza de la ribeira de Paradela para él sería merecedora de una «ruta de la castaña» si el Concello se decide a limpiar los terrenos abandonados.

¿Cómo puede un propietario forestal sacar más rentabilidad a la madera?

María Cedrón

La certificación llega a incrementar el precio de la tonelada en cinco euros

En la sección de droguería de una cadena de supermercados compiten diferentes marcas de papel higiénico. El consumidor duda, pero más allá del precio acaba decantándose por una que indica que su producto procede de bosques certificados. Su gesto marca una tendencia que toca directamente en la puerta de los propietarios forestales. Lo hace invitándoles a reflexionar sobre qué plantar y cómo gestionar sus propiedades para revalorizar su madera. Y ahí juega un papel fundamental la certificación, porque, como advierte el director de la Asociación Forestal de Galicia, Francisco Dans, «en unos diez años aquellos que no tengan certificados sus montes no tendrán quién les compre».

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