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Los polígonos cortafuegos tendrán una superficie media de 100 hectáreas

Rubén Nóvoa Pérez
Ruben novoa OURENSE

FORESTAL

Santi M. Amil

La normativa permitirá a la Xunta explotarlos si no encuentra gestores

19 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Una de las apuestas de la Consellería de Medio Rural para luchar, desde la recuperación de los montes, contra los incendios forestales da sus primeros pasos en Galicia. Amparada en la futura Ley de Recuperación de Terra Agraria de Galicia, que está en tramitación en el Parlamento, empiezan a ponerse sobre la mesa los polígonos cortafuegos en la comunidad. La Xunta anunciaba que el primero de ellos estará en el municipio ourensano de A Arnoia. Tendrá sesenta hectáreas y permitirá recuperar viñedos para que sean explotados dentro de la Denominación de Origen Ribeiro.

Inés Santé, directora xeral de Desenvolvemento Rural, explica que estas herramientas están «orientadas a minimizar el riesgo de incendios creando discontinuidades de la biomasa». Asegura que la elección de los lugares en que se ubicarán seguirán criterios técnicos y que para ello se ha puesto en marcha un equipo que está dirigido desde el Centro de Investigación Forestal de Lourizán (Pontevedra). A nadie se le escapa que para determinar la ubicación el principal criterio será el del riesgo de que se produzcan incendios forestales por el abandono de la masa forestal. Y en ese sentido, no es casual que los polígonos cortafuegos que dan sus primeros pasos estén ubicados en la provincia de Ourense. La previsión que maneja la Consellería de Medio Rural es que al anunciado de A Arnoia le sigan otros dos en zonas que recurrentemente sufren fuegos cuando llegan los meses de verano. Así, las áreas de Monterrei-Cualedro y el Xurés-Macizo Central son los próximos objetivos que se marca la administración para desarrollar esta herramienta contra el fuego.

¿Qué características tendrán estos polígonos? Inés Santé señala que cada caso se analizará en particular y que dependerá mucho de las características de cada zona. «Se plantea una superficie media de 100 hectáreas, que entendemos que es suficiente para conseguir esa ruptura en la continuidad de la biomasa», señala.