El monte recuperará sus especies, pero manteniendo el eucalipto

La Justicia entiende que este árbol, que genera a los dueños forestales unos 205 millones de euros al año, no es un invasor


redacción

Eucalipto. El eco que se produce al pronunciar el nombre de esa especie no suena igual en todos los oídos. Sus detractores lo interpretan como una amenaza por su alta capacidad para colonizar espacios abiertos, porque son más susceptibles de arder por la acumulación de sotobosque y la presencia de aceites inflamables o porque pueden llegar a alterar las propiedades del suelo. Esos son los argumentos que recogía un informe elaborado en el año 2017 por el comité científico de flora y fauna del entonces Ministerio de Medio Ambiente en el que se recomendaba incluir todas las subespecies de eucalipto en el catálogo de especies exóticas invasoras, una calificación que esta semana fue rechazada ahora por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Para sus defensores, en cambio, es una melodía llegada de las antípodas que lleva animando la economía de muchas áreas rurales durante varias décadas. Solo en el 2018, según un informe realizado por la Asociación Forestal de Galicia, más de 35.000 propietarios forestales (tanto particulares como comunidades de montes) facturaron 205 millones de euros, que se corresponden con unas cortas anuales de 5,9 millones de metros cúbicos. En la comunidad existen más de 1.800 empresas que trabajan con eucalipto, generando más de 5.500 empleos directos.

Equilibrar los criterios biológicos en los que se apoyan los primeros con los socioeconómicos que usan los segundos es uno de los retos que tiene por delante la revisión del Plan Forestal de Galicia, cuya tramitación como decreto fue aprobada esta semana por el Consello de la Xunta. Porque aunque la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid concluye que esta no existen evidencias científicas que apoyen la inclusión del eucalipto en el catálogo de especies invasoras, reconoce que ese criterio puede evolucionar.

Diseñar la partitura en la que convivan eucaliptos, pinos y frondosas no será fácil porque el 97 % del monte gallego está en manos privadas. Formación, investigación, incentivos fiscales combinados con apoyo financiero público que compensen una planificación del monte en la que se combinen los rendimientos económicos que deja el eucalipto cada 15 o 17 años con otros a más largo plazo debe ser, comentan desde el sector, las notas que suban al pentagrama de esa partitura para que el plan forestal no acabe desafinando. Dicen que es el único modo de lograr los objetivos a veinte años que se ha marcado el plan: reducir la superficie de eucalipto en un 5 % para plantar 20.000 hectáreas más de coníferas, aumentar el espacio de frondosas en 60.000 hectáreas o conseguir que los castaños pueblen otras 16.000 hectáreas de bosque en veinte años, dando un impulso a la certificación y la producción de maderas nobles de calidad con mayor valor añadido.

 

La Justicia rechaza que el eucalipto sea clasificado como una especie invasora

maruxa alfonso

El Tribunal Superior de Madrid echa por tierra la petición del Concello de Teo

«La sala no puede concluir que exista una evidencia científica de la necesidad de incluir al eucalipto en el catálogo de especies invasoras». Así de categórica se muestra la sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, en cuyas manos recayó el primero de los recursos judiciales presentado por el Concello de Teo contra la decisión del Ministerio de Agricultura de rechazar que esta especie fuera considerada como invasora. La sentencia todavía no es firme y deja abierta una puerta al futuro, pues dice que «toda cuestión es susceptible de evolucionar en un sentido u otro». Pero también deja claro que, a día de hoy, no hay evidencias científicas que determinen que el eucalipto es una planta invasora.

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